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Red Internacional
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PARO DE MUJERES. 8M y 9M: Seamos miles en las calles contra el feminicidio, la violencia y la precarización

Miles de mujeres han retomado la convocatoria al 9M, expresando un profundo repudio a la violencia patriarcal. ¿Cómo han respondido las derechas y el gobierno?

Yara Villaseñor

Yara Villaseñor Socióloga y latinoamericanista - Integrante del MTS - @konvulsa

Lunes 24 de febrero de 2020

Un nuevo debate atraviesa la agenda política nacional apenas a dos semanas de la jornada del 8 de marzo (8M), día de las mujeres, donde se espera que millones salgamos a las calles en todo el mundo.

El trasfondo de este debate lo constituye la brutal situación de violencia que atravesamos en el país, que en plena cuarta transformación, mes con mes, supera los niveles históricos de homicidios dolosos y feminicidios.

De manera muy ambiciosa, en una gran operación política que también se presenta en otros países del continente, partidos de derechas vinculados a las Iglesias, con amplia trayectoria contra los derechos de las mujeres y la población LGBT, buscan montarse en las demandas del movimiento de mujeres y en la convocatoria para este 9M.

Pero, lo más importante, es lo que se está expresando masivamente en muchos centros de trabajo y de escuelas. Una voluntad de miles de mujeres de apropiarse de esta propuesta para expresar su justo descontento e indignación ante la violencia contra las mujeres.

Esto muestra que, independientemente de la maniobra de los partidos de la derecha —que se aprovechan evidentemente de la política gubernamental que no da respuesta a las demandas de las mujeres—, existe un real sentimiento de repudio y la lucha contra la violencia patriarcal puede ser el motor poderoso de una gran movilización de las mujeres, que adopte una perspectiva progresiva e independiente de los distintos partidos del régimen político.

Las derechas y su “paro”

Margarita Zavala, Denisse Dresser, el Partido Acción Nacional (PAN), intentan montarse en el llamado a este 9M #PorUnDíaSinNosotras, por supuesto, diluyendo todo aspecto combativo que significaría un verdadero paro nacional de la clase trabajadora y los sectores populares.

Incluso hubo quienes, con un claro contenido antigubernamental, presentaron esta iniciativa como una medida de protesta contra el gobierno de AMLO. A lo que Beatriz Gutiérrez Muller —repudiando el paro nacional— y el propio Morena tuvieron que responder con el hashtag con #UnDíaConNosotras.

No podemos obviar que las derechas vinculadas a los grandes empresarios tienen una lectura correcta de la potencialidad del movimiento de mujeres, e intentan posicionarse como “aliados” de nuestra lucha para expropiarla, pero desde un feminismo liberal que representa los intereses de ricos y poderosos, que nada tienen que ver con la gran mayoría de las mujeres.

Por eso ni su convocatoria a “paro” ni su programa contemplan ninguna medida radical (anticapitalista), pues son sectores del régimen que ocultan la génesis capitalista de la violencia patriarcal. Jamás cuestionarán el carácter de clase del estado ni de la violencia.

Ambos partidos ven en el movimiento de mujeres la posibilidad de recomponerse, intentando posicionarse como “alternativas” para nuestras demandas en tanto que son precisamente las demandas sobre los derechos de las mujeres y la violencia feminicida las que más cuestionamiento han abierto a la 4T y al gobierno de AMLO.

Pero evitar que el movimiento de mujeres se desarrolle y profundice su cuestionamiento al régimen y al gobierno mismo es fundamental garantizar su supervivencia, ya que los partidos de derechas, como el PRI y el PAN, vienen atravesando una profunda crisis política derivada de la frustración que tras sus gobiernos llevó a millones “hartos de lo mismo” a votar por “una transformación”.

No olvidamos que el PRI, PAN y PRD, y respectivos aliados, son los principales responsables de las políticas neoliberales y de la militarización del país, ambos factores fundamentales para explicar el incremento alarmante de la violencia y expresión concreta de la subordinación al imperialismo estadounidense, con la que el Morena ha demostrado no querer confrontarse.

En el caso del PRI y el PAN, también son los que han impulsado la penalización del aborto en varios estados, provocando que miles de mujeres mueran bajo condiciones insalubres y otras tantas sean encarceladas por decidir sobre sus cuerpos.

El movimiento de mujeres preocupa al gobierno

En redes sociales ha habido un apoyo incalculable al 9M. Sobre lo cual distintas universidades en todo el país, dependencias públicas, empresarios y políticos se "sumaron" a la iniciativa, o prometieron que no habrá sanciones para quienes de su puesto de trabajo.

Para no quedar enfrentado a la cuestionadora marea feminista, el Morena ha buscado responder a una convocatoria que, como pocas veces, se ha instalado aceleradamente, no sin dejar claro que su intención es hacer lo posible porque el movimiento no desarrolle aspectos combativos, es decir, evitar que este 9M se convierta en una verdadera jornada de paro nacional.

Es claro que AMLO no esperaba este fenómeno y que no le agrada que sus opositores burgueses puedan capitalizarlo. En sus “mañaneras” ha puesto en cuestión el apoyo al “paro”, alertando de que los conservadores “ya se volvieron feministas”. Con esto, intenta también desmovilizar a sectores de su base que simpatizan con el paro y las demandas de las mujeres.

A pesar de todo, la molestia del presidente es insuficiente para evitar que su partido se sume a la carrera y contenga el malestar de las feministas del Morena, que ya no encuentran cómo justificar sus desatinados comentarios ni explicar por qué su partido promete mucho sobre los derechos de las mujeres, pero ni siquiera ha otorgado el derecho al aborto —dado su moralismo evangelista y su alianza con partidos reaccionarios como el PES.

Tampoco ha logrado disminuir la violencia feminicida; cómo hacerlo, si mantiene la militarización y su máximo referente opina que es una crisis de valores.

Evidentemente algo está cambiando en México, y el movimiento de mujeres ha demostrado la fuerza que tiene para imponer agenda. Pero ¿cómo superar las fuerzas que buscan actuar sobre el movimiento para capitalizarlo al servicio de los grandes empresarios y el régimen?

Paralicemos los centros de trabajo en una gran acción combativa e independiente del gobierno y las derechas

La nueva oleada de lucha de clases a nivel internacional ha recreado la idea de la huelga y el paro. Hace 4 años las feministas estadounidenses instalaron con el llamado al Paro Internacional de Mujeres, que planteaba la posibilidad de que millones de nosotras, el proletariado, paralizáramos al mundo.

Hoy, en Francia, las mujeres y los hombres de la clase trabajadora atraviesan su cuarto mes de huelga —la más larga desde 1968— contra la Reforma de Jubilaciones de Macron, paralizando el transporte, escuelas y hospitales, y poniendo al gobierno francés contra las cuerdas. Una gran demostración de la potencialidad de un paro que paralice los sectores estratégicos de la producción, las telecomunicaciones y el transporte.

En México, por un lado, el sector educativo y el maquilador han venido incrementando, los últimos años, el número de paros y huelgas por demandas económicas, marcando una tendencia a recuperar estos métodos de la clase obrera para enfrentar a la patronal. Por otro lado, ha sido testigo de la emergencia de un movimiento de mujeres pluriclasista, que repudia la violencia patriarcal pero aun no voltea a ver a su principal aliada, la clase trabajadora.

Para acabar con el feminicidio y la violencia es fundamental que el movimiento de mujeres, en particular las más jóvenes, reconozca el carácter de clase del Estado y el papel que el patriarcado juega en la estructura capitalista, que aprovecha la opresión que éste justifica para descargar su explotación doblemente sobre las mujeres trabajadoras.

Integrar la lucha contra la precarización como una de las reivindicaciones centrales del movimiento de mujeres, permitiría forjar la unidad con el conjunto de las y los trabajadores del campo y la ciudad, quiénes podemos paralizarlo todo.

Si el movimiento de mujeres, con las trabajadoras al frente, logra apropiarse de la convocatoria del paro del 9M en cada centro de trabajo y estudio, podría ser una jornada histórica. Hay que gritar fuerte al gobierno y a la patronal ¡Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras!

Desde Pan y Rosas consideramos que impulsar un verdadero paro combativo e independiente de las instituciones y partidos del Estado, así como del gobierno, debe estar sustentado, en primer lugar, en la paralización de la producción impulsada por los grandes sindicatos y centrales sindicales del país.

Pues un verdadero paro nacional debe contar con el músculo de la clase trabajadora, con lxs más de un millón de maestrxs del SNTE, con lxs telefonistas de toda la república (STRM), con el conjunto de trabajadorxs de la educación, como los sindicatos de la UNAM, la UAM, Chapingo, etc., todos sindicatos con una base trabajadora mayoritariamente femenil, cuyas direcciones -así como las de todas las centrales sindicales del país-, deben convocar al paro, poniendo todos sus esfuerzos al servicio de preparar esta jornada.

Sólo un paro combativo e independiente del gobierno y los partidos del Congreso, organizado desde la base e impuesto a las direcciones charras puede demostrar que estamos dispuestas a todo para obtener nuestro derecho al aborto, condiciones dignas de trabajo, el respeto a la vida y a la naturaleza, y porque no haya ni un feminicidio más.

Es ese hartazgo frente a unas condiciones de vida inhumanas, el asco que deberíamos sentir de quienes hablan de nuestra miseria pero nunca la han experimentado, el que puede convertir estas jornadas de movilización del 8 y el 9 de marzo en un acontecimiento histórico.