El impacto de la pandemia sigue su curso. Las consecuencias sociales y económicas que desencadena la propagación del virus se siguen desarrollando en nuestro país y en el mundo. De una crisis de salud, hacia una crisis social y económica. ¿En qué podrían aportar los trabajadores estatales en el marco de un plan centralizado para enfrentar la pandemia?

Leo Améndola TW/IG: @aladelos
Jueves 19 de marzo de 2020 13:14
La magnitud de la crisis, mientras avanza en imponer una situación mayor de “unidad nacional” entre los que gobiernan, refuerza las barreras de clase que separan a la mayoría del pueblo trabajador del pequeño grupo de empresarios, banqueros, financieras, y grandes patronales en general, que buscan que los costos sociales de esta crisis sea absorbida por los/ trabajadores/as, y resguardar sus ganancias.
El Estado, está decidido a no afectar las ganancias de quienes en el mar revuelto de la crisis social solo piensan en sostener sus ganancias y socializar las pérdidas. Si los/as trabajadores no damos una salida, será sobre nosotros que querrán descargarla.
La política de “distanciamiento social” se transformó en la clave de la iniciativa del gobierno para evitar la propagación del virus y la apelación al criterio del cuidado personal. Pero las condiciones del trabajo imponen que sean millones los que tienen que dirigirse día a día a lugares de concentración de personas, en transportes públicos abarrotados. El gobierno, además de las medidas de distanciamiento social, está concentrado en compensar a las patronales con distintos incentivos, y a aumentar seguros de desempleo, cuando se hace más necesario que nunca prohibir los despidos y las suspensiones, que sean las ganancias empresarias las que cedan.
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Mientras los y las estatales estamos cubiertos por las licencias que fueron comunicadas, la gran mayoría de la clase trabajadora, en establecimientos privados o ni siquiera registrada, tiene que seguir concurriendo a su trabajo.
A continuación algunas ideas y aportes para pensar el abordaje de la crisis:
1- La salud de los trabajadores primero. Basta de precarización en el Estado. Pase a planta permanente de todos los trabajadores que se desempeñan en el sector público
En situaciones de crisis la precariedad de nuestra vida se pone más en evidencia. En el empleo público, a miles de trabajadores/as que cumplen el mismo rol y efectúan el mismo trabajo que el resto de sus compañeros, el Estado empleador los considera trabajadores de segunda. La tercerización y la precarización laboral hoy es un arma que apunta no sólo contra quienes están en esa situación y sus familias sino hacia el conjunto social. El acceso a una salud de calidad se complica cada vez más para los monotributistas del estado que cuentan con una cobertura de obra social totalmente precaria e insuficiente. Ni siquiera la obra social de la mayoría de los estatales (UP) los reconoce. Para las trabajadoras y trabajadores de maestranza y servicios gastronómicos, la precariedad se expresa en la imposición de seguir concurriendo al lugar de trabajo, mientras los edificios del estado tienden a vaciarse producto de la cuarentena hasta el 31 de marzo.
Terminar con la precarización laboral en la Administración Pública es la forma de garantizar atención de salud de calidad, a la vez que es una garantía para que las licencias que el propio estado alienta, puedan ser usados por todos y cada uno de los trabajadores que se desempeñan en la APN, sus organismos y edificios, más allá de su situación contractual.
Como medida inmediata, se impone suspender el pago del impuesto del monotributo como una medida elemental de resguardo ante el parate de los ingresos para este sector.
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2- Comisiones de seguridad e higiene
Si bien un sector de la Administración Pública Nacional está alcanzada por las licencias o el trabajo a distancia desde los domicilios particulares, en muchos otros sectores, hay una mayor concurrencia a los lugares de trabajo. Ni hablar en los sectores que son estipulados como servicios esenciales, como el área de salud. Poner en pie comisiones de seguridad e higiene en estos sectores, como han hecho los trabajadores de la tercerizada de Aerolíneas Argentinas, GPS, es una forma de garantizar las medidas de salubridad e higiene en estos lugares, a la vez que se pueden transformar en instancias desde donde discutir e imponer si es necesario cuáles son tareas esenciales en cada sector que justifican la concurrencia al lugar de trabajo, en qué términos y bajo qué medidas específicas de cuidados, entre otras.
3- Los recursos del Estado a disposición de combatir la pandemia, no para rescatar las ganancias de las patronales.
El Ministerio de Economía y el Ministerio de desarrollo Productivo concentran muchísima información valiosa y precisa sobre el funcionamiento de la economía, los distintos sectores, ramas productivas, así como el encadenamiento” de cada uno de los sectores. También los datos sobre importaciones y exportaciones; y más en general el manejo de los datos y elaboración del presupuesto nacional. Se trata de información valiosa que manejamos los trabajadores estatales y que podrían estar puestos a disposición de una planificación racional de los recursos para enfrentar la pandemia. El dato centralizado de subsidios a las empresas, detectando cuales están usufructuando recursos que no necesitan y que solo utilizan para incrementar sus ganancias cuando deberían ponerse todos los recursos para la producción de los materiales necesarios para enfrentar la pandemia, es solo un ejemplo de cómo se podría utilizar la información con la que día a día trabajan miles de empleados públicos.
4- Estadísticas al servicio de los trabajadores y usuarios
El INDEC, y otras áreas de estadísticas en distintos organismos del Estado (cómo la subsecretaría de estudios laborales del MTEySS) tienen la capacidad de brindar datos al conjunto de la población sobre temas sensibles. En momento de crisis de abastecimiento de productos específicos, de aprovechamiento de las patronales para remarcar precios, hay multiplicidad de herramientas estadísticas que podrían ponerse en función de evitar las “avivadas” de las patronales y de denunciar los casos de desabastecimiento o “stockeo” de productos. Garantizando la salud de los trabajadores en primera medida, las tareas del sector de empleados públicos que trabajan en el terreno de la estadística, se podría volcar a mejorar la información sensible a la que accede el conjunto de la población.
En el caso de la Subsecretaría de Estudios Laborales del MTEySS, una propuesta tiende a relevar los casos de despidos luego de abierta la situación de emergencia social por el coronavirus. Está información, en manos de los sindicatos, comisiones y juntas internas, y organizaciones de trabajadores en general, son un insumo valioso para seguir peleando porque se instrumente la prohibición de los despidos y las suspensiones.
5- Nuestros sindicatos. La crisis agudiza la necesidad de la independencia política en la organización de los trabajadores. Prohibir los despidos y las suspensiones.
El carácter que está adoptando la situación, es el de una mayor centralización de las decisiones en el Poder Ejecutivo, en el marco de una política de unidad nacional donde se limitan las voces disidentes como sucedió con el veto al interbloque del Frente de Izquierda a la participación en la conferencia de prensa que realizaron los principales bloques legislativos. Hasta el momento, las centrales como la CGT y la CTA y los grandes sindicatos, como organizaciones de millones de trabajadores tendrían la capacidad de establecer una política de abordaje independiente de la crisis, se limitan a acatar la política oficial. La idea de que son los Estados y sus gobiernos “los que saben cómo resolver todo esto” desarma a los trabajadores ante las consecuencias que ya ven, como despidos parciales en los sectores más precarios, vulneración de las licencias, etc.
Si las organizaciones de trabajadores se quedan quietas ante lo que se prevé cómo una gran crisis no solo de la salud, sino de la economía, al contador de infectados por coronavirus tendremos que sumar el contador de los despedidos, los suspendidos y los que no cobran sueldos por usufructuar las licencias otorgadas por el mismo gobierno.
El piso del que deberíamos partir, como bandera de lucha de los sindicatos en este momento tan crítico es el de la prohibición de los despidos y las suspensiones. Se trata de una exigencia tanto al gobierno, como a las grandes centrales sindicales para que lo tomen en sus manos.

Leo Améndola
Trabaja en el MTEySS y es delegado de ATE-Trabajo. Miembro de Izquierda Diario y militante del PTS