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Red Internacional
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Mundo Obrero. A un mes de la lucha, comenzaron los despidos en Educación

Más de un mes de conflicto mostró la predisposición a la lucha de los trabajadores. UPCN volvió a negociar los despidos. ATE no preparó ni desarrolló una lucha seria contra el ajuste de Bullrich.

Mirta Pacheco @mirtapacheco1

Miércoles 1ro de febrero de 2017

Lo primero que hay que decir es que UPCN, como hizo todo el año pasado en el conjunto de la Administración Pública, volvió a negociar despidos a cambio de que no tocaran sobre todo a sus delegados. Pero hoy en el Ministerio de Educación hay trabajadores afiliados a ese gremio a quienes se les notificó el despido a partir del 1° de marzo.

Las autoridades hablaron públicamente de 200 trabajadores despedidos, UPCN plantea que son 140 aproximadamente, lo que genera una total confusión. Se habla de números cuando se trata de trabajadores con familias detrás que quedan sin sustento. Al día de hoy son 60 trabajadores (planta transitoria y contratos precarios), quienes tienen confirmado su despido a partir del mes de marzo y todos los días aumentan los despidos. Mientras, UPCN no mueve un dedo.

ATE y CTERA: la misma central, dividiendo dos conflictos

Iniciada la amenaza de despidos, se hablaba de 400 trabajadores de la planta estable antes de fin del año pasado y 2600 tutores y coordinadores del programa Nuestra Escuela. Los trabajadores de la Educación de estos dos sectores tendieron a la unidad, acudiendo a dos asambleas muy numerosas. La Junta Interna de ATE comenzó por el final y luego de la toma de un día, cuando comienza enero, lanza un paro por tiempo indeterminado, decidido por la comisión directiva de ATE Capital sin ninguna discusión ni consulta a los trabajadores del ministerio.

Es más, la única propuesta que fue votada por unanimidad en asamblea por los trabajadores del ministerio, la exigencia a ATE Capital y Nación de un plenario abierto para discutir un plan de lucha con paros escalonados, fue olímpicamente ignorada por la dirección de ATE Capital. Una medida así hubiera significado que los trabajadores tomaran en sus manos esta lucha y se sumara al resto de las juntas internas y ministerios; que se debatiera democráticamente entre todos cómo enfrentar este ataque a la Educación Pública, imprimiéndole nuevas fuerzas a este conflicto.

Mientras esto pasaba se comenzaba a separar la lucha contra los despidos en el Ministerio, de la defensa del programa Nuestra Escuela, contra las resoluciones de Esteban Bullrich del 23 de diciembre que tiraba abajo algunos postítulos y limitaba la posibilidad de cursada para los docentes que reciben estas capacitaciones, entre otras cosas.

Incluso la lista Verde y Blanca (Junta Interna del Ministerio de Educación) realizó una asamblea de tutores en la sede de ATE Capital, no permitiendo que los docentes cursantes (que comenzaban a acercarse para involucrarse en el conflicto, porque el ataque a las capacitaciones gratuitas obviamente los implica) pudieran votar las medidas que allí se decidían. Cuando era vital lograr la máxima unidad entre el conjunto de los trabajadores de la educación para enfrentar este ataque a la Educación Pública.

Los dos sindicatos (ATE Capital y CTERA), que pertenecen a la CTA de los Trabajadores (central kirchnerista dirigida por Hugo Yasky), nunca se plantearon una lucha seria y en común. Solo se limitaron a que los dirigentes de la CTERA, como Norma Alonso y Baradel, asistieran a las actividades que realizaba ATE.

Las declaraciones rimbombantes servían para mostrarse como sindicatos opositores al gobierno, pero ni un plan de lucha con paros escalonados, ni asambleas generales que reagrupen al conjunto de los trabajadores implicados: planta estable del Ministerio; tutores, coordinadores y cursantes de los postítulos. Nada que tendiera a fortalecer la unidad para golpear todos juntos y hacer retroceder al gobierno.

Todo esto llevó al desconcierto a los trabajadores del ministerio, que a pesar de todo intentaron mantener las medidas de fuerza, pero día tras día se iban desgastando debido a que la Junta Interna no llamó a una sola asamblea en tres semanas de paro, y no intentó reagrupar a los despedidos en una comisión donde se pudiera discutir los pasos a seguir.

Es más, el sindicato docente acordó con el ministro Bullrich, la marcha atrás relativa de esas resoluciones, pero sin nada completamente firme y lo llamó “gran victoria”. Los postítulos continúan, aunque se mantiene la fecha de vencimiento de agosto del 2018, pero ya confirmó que la recontratación de los capacitadores dependerá del número de cursantes inscriptos (la inscripción finaliza el 24 de febrero, lo que implica el riesgo de que muchos docentes en el país queden afuera por desconocimiento de las fechas), además de que no se sabe cuántas aulas virtuales se abrirán para las materias iniciales.

Llamar “gran victoria” a eso, que sin embargo daba cuenta de que se podía hacer retroceder a Bullrich, no podía tener otro resultado que el que tuvo: la desmovilización de los trabajadores tutores. Y ni hablar que la CTERA llegó a un acuerdo por los docentes, dejando de lado a los estatales despedidos. Una vergüenza, acordar por una parte sin tener en cuenta el total de los despedidos. Y eso que ATE y la CTERA son de la misma CTA; ni eso los hace actuar unidos. Una verdadera vergüenza de corporativismo al extremo.

Desde un comienzo la agrupación Marrón Clasista insistió con una política que permitiera pasar a la ofensiva, por eso la propuesta del plenario abierto de juntas internas y trabajadores para votar un plan de lucha; la moción de jornada de lucha unificando a docentes y estatales con pliego único y con corte para visibilizar el conflicto. Y la insistencia de conocer con nombre y apellido a los despedidos, para así poder organizarlos en una comisión de despedidos e iniciar un fondo de lucha para que no tengan que abandonar la lucha por necesidades económicas, tenía una importancia vital para poder hacer frente a esta lucha que iba a llevar tiempo.

No se puede enfrentar la política de Cambiemos, que implica también el amedrentamiento policial, con actividades que no están a la altura de las circunstancias, sin la máxima unidad del conjunto de los trabajadores y un plan de lucha serio para enfrentar los despidos. Asambleas espontáneas, tomas del ministerio, cortes de calle, pueden ser solamente “acciones coloridas y mediáticas” sino son parte de un plan decidido por los trabajadores en asamblea, que marque el ritmo de las acciones y permitan medir fuerzas minuto a minuto, ver cómo se encuentran los despedidos para la lucha, unir a todos los implicados en el conflicto con un pliego común y buscar la más amplia solidaridad de todo el sindicato.

A más de un mes de comenzado el conflicto, es necesario detenerse y sacar las conclusiones de lo hecho hasta ahora, ya que los despidos continúan a cuenta gotas.

Por eso es necesario retomar la lucha y depende de la conducción de la junta interna de ATE, llamando a una asamblea general, preparada con tiempo, pasando por las oficinas para convocarla y discutir entre todos un plan que parta de sacar las conclusiones de este mes de conflicto, para así enfrentar este ataque del “gerente de Recursos Humanos” que hoy ocupa la cartera de Educación, siendo conscientes de que este ataque a la Educación Pública también es parte del ajuste que el macrismo pretende llevar adelante hacia el conjunto del pueblo trabajador.