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Red Internacional
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Política. ¿A qué viene el Papa Francisco a México?

Se aproxima la llegada del Papa Francisco, que arribará a México el 12 de febrero para recorrer cuatro estados y el Distrito Federal: un gesto de apoyo al gobierno de las reformas estructurales y las desapariciones forzadas de Peña Nieto.

Lucía Rodríguez México D.F.

Martes 26 de enero de 2016

Mientras los principales monopolios informativos, operadores ideológicos del régimen político, han comenzado una gran campaña mediática que acompaña la visita papal en México y, millones de pesos se invierten en el evento, diversas discusiones recorren su visita, relacionadas tanto con los objetivos de su visita como con una evaluación de la histórica relación del Estado mexicano y la Iglesia Católica.

Los preparativos de la visita, que se llevará a cabo del 12 al 17 de febrero, se han discutido en diversas citas entre representantes del gobierno mexicano y la titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu. En la última reunión ambos actores han destacado la importancia de la visita como muestra de la relación “respetuosa y constructiva” que se ha mantenido entre el Estado mexicano y la Iglesia, desde 1992 cuando se marcó el inicio de sus relaciones diplomáticas, y desde cuando el Vaticano aún no se constituía como Estado.

Francisco como actor político
Efectivamente el Estado mexicano ha mantenido una relación estrecha con la Iglesia y la figura papal, así lo marcan las seis visitas que realizó Benedicto XVI, el ex Jefe del Estado Vaticano al país. Históricamente la Iglesia ha tenido un importante peso político sobre el régimen, restringiendo derechos sociales como el de hombres y mujeres a decidir sobre nuestros cuerpos, a través del aborto libre y seguro o el ejercicio pleno de la sexualidad.

El gobierno mexicano y la Iglesia han anunciado que el objetivo de esta visita es que permita fortalecer “acciones conjuntas, colaboración y coincidencias” en el terreno internacional, mencionando como ejes el cambio climático, las armas nucleares y la migración.

Pero no hay que olvidar que también es un intento de recuperar adeptos para cumplir cabalmente con su rol de control social. La influencia de la Iglesia Católica ha decrecido en las últimas décadas: en particular 83.9% de la población mexicana se decía católica en 2010, contra 90% de la década de 1990, y sólo 67% de los mexicanos mantenía confianza en esta institución, contra 90% de confianza en 2000.

Hoy el Papa Francisco pretende actuar como actor político, abonando a la legitimación de un gobierno que se vio duramente cuestionado por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Para ello después de estar el 13 de febrero en la bienvenida en Palacio Nacional, reunido con el presidente Peña Nieto, el cuerpo diplomático y obispos. Se dirigirá, el día 14, a Ecatepec, Estado de México, para dar una misa y visitar obras sociales, luego el 15 a Chiapas, para realizar un programa de actividades en comunidades indígenas de San Cristóbal de las Casas y Tuxtla Gutiérrez; continuando el 16 en Morelia, Michoacán; y terminará su visita el miércoles 17 en Ciudad Juárez, Chihuahua.

Los estados que visitará corresponden a lugares con un importante peso político en el país, donde existen fuertes tensiones sociales. Así, Francisco dará una misa en el más importante centro de la violencia hacia las mujeres y feminicidio que concentra también a un importante número de trabajadores precarizados e industriales que se extiende por el Estado de México. Estará también entre los indígenas de Chiapas donde la imposición del TLC y la explotación al campo y las comunidades indígenas, llevaron al levantamiento encabezado por el EZLN de 1994 y donde la represión, la paramilitarización y la persecución a los migrantes permanecen y crecen como problemas sociales.

Continuará el recorrido en Michoacán, uno de los puntos más violentos, surgido al calor de la llamada “guerra contra el narco” y la militarización, uno de los estados con más peso en la lucha contra la reforma educativa y donde las policías comunitarias se enfrentan al acoso del gobierno y el narcotráfico.

Finalizará el recorrido en Ciudad Juárez que se encuentra hoy viviendo la lucha de miles de obreras y obreros maquiladores que enfrentan la precarización y el acoso sexual, en una ciudad plegada también de feminicidios y un centro económico y de transito fundamental para la frontera con Estados Unidos.

¿Un Papa humanista?
Aunque Francisco pretenda pintarse de defensor de los derechos humanos y las demandas populares, es la principal figura de una institución reaccionaria que se ha aliado con el Estado para mantener el aborto como ilegal, causando la muerte de miles de mujeres que se ven forzadas a hacerlo de manera clandestina, y de no otorgar plenos derechos a la comunidad sexodiversa, reproduciendo la violencia que trae consigo miles de muertos por crímenes de odio.

Aunque las cifras de casos de menores que han sufrido abusos por un miembro eclesiástico es difícil de calcular por el bajo nivel de denuncias y el ocultamiento, represión y complicidad que la institución católica tiene poder para proteger a sus miembros.

Según el ex cura Athié Gallo, el conteo de las víctimas de pederastia “con los casos del padre Marcial Maciel Degollado, del padre Nicolás Aguilar, del padre Eduardo Córdoba, del padre Gerardo Silvestre, hemos detectado más de 700 niños en México”. Sin embargo, la Iglesia con Francisco a la cabeza no sólo mantienen acallados estos casos sino que el supuesto Papa progresista otorgó perdón y dio la bendición a la Legión de Cristo mundialmente conocida por albergar a decenas de abusadores sexuales para los que sólo dijo que se propone “rezar por las personas involucradas, para que quien se ha equivocado se arrepienta y pueda recuperar el camino correcto”.

La Iglesia es una de las instituciones más importantes del régimen político, participa directamente de la política nacional, es defensora de la llamada clase política y de este régimen político profundamente reaccionario.

La visita del Papa Francisco a México, financiada por el gasto público -y no por la Iglesia Católica- pues se toma como una visita de jefe de Estado, que sumará importantes gastos, como en Michoacán donde se prever que se invertirán cerca de 300 millones en la visita, es una apuesta muy importante del gobierno de Peña Nieto para legitimarse.