Un 5 de febrero de 1919, la Barcelona fabril se quedaba sin electricidad. Había comenzado la gran Huelga de La Canadiense, cuyo paro detenía las industrias y oscurecía la ciudad. Después de 44 días, los trabajadores vencían conquistando la jornada laboral de 8 horas.
Miércoles 10 de febrero de 2016
A 101 años de aquella histórica huelga, las chimeneas de La Canadiense aún se yerguen en el número 49 de la barcelonesa Avenida del Paralelo. Son lo que queda de la desmantelada Barcelona Traction, Light and Power Company, instalada en 1911 con capital canadiense, lo que acabaría convirtiéndose en su sobrenombre. Esta fábrica fue el epicentro de una de las mayores luchas que sucedieron en Barcelona en los años más convulsos de la Rosa de foc (Rosa de fuego), apodo que se ganó Barcelona por la conflictividad social de sus calles.
La huelga empezó con el despido de ocho trabajadores, al descubrirse su afiliación a la CNT, sindicato que había nacido en Barcelona en 1910 y que alcanzará los casi 750.000 afiliados en 1919. Tras el despido, el resto de la plantilla se declaran en huelga por la readmisión, recibiendo como respuesta de la patronal el despido de 140 de ellos.
El contenido de la huelga no era ya exclusivamente laboral, sino que el reconocimiento de los sindicatos se convirtió en uno de los principales motivos de la misma, ya que quienes se organizaban eran sistemáticamente despedidos en muchas ocasiones, cuando no asesinados por la policía o las agrupaciones de pistoleros de la patronal.
La huelga se extendió a la otra fábrica que suministraba electricidad a Barcelona, la Eléctrica de Catalunya, de capital alemán. El paro en ambas fábricas dejaba sin suministro eléctrico a una gran parte de la ciudad y al 70% de la industria catalana. Así, la huelga se hizo general.
La huelga prosigue y la organización de los obreros se hace más sofisticada, impulsando una caja de resistencia que recaudó 50.000 pesetas de la época para sostener la lucha, destacando la solidaridad de las obreras del textil y los ferroviarios, también en huelga desde que el suministro fue cortado. También consiguen aplicar el control de la información sobre la huelga, secuestrando los bandos gubernamentales que anunciaban un falso final de la huelga en los diarios de la burguesía.
El 1 de marzo, por orden del Conde de Romanones, el Gobierno incauta las fábricas, tratando de restablecer la producción con efectivos de la Armada, pero estos son convencidos por los obreros y se niegan también a ser esquiroles. En esta situación, un nuevo bando gubernamental asegura que habrá pena de 4 años de prisión para quien no se presente en su puesto de trabajo el 6 de marzo. La represión no tarda en llegar y ese día 3.000 obreros son encarcelados en el Castillo de Montjuïc.
Esto aviva aún más la ira obrera, tras aguantar un mes de huelga sufriendo la represión, por lo que la conflictividad en la ciudad aumenta hasta tal punto que el 9 de marzo el gobernador militar de Catalunya, Joaquín Milans del Bosch, declara el estado de guerra para tratar de controlar la situación.
Sin embargo, la combatividad y organización del proletariado barcelonés es superior, y el gobierno teme que la huelga se extienda a otras ciudades y que la UGT se solidarice. Una semana después, el Subsecretario de la Presidencia, José Morote, será enviado a Barcelona para reunirse con el Comité de Huelga, aceptando sus exigencias.
Así, la huelga se desconvocó ante 20.000 obreros en un mitin en la plaza de toros de Las Arenas, tras la intervención del dirigente obrero Salvador Seguí, conocido como el Noi del Sucre, que sería asesinado cuatro años después por un pistolero de la patronal.
A cambio del final de la huelga, se consigue la libertad de los presos, la readmisión de todo huelguista sin represalias, aumento general y proporcional de los salarios de los obreros de La Canadiense, el pago de la mitad del mes que se estuvo en huelga y la jornada máxima de ocho horas, aplicada el 3 de abril a nivel estatal, siendo esta última conquista por la que será especialmente recordada la huelga de la Canadiense.
Sin embargo, ni la patronal ni los obreros descansarán tras el fin de la huelga. Cinco huelguistas aún quedaban presos en Montjuïc, por lo que se volverá a la huelga por su liberación el 23 de marzo mientras el ejército ocupaba Barcelona y permitía el asesinato de sindicalistas sin juzgar mediante la aplicación de la Ley de Fugas. En diciembre la patronal catalana intentará aplicar un cierre de fábricas a 150.000 obreros hasta que no entreguen sus carnets de la CNT, sin éxito.
Esta huelga está ligada al auge y consolidación del sindicalismo y de la CNT especialmente, en una época de profunda crisis orgánica de la burguesía española, que intentaría resolver con la implantación de la dictadura de Primo de Rivera en 1923.
Los ecos de la Revolución de Octubre y la Revolución Alemana llegaron hasta el Estado Español, con hitos como las revueltas campesinas en Andalucía, o la Huelga General Revolucionaria de 1917 que se saldó con más de 70 muertos y 2.000 detenidos tras paralizar el país y hacer caer el gobierno.
Esos años, conocidos como el Trienio Bolchevique (1918-1921), serán auténticos años de plomo marcados por los continuos enfrentamientos entre policías y sicarios patronales y pistoleros anarquistas. Pero la lección para los trabajadores no será el terrorismo individual, sino el desarrollo de los sindicatos y métodos de lucha de los que la huelga de la Canadiense fue escuela, como paralizar la electricidad, tal como sucederá en Zaragoza en 1920 en otra huelga victoriosa.
A los huelguistas de la Canadiense, que enfrentaron la represión al nivel de estado de guerra y vencieron, no sólo tenemos que agradecerles importantes lecciones de combatividad y solidaridad, sino también conseguir la jornada laboral de ocho horas que…¿no seguiría siendo una mejora para cada vez más trabajadores hoy en día?
La histórica demanda del movimiento obrero de la jornada laboral 8 horas se consiguió en 1919 con dura lucha. Sin embargo, aún tiene que ser peleada y defendida frente a una explotación y precariedad laboral cada vez más brutal. Ahora contamos con las lecciones de estas experiencias clave para el movimiento obrero, como la caja de resistencia, tal y como levantan ahora Correscales los combativos técnicos de Movistar, al mismo tiempo siguen luchando los trabajadores de TMB.
Después de 101 años, Barcelona vuelve a ser testigo de luchas obreras, como las que trazaron y siguen trazando su historia, contra la explotación y la precariedad que oprime a las masas obreras de todo el mundo.
Vídeo de Spanish Revolution sobre la huelga de la Canadiense.

Jorge Remacha
Nació en Zaragoza en 1996. Historiador y docente de Educación Secundaria. Milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español.