Hace 28 años, entre el 15 y el 16 de junio de 1987, la Central Nacional de Inteligencia (CNI) asesinó a sangre fría a 12 integrantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, buscando desarticular a esa organización.
Natalia Cruces Santiago de Chile
Lunes 15 de junio de 2015
Foto: www.archivochile.com
La CNI estuvo durante meses siguiendo a militantes del FPMR, logrando identificar una reunión de la organización que tendría lugar en junio del año 1987, tras decenas de detenciones, tortura y obtención de datos. Entre los responsables de la acción represiva y asesina estuvieron Álvaro Corbalán y Hugo Salas Wenzel, los que contaron con el apoyo de militares, carabineros e investigaciones.
Según consta en distintas investigaciones judiciales y los testimonios de algunos sobrevivientes y testigos de los hechos, la mañana del 15 de junio Ignacio Recaredo Valenzuela comienza a ser seguido tras salir de su hogar, hasta que finalmente fue asesinado al medio día en la comuna de Las Condes cerca de la casa de su madre, tras recibir una serie de disparos. Según declararon años después agentes de la CNI, se le puso un arma cargada y una granada para hacer parecer su muerte como un enfrentamiento y se inventaron declaraciones de testigos para indicar que hubo enfrentamiento.
Durante la tarde, Patricio Acosta salía de su hogar y fue inmediatamente seguido por agentes de la CNI, también se le disparó a mansalva y quedó herido, sin embargo le volvieron a disparar hasta que murió. Según testigos y agentes de la CNI, se le disparó en la cabeza y con ráfagas de metralleta, otros agentes culpan a Francisco Zuñiga. También a Acosta le habrían puesto un arma en la mano para inventar un supuesto enfrentamiento.
En la noche, la CNI llegó hasta una casa ubicada en la calle Varas Mena 417 para realizar un allanamiento, en la que se encontraban casi 12 personas del FPMR. La casa pertenecía a Cecilia Valdés y ella estaba con su hijo de dos años. Una vez que la CNI ataca la vivienda, los militantes comienzan a defenderse para permitir que el resto escape, cae herido Juan Waldemar Henríquez, el que es asesinado en el lugar –y su cuerpo dejado toda la noche en la calle tirado -y Wilson Henríquez, que según testigos fue fusilado, encontrándose cerca de 21 herida de bala en su cuerpo, luego de ser golpeado durante varios minutos. Cerca de diez militantes del Frente logaron huir aunque uno de ellos estaba herido, en el transcurso de minutos u horas varios de ellos fueron capturados, como Cecilia Valdés –que estaba con su hijo de dos años-, Santiago Montenegro y Héctor Figueroa Gómez.
Cecilia contaría años después que la llevaron a una esquina donde fue golpeada y amenazada de muerte. Otro militante recuerda cómo se escapó por varios techos y patios de casas vecinas hasta que fue capturado por Carabineros. Ambos estuvieron presos durante varios años.
Paralelamente los agentes represivos de la dictadura –en un número cercano a los cien- rodean dúplex 213, del block 33 de la Villa Olímpica, en Ñuñoa, en el que se encontraba Julio Guerra Olivares. Era cerca de la medianoche cuando ingresan y disparan varios tiros a Julio, quedando moribundo hasta que fue asesinado, su cuerpo se encontró con balazos en los ojos. También se le puso una pistola que era de carabineros.
Finalmente, en la calle Pedro Donoso 582 de Conchalí fueron ultimadas otras siete personas, que estaban detenidos por la CNI: José Valenzuela Levi, Esther Cabrera Hinojosa, Ricardo Rivera Silva, Ricardo Silva Soto, Manuel Valencia Calderón, Elizabeth Escobar Mondaca y Patricia Quiroz Nilo, quiénes habían sido detenidos algunas horas antes. La orden la habría dado Salas Wenzel. Acá se armó un verdadero operativo en colusión con periodistas y prensa para hacer parecer un falso enfrentamiento, testigos y vecinos cuentan que los detenidos fueron ingresados vendados y amarrados, momentos más tarde se escuchó un grito diciendo que estaban rodeados y que se rindieran, mientras eran asesinados; algunos de ellos tenían 16 disparos en el cuerpo.
Paralelamente muchas casas de los familiares fueron allanadas y sus pertenencias destruidas, mientras los agentes asesinos y responsables “festejaban” en un asado.
Uno de los agentes de la CNI y responsable de los asesinatos, fue encontrado muerto en 1991, supuestamente se suicidó. La fiscalía militar que investigaba el caso –una más de las herencias de la dictadura – dictó sobreseimiento de la causa el 3 de abril 1996. Un año después la Corte Suprema rechaza el sobreseimiento, en 1999 se procesa a Hugo Salas; en 2002 el ministro Dolmestch acusó a 18 ex agentes de la CNI por los crímenes de la Operación Albania. Además de Salas Wenzel, se acusó a Hugo Salas Wenzel, Álvaro Corbalán, Iván Quiroz, Kranz Bauer, Rodrigo Pérez Martínez
y Jorge Vargas Bories y a inicios de 2005 se dictó la primera sentencia: perpetua para Salas Wenzel, 15 años a Corvalán, 10 años a Quiroz, mientras otros quedaron libres, generando un fuerte repudio en familiares y organizaciones de derechos humanos; más tarde otros ex agentes sumarían también condena.
Las responsabilidades no son solo individuales, sino también la dictadura, que impuso el terror, los asesinatos, la tortura, la muerte, el exilio y los relegamientos durante 17 años. La misma dictadura con la que la Concertación pactó la transición y que se basó en la mantención de casi todas las políticas económicas, laborales, sociales que se impusieron en esos años, incluyendo la idea de la justicia en la medida de lo posible y la impunidad.