Lunes 24 de febrero de 2020 12:39
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· El miércoles 19/02 se realizó un pañuelazo recordando el segundo aniversario del puntapié del debate para garantizar el derecho al aborto legal, seguro y gratuito.
· Este 19F se calcula que hubo 20 mil personas. El lema de movilización fue “Nuestro proyecto está en calle”, en referencia al proyecto de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, que volvió a presentarse después del rechazo del Senado en 2018 y mantiene estado parlamentario.
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· El presidente Alberto Fernández anunció en diferentes ocasiones que presentará su propio proyecto. Todavía no se conocem los detalles.
· Sabemos que además de la oposición de muchos legisladores y legisladoras de Juntos por el Cambio, también hubo rechazos de legisladoras y legisladores en el peronismo, y que muchos renovaron sus bancas como parte del Frente de Todos. El caso más resonante es el de la senadora Garcia Larraburu, conocida por su voto a favor del aborto clandestino.
Nuevo escenario
· La Iglesia católica fue un actor clave del lobby contra el derecho al aborto legal, y hoy es un aliado muy importante de gobierno en la negociación de la deuda. La Iglesia católica dejó clara la posición de la Iglesia y se prepara un acto político disfrazado de "misa por las mujeres” para el 8 de marzo (que no es otra cosa que una declaración contra los derechos de las mujeres).
· El aborto legal vuelve a ser parte de un tablero político. Fue vital durante el gobierno de Macri, que abrió el debate aborto legal en un escenario complicado (después del 27F, que reunió a varios sindicatos movilizados). Y es vital hoy, en el gobierno de Fernández, en un momento económico muy complicado y cuando necesita mostrar logros en un escenario en el que mantiene una política fiscal estricta (con ajuste de las jubilaciones, anuncios de nuevos tarifazos y aumentos modestos de sumas fijas para los salarios).
· El aborto legal no será el primer ni el último derecho atravesado por negociaciones y maniobras políticas. Así funcionan las democracias capitalistas, no son generosas por definición, muchas se mbinan diferentes escenarios: movilización, contradicciones, sectores del régimen que quieren beneficiarse.
· En un contexto así, no es un un capricho o algo maximalista, como a veces se intentan presentar las críticas de las agrupaciones de izquierda en el movimiento feminista, decir que el movimiento de mujeres tiene que ser independiente políticamente. Es la única forma de que no nos usen como piezas de cambio, que no la pelea por nuestros derechos no quede atrapada en las negociaciones de los bloques mayoritarios.
· Los escenarios no se repiten, las condiciones en las que se dan los debates cambian. Necesitamos enceder todas las alarmas, no hay que silenciar discusiones: es necesario responder a las provocaciones políticas de las Iglesias, no ser indiferentes a temas importantísimos en la realidad de nuestro país, como la deuda externa que empeora las condiciones de vida de la mayoría de las mujeres.
· No da lo mismo que la ley no se haya votado en 2018, las vidas de mujeres que se perdieron durante estos años lo confirman. Tampoco da lo mismo despenalización o legalización, especialmente porque no da lo mismo que sea un derecho al que se accede en los hospitales públicos y las obras sociales.
· Tenemos experiencia, no podemos llegar ingenuamente a un nuevo debate parlamentario, ya sabemos que las Iglesias van a actuar, las cámaras cambiaron (sobre todo el Congreso, donde la ley consiguió apoyo mayoritario), sabemos que hay enemigos de las mujeres en Juntos por el Cambio y en el Frente de Todos.
· La única garantía es mantenernos en la calle, organizadas, hacer sentir la fuerza de la movilizada, no solo en marchas masivas, sino también en los lugares de trabajo, exigiendo a los sindicatos que no le den la espalda a una demanda elemental de sus afiliadas, en los colegios, las facultades. Y sobre todo, ser conscientes de que nunca nos regalaron ningún derecho y nada indica que esta vaya a ser la primera vez.