Siempre es bueno recordar experiencias de lucha y organización que permiten reflexionar e incidir respecto a qué tipo de educación queremos, más aún en un contexto de reimpulso del movimiento estudiantil y criminalización por parte de las autoridades.
Miércoles 15 de junio de 2016
En un contexto de aumento de las movilizaciones estudiantiles, de intensificación del debate educacional, con miles de estudiantes en las calles, en asambleas, jornadas reflexivas, paros y tomas; se hace fundamental destacar experiencias de años anteriores, extraer lecciones y utilizar estas para pensar el presente. Más aún cuando el Gobierno, autoridades, Iglesia, y sectores políticos, impulsan una campaña criminalizadora para deslegitimar a todo el movimiento estudiantil, utilizando los destrozos que quedaron tras la toma del Internado Nacional Barros Arana (INBA) para golpear, principalmente, a los secundarios.
Respecto a lo anterior, si bien, destrozar establecimientos educacionales no es un método correcto, en ningún caso, y no ayuda a “conquistar” ni a ganar sectores amplios de la población a favor de las demandas estudiantiles; lo cierto es que las autoridades se basan en este hecho en particular para hacerle política en contra a todo el movimiento estudiantil, como también a sus métodos de lucha como son las tomas y paros. De este modo, y basándose en lo ocurrido en el INBA, las autoridades emprendieron una ofensiva para deslegitimar la “toma” como acción, argumentando que “siempre ocurre lo mismo” o que “los estudiantes son delincuentes”. ¿Es así, realmente? ¿”Destrozos” ocurren en las tomas estudiantiles?
La toma del Liceo A-90 y la experiencia de autogestión
Hace ya cinco años, en el Liceo Luis Galecio Corvera o también conocido como Liceo A-90, comuna de San Miguel, se desarrolló un proceso de organización entre alumnos, profesores y apoderados, estamentos que en concreto gestionaron el establecimiento educacional, en plena lucha estudiantil.
El 13 de junio de 2011, el establecimiento educacional fue tomado por sus estudiantes, como parte de la lucha nacional que emprendió el conjunto del movimiento estudiantil. El Liceo era pobre y pequeño, como tantos otros en el país, y sus estudiantes decidieron movilizarse no sólo por demandas nacionales- como la gratuidad en la educación- sino también por exigencias internas como la renuncia de la Directora y el Inspector General (autoridades que trataron mal a estudiantes), quedando vetados de la toma estudiantil.
Así se fue desarrollando un proceso de organización que tuvo su punto más profundo en septiembre de 2011, cuando profesores, estudiantes y apoderados decidieron gestionar el establecimiento y comenzar a dar clases, sin la presencia de autoridades e inspectores. En los hechos, estos tres estamentos dirigieron el colegio durante tres meses, dando paso a la reflexión sobre la educación impuesta por este sistema, las asignaturas establecidas por el MINEDUC, las relaciones al interior de las instituciones educacionales, entre otros aspectos que hacen a la vida escolar.
En la toma del Liceo A-90 fueron los estudiantes, profesores y apoderados los que decidían en conjunto qué educación implementar; se impulsaron una serie de talleres y asignaturas: talleres de break dance, fotografía, análisis de la constitución de 1980, entre otros. Los temas de convivencia se organizaron en base a comisiones tristamentales, los estudiantes iban con ropa de calle y los horarios se hicieron más reducidos. Cuando tocaba una movilización estudiantil, el colegio paralizaba y los tres estamentos salían a marchar unidos.
Lo que ocurrió en el Liceo A-90 también pasó en otros establecimientos educacionales, por ejemplo, en el Colegio República Dominicana de La Florida, y demuestra que es posible levantar otro tipo de educación y de otra manera. Estudiantes, apoderados y trabajadores de la educación, organizándose, pueden perfectamente poner a funcionar un colegio, sin los directivos ni autoridades que representan los intereses de los sostenedores o de políticos empresariales que sacan suculentas ganancias a través de la educación.
El “A-90” demostró que los estudiantes lejos de querer hacer “destrozos” o “delinquir”, quieren tener la oportunidad de educarse, y también quieren decidir sobre qué tipo de educación necesitan. Claramente, este ejemplo de “toma” no es destacado por ningún medio de prensa tradicional, pues darle cabida a experiencias que ponen en jaque a la educación de mercado y su funcionamiento, no es parte de sus objetivos. Tampoco cuentan que en las tomas y paros a lo largo del país, los estudiantes desarrollan diversas actividades como jornadas reflexivas, talleres de formación y de las asignaturas que tienen, iniciativas deportivas, sociales y culturales como obras de teatro, debates, entre otras.
Pese a que el Liceo A-90 fue cerrado por el alcalde PS, Palestro, la experiencia que vivieron apoderados, profesores y estudiantes marcó un precedente y un ejemplo a seguir para el movimiento estudiantil. La demanda de educación gratuita para todos se conquistará mediante lucha y movilización de estudiantes junto a los trabajadores, no por voluntad del Gobierno; los aliados de los estudiantes son los profesores y trabajadores de la educación, junto a los apoderados; y la educación puede perfectamente ser pensada y dirigida por dichos sectores, sin las autoridades que avalan la educación como un bien de consumo y no como un derecho universal.