To brexit or not to brexit, esa es la cuestión. Theresa May proponía un brexit duro, pero perdió. La única certeza es la incertidumbre.

Josefina L. Martínez @josefinamar14
Sábado 24 de junio de 2017
Las elecciones del 8 de junio fueron convocadas por Theresa May con el objetivo de fortalecer su gobierno -que ya contaba con mayoría absoluta- en las negociaciones del brexit, buscando imponer un brexit duro. "Brexit significa brexit", repitió una y otra vez la primera ministra, asegurando que era mejor no tener “ningún acuerdo” con la UE, antes que “uno malo”.
Las encuestas la favorecían y Theresa May se lanzó confiada a la campaña electoral. Pero lo que parecía asegurado se esfumó en pocos días, los laboristas dieron un vuelco y las elecciones le propinaron una fuerte derrota a los conservadores, que perdieron su mayoría absoluta. En una encuesta difundida este viernes, Corbyn supera por primera vez a Theresa May en las preferencias de los británicos para primer ministro.
Debilitada y muy cuestionada, así llegó Theresa May al comienzo de las negociaciones del brexit con la Unión Europea. Del otro lado de la mesa, mientras tanto, el triunfo de Macron en Francia significó un aliciente para la UE de los 27, que renovó su optimismo en que el eje franco-alemán pueda relanzar el proyecto europeísta.
Como tercer elemento en la escena, la tensión creciente entre Estados Unidos y Europa refuerza la política alemana de velar por sus “propios intereses”, tomando distancia de Estados Unidos y Reino Unido. Hace unas semanas, Merkel afirmaba en una fiesta de la cerveza: “Los europeos tenemos que tomar el destino en nuestras manos”. Y avivando la polémica, decía que: “Los tiempos en los que podíamos depender completamente de otros, hasta cierto punto han terminado. Es mi experiencia de estos últimos días”.
¿May suaviza el brexit?
El resultado electoral británico significó un viraje hacia un brexit más suave, ya que ahora los partidarios del brexit duro han quedado en minoría en el parlamento. Los laboristas, los liberales y los nacionalistas escoceses apuestan por un brexit negociado, pero también se fortalecen los partidarios del brexit suave al interior del partido conservador, atravesado por fuertes polémicas después de las elecciones.
El gesto más claro en este sentido han sido las declaraciones de Theresa May, este jueves en Bruselas, asegurando que Reino Unido reconocerá “iguales derechos” para los ciudadanos europeos que tengan más de cinco años de residencia en Reino Unido. A cambio, espera recibir una oferta de trato similar para los británicos residentes en países de la Unión Europea, que enfrentan una gran incertidumbre sobre su estatus legal.
En un artículo publicado este viernes en The Guardian, Timothy Garton Ash dice que, aunque la única certeza es la incertidumbre, lo más probable es que se termine negociando un estatuto “intermedio”, una “membresía de segunda clase”, o una variante del modelo Noruego. Este país participa del Espacio Económico Europeo (EEE) y de algunas instituciones, sin ser un miembro de la UE.
Según una encuesta de YouGov para el Times publicada este viernes, Jeremy Corbyn encabeza por primera vez la preferencia como primer ministro, con el 35%, superando a Theresa May que obtiene el 34%. El líder del laborismo fue el claro ganador de las últimas elecciones, atrayendo el apoyo de grandes sectores juveniles y de trabajadores, detrás de un programa reformista que promete terminar con los recortes, recuperar los servicios públicos para “la gente” y dejar de gobernar para la elite del establishment. Esto significa una caída rotunda para Theresa May, que se ubicaba en el 54% de las preferencias cuando convocó a las elecciones, frente a un 15% de Corbyn. Actualmente, en todas las categorías de edad por debajo de los 50 años, Corbyn aventaja a Theresa May.
Una vez activado el artículo 50, el pasado lunes comenzaron las negociaciones, que deberían terminar antes del 29 de marzo del 2019. Demasiado tiempo para pronosticar cuál puede ser entonces el estado de ánimo de los británicos respecto al brexit y cuál el gobierno que lleve adelante efectivamente la separación.
Todavía hay muchos aspectos en debate, con una agenda de discusiones que logró imponer la UE y que prioriza tres cuestiones: los costos del brexit que deberá pagar el Reino Unido a las cuentas comunitarias, el estatuto de los ciudadanos de la UE y el Reino Unido que viven a un lado y otro del canal de La Mancha y la frontera de Irlanda del Norte.
Desde el triunfo de la opción por el brexit hace un año, la economía británica ha quedado tocada con una devaluación importante de la Libra. Esto afectó el consumo interno y a las empresas del mercado interno, mientras que benefició a las exportaciones. Sin embargo, varios analistas prevén que los efectos inflacionarios y sobre el consumo aún están por verse con más fuerza, lo que puede agravar el malestar de grandes sectores de la población con el gobierno.
La sucesión de atentados en suelo británico en los últimos meses agudiza la polarización del clima político, generando un mayor rechazo hacia el gobierno y sus políticas intervencionistas. Una tendencia contraria al "sentido común" de que el triunfo del brexit garantizaba mayor “seguridad interna” como aseguraban sus defensores un año atrás.
Por último, la tragedia del incendio en la torre Grenfell de Londres, avivó el descontento y la ira de sectores de la población frente a un gobierno que muestra desidia en los controles para las empresas, corta presupuestos para prevención social y maltrata a las víctimas del incendio.

Josefina L. Martínez
Nació en Buenos Aires, vive en Madrid. Es historiadora (UNR). Autora de No somos esclavas (2021). Coautora de Patriarcado y capitalismo (Akal, 2019), autora de Revolucionarias (Lengua de Trapo, 2018), coautora de Cien años de historia obrera en Argentina (Ediciones IPS). Escribe en Izquierda Diario.es, CTXT y otros medios.