Este año, la ley de Educación Sexual Integral (ESI) N° 26.150 cumplirá 10 años desde su promulgación.
Jueves 5 de mayo de 2016
La ley, elaborada y aprobada durante el gobierno kirchnerista, permite a los docentes de establecimientos educativos públicos y privados de todo el territorio nacional trabajar contenidos pedagógicos sobre educación sexual integral.
Si bien implica un progreso en cuanto al enfoque tradicional de la educación sexual, ya que aborda este tema desde una perspectiva de género, al mismo tiempo da un guiño a la Iglesia Católica y diferentes cultos religiosos.
Así, en su artículo 5° dice: “la comunidad educativa incluirá en el proceso de elaboración de su proyecto institucional, la adaptación de las propuestas a su realidad sociocultural, en el marco del respeto a su ideario institucional y a las convicciones de sus miembros “. Este artículo es la llave para que la ley no esté implementada en muchos colegios.
Resulta contradictorio que un Estado laico, como el nuestro, permita que instituciones religiosas tengan la facultad de influir sobre los contenidos educativos.
Los estudiantes de las escuelas de cultos religiosos son educados bajo una concepción de sexualidad biologicista, donde la práctica sexual solo se realiza con fines reproductivos y la anticoncepción no está contemplada. Bajo esta visión la infancia no tiene sexualidad, sino que la misma comienza en la adolescencia con la capacidad reproductiva.
En las escuelas de gestión pública la situación no es muy diferente. Si bien la ley da cuenta de todos los mecanismos a través de los cuales el Estado puede y se compromete a garantizar la ESI (equipos de orientación, formación docente, acompañamiento familiar, supervisión, etc.) diez años después es el mismo Estado el que incumple la Ley, limitando el derecho de los niños y las niñas a recibir una educación sexual integral de calidad.
Asimismo, vemos que, frente a leyes promulgadas posteriormente, como la ley de Identidad de Género, la ESI no contemploó ningún tipo de modificaciones, invisibilizando, por ejemplo, a la infancia trans.
La escuela, la infancia y la sexualidad
La escuela, como institución social, es producto de procesos sociales que han surgido respondiendo a necesidades concretas de los Estados, en momentos exactos del desarrollo histórico, variando de acuerdo a las circunstancias del contexto socioeconómico.
El Estado utiliza a la escuela como medio para moldear en valores y moral a los futuros ciudadanos. Según Antonio Gramsci “el Estado moderno se convierte en “educador”, en instrumento de “unidad intelectual y moral”, a través de las cuales no sólo se domina sino también se gobierna a la sociedad”.
Vivimos en una sociedad mayoritariamente heterosexual que sostiene los privilegios de género y de clase. Es decir, que la binaridad hombre/ mujer en el Estado está presente y las instituciones lo reproducen de manera constante y permanente.
En el ámbito escolar; los niños y las niñas son divididos constantemente en varones y mujeres: en el deporte, en el juego y en las filas de formación. Y cualquiera que salga de esta norma es castigado o castigada verbalmente y expuesto o expuesta al ridículo por “haberse equivocado de fila”.
Estos ejemplos muestran la falta de formación crítica que aún existe entre docenes y directivos. El Estado es responsable ya que debería garantizar las herramientas y espacios para la formación de la comunidad educativa.
La escuela como herramienta de orden y disciplina
Dentro del aula castiga a los varones que se portan mal sentándolos con las nenas que se portan bien, definiendo así la conducta de cada estereotipo: “niño malo y niña buena”. Los roles que son asignados en las escuelas, en la sociedad, en la familia, también son expresión de la binaridad.
Cuando una institución legitima algo tan simple como la división biológica de los niños y las niñas no está siendo más que excluyente y discriminatoria con aquellos que se auto-perciben con una identidad que no se corresponde con su biología.
Es así que la escuela pasa a ser un lugar de opresión, donde los niños y las niñas son sometidos a las voluntades adultas y obligados a cumplir un rol pasivo incluso en su propia construcción subjetiva e identitaria.
El psicólogo y pedagogo revolucionario Lev Vigotsky h1ace hincapié en que las particularidades psicofisiológicas del niño y de la niña aparecen como un defecto para él mismo o ella misma indirectamente, como consecuencia de las relaciones sociales escolares, el niño o la niña auto perciben su conducta como desviada a partir de su experiencia social. Los niños y las niñas construyen su identidad individual a partir de las relaciones sociales que los circunden. Si desde la escuela queremos formar sujetos autónomos y con capacidad de decisión propia, es necesario comenzar desde muy tempranas edades a reconocer el derecho a voz e identidad de ellos mismos.
Como docentes debemos reflexionar en primer lugar sobre las prácticas que reproducimos cotidianamente, para esto es preciso generar instancias de debates y discusión en las escuelas. Estos espacios se deberán generar dentro de la jornada laboral y con el apoyo de Equipos interdisciplinarios que asesoren y orienten a la comunidad educativa.
Solo de esta manera se estará garantizando la implementación de la Ley en términos de prácticas sociales y no solo como lineamiento curricular.
Pero esencialmente estaremos en mejores condiciones para dejar de reproducir imposiciones de un sistema machista que solo busca perpetuar su poder, a través de sus valores y su moral.