A raíz de la masiva movilización se generó un debate, impulsado por las agrupaciones militantes. ¿Qué rol cumplen los varones en esta lucha? ¿Tienen que parar? ¿Pueden participar de las marchas de las mujeres?
Domingo 18 de marzo de 2018 00:00

El movimiento de mujeres crece. La adhesión al paro de mujeres y las movilizaciones año a año son más masivas. Este año el derecho al aborto se convirtió en una reclamo de cientos de miles a lo largo de todo el país. El feminismo se debate en radios y programas de tv.
Y mientras todo esto sucede, surge un debate que parece antiguo, que ya fue saldado por la experiencia histórica de las luchas de las mujeres y que fue superado incluso por las cientos de miles de mujeres que este 8M marcharon con sus amigos, hermanos, parejas e hijos.
“Que los varones no vengan a la marcha porque nos roban el protagonismo”
Este tipo de comentarios corrían por grupos de WhatsApp y redes sociales los días previos al 8M. Podemos remontarnos a otras experiencias de la historia y vamos a encontrar que allí donde las mujeres tomaron la iniciativa de la lucha y fueron vanguardia, no las aplacó (ni les robó protagonismo) ni la persecución, ni la represión estatal. Muchas veces conseguían que los varones se sumaran a su lucha y lo que lograban era conformar una fuerza imparable.
Así fue por ejemplo en la Revolución Rusa, cuando las trabajadoras textiles decidieron conmemorar el Día Internacional de las Mujeres con una huelga. Era el 8 de marzo de 1917, febrero para el calendario juliano que regía en Rusia: exigían pan, paz y la caída del Zar. Esta “chispa” que encendieron las mujeres se multiplicó. Ellas fueron a pedirles a los obreros metalúrgicos que se plegaran a la huelga y terminó convirtiéndose en una huelga general que acabó con el zarismo y abrió la puerta a un proceso revolucionario que instauró un gobierno obrero en octubre. Fue allí donde las mujeres consiguieron derechos impensados para la época, aun en las democracias más “avanzadas” de Europa. Entre ellos, el derecho al aborto.
¿Se imaginan ustedes a las rusas de hace cien años diciéndoles a los varones que no se sumen a la huelga porque les iban a quitar protagonismo? Hoy la Historia recuerda que esa gran revolución obrera, empezó el Día Internacional de las Mujeres, gracias a las desobedientes obreras textiles que se atrevieron a tomar el cielo por asalto.
“Si los varones también hacen paro, no vamos a poder visibilizar las tareas que nosotras hacemos a diario”
Otro comentario que intentaba evitar que los trabajadores varones se sumaran a la huelga. Al que hay que sumarle: “si trabajas con mujeres, el 8M ocupate vos de sus tareas”. De esta manera lo que se proponía era que los varones se convirtieran en "carneros", los que va a trabajar el día de paro y hacen el trabajo de los que están en huelga, luchando por sus reivindicaciones. Eso sí es invisibilizar la lucha de las mujeres.
¿Y todas aquellas mujeres que también querían parar y no pudieron porque si lo hacían perdían el trabajo? ¡Y son la mayoría! Porque la precarización laboral tiene cara de mujer. La exigencia de que las centrales sindicales convocaran al paro ese día estaba relacionado con que el paro pudieran hacerlo todas y todos por los derechos de las mujeres.
Para que las tareas que nos quieren hacer creer que son “naturales” para nosotras como el trabajo doméstico y el cuidado de las niñas y los niños, dejen de ser una carga que nos implica doble jornada laboral, necesitamos aliados. Porque enfrentar este aspecto del patriarcado es afectar las ganancias de los capitalistas, que se "ahorran" pagar a las familias trabajadoras por las tareas de reproducción de la vida. Lo mismo el Estado que no garantiza jardines maternales gratuitos y otros servicios que siguen recayendo como tareas gratuitas realizadas por las mujeres en sus hogares.
Ya lo había plateado Flora Tristán, la primera feminista socialista de la historia, quién en 1843 (incluso antes del Manifiesto Comunista) escribía una folleto titulado la “Unión obrera”. La lucha debía de ser de toda la clase obrera por su emancipación y los varones tenían que ser parte de la lucha por los derechos de las mujeres. “Tratad de comprender bien esto: la ley que esclaviza a la mujer y la priva de instrucción, os oprime también a vosotros, hombres proletarios”, escribía.
“Que los varones no vengan a la marcha, que ese día cumplan con nuestras tareas domésticas y vivan, aunque sea un día, lo que vivimos nosotras a diario”
Quizás muchos de los varones que viven con las mujeres que fueron a la marcha ya hacen parte del trabajo domestico diario, quizás no y esto haya servido para visibilizarlo. Pero si este era el objetivo del paro, ¿de qué nos sirve a las mujeres un día por año “castigar” a los varones con nuestras tareas?
De lo que se trata es de terminar con el trabajo doméstico, invisible, no remunerado, que recarga, sobre todo, a las mujeres trabajadoras. También la Revolución Rusa, hace 101 años, fue vanguardia en este sentido. Socializaron las tareas domésticas. Se organizaron lavanderías y comedores colectivos, jardines infantiles y escuelas públicas para que las mujeres dispusieran de su tiempo para poder estudiar, participar en política, desarrollarse como sólo habían podido hacerlo los hombres hasta ese entonces.
2018: ¿A quién le hacemos paro las mujeres?
Cuando hay paro se reconoce la fuerza de los y las que trabajan; sin ellos y sin ellas no se mueve el mundo. El #ParoInternacionalDeMujeres mostró que sin nuestra fuerza el mundo no funciona y que nuestras tareas diarias no están reconocidas.
Como en cualquier huelga o paro, en esta lucha también hay una clase social responsable de la desigualdad en la que vivimos las mujeres. El patriarcado y el capitalismo son el maridaje ideal: las mujeres organizadas cuestionamos sus beneficios, sus ganancias y su poder. Por eso, este paro no lo hacemos contra los varones como individuos, sino a la clase social que se beneficia a diario de esta situación, en Argentina y en todo el mundo.
Nuestro paro fue contra el gobierno del ajuste, contra los empresarios que se benefician pagándonos menos por ser mujeres o evitando subir los salarios para pagar por el trabajo domestico de cada familia, contra la Iglesia retrógrada que como institución se opone a nuestro derecho a decidir sobre nuestras propios cuerpos y nos condena a morir por abortos clandestinos.
Como se demostró en muchos momentos de la historia, no estamos solas. Tenemos aliados en cada compañero que también es explotado y con el que compartimos la lucha contra los despidos, el ajuste, los tarifazos. Con quienes, incluso, comprenden que esta lucha por nuestra emancipación no es sólo una "cosa de mujeres", que a ellos les cabe cuestionar sus privilegios en esta sociedad patriarcal y asumir esta lucha como propia. Paralizando la producción para que se oigan nuestros reclamos. Marchando por nuestros derechos, en nuestro día, donde las protagonistas somos las mujeres y ellos nuestros compañeros de lucha.

Ana Sanchez
Nació en la Ciudad de Buenos Aires en 1984. Docente y miembro del PTS. Colaboró con la edición de Luchadoras. Historias de mujeres que hicieron historia, de Ediciones IPS. @soyanitasanchez