Miércoles 8 de octubre de 2014
El sistema educativo nacional se viene acomodando a transformaciones no menores del sistema productivo. Y podríamos decir que este movimiento continúa. Principalmente, la simplificación del sistema educativo: reducción de los planes de estudio en todos los niveles y modalidades, sumado al carácter cada vez más general de la formación que se recibe y se imparte. El sistema productivo, claramente, requiere de mano de obra menos calificada. La escuela viene perdiendo su atractivo como garantía de “movilidad social”: pasar muchos años por el sistema educativo no garantiza ascender socialmente, sino incluso lo contrario, como es el caso mismo de los docentes.
En este sentido, el sistema educativo sigue, y seguirá, estratificado socialmente, de manera clasista y los que quieran aprender o que sus hijos aprendan, deberán pagar.
Se fortalece la escuela “contenedora”, literalmente, es decir, la escuela conteiner, recipiente. El Estado apuesta fuertemente a incrementar la matrícula junto con una política de aprobación y certificación “serial”. Es que la escuela sigue siendo, probablemente, el mejor aparato de contención social y de reproducción ideológica que tiene el Estado.
La escuela se llena, pero no tiene cómo entusiasmar a quienes vienen casi obligados a la misma, sin mayores expectativas: falta de recursos, trabajadores de la educación mal pagos, edificios colapsados, aulas superpobladas, etc. Afuera: el trabajo precario. El resultado es una suerte de olla de presión social dentro del aula: la violencia emerge en ambas direcciones entre los dos sectores sociales más estafados por la política educativa y la política económica en general: los alumnos y los docentes. El sistema educativo va camino a depreciar más la “calidad educativa” –de docentes y alumnos- , en pos de la enseñanza de “valores” (los valores de la resignación, del milagro individual, etc.).
En Mendoza, esto se ha constatado brutalmente. Los trabajadores de la educación se han acostumbrado a ver cómo se modifican todas las normas “tradicionales” de “disciplina”, convivencia y formación y como se crean nuevos y variados trayectos educativos, en nombre de la inclusión. Pero no se garantiza el derecho a aprender, sino a aprobar. El docente se siente cada vez más avasallado y el alumno cada vez más hastiado. Ambos se preguntan: ¿A qué vengo?.
Cada reforma sobrecarga de trabajo a los mismos docentes, o crea cargos u horas precarizadas. En nuestra provincia, los casos crecientes de violencia de padres y alumnos contra docentes se contestaron con “protocolos” para el día después. Prevenirla está descartado, porque implicaría más recursos y una verdadera política de inclusión social para la juventud. Incluso, se creó un cuerpo de abogados desde la Dirección General de Escuelas para asesorar a los docentes penalmente en estos casos y se acaba de modificar en la legislatura el Código de Faltas para contemplar las agresiones a los docentes.
En este marco, se avanza en la sanción de una nueva Ley provincial de educación en la que todos los partidos políticos patronales acuerdan esencialmente en que el problema de la calidad educativa es del docente, a quien se pretende evaluar. Abren la puerta, por ejemplo, a la posibilidad del financiamiento privado de las escuelas públicas, a través de sponsors, promoviendo una verdadera chilenización de la educación pública.
En Media se intentará aplicar definitivamente la reforma curricular que viene desde la Nación, mientras se avanza en el desmembramiento de la Educación de jóvenes y adultos.
Todo esto, en un marco certero de ajuste presupuestario y de precarización creciente, con salarios depreciados, sobrecarga horaria y miles de suplentes y contratados en la flexibilización más típica de los 90s.
Un programa y una política sindical que busque una salida a esta situación deberá contar una perspectiva amplia que cuestione las políticas económicas y sociales más generales que determinan los rasgos fundamentales del sistema educativo. La política de conciliación de la Celeste será uno de sus principales escollos a superar.