En las últimas semanas miles en todo el mundo se han manifestado contra la violencia policial. La población LGBT es parte de las llamadas “minorías” que enfrenta con mayor crudeza el hostigamiento y abuso policial.
Lunes 15 de junio de 2020
Vivimos un momento en el que la población, especialmente la juventud, empieza a expresar su fastidio respecto a la brutalidad que ejercen las fuerzas armadas y cuerpos represivos sobre la población, sobre todo, aquellas fracciones de ésta que muestran desacuerdo con la forma en la que está compuesto el sistema político, económico y social.
Concretamente, el asesinato racista de George Floyd a manos de un policía en Estados Unidos trajo una serie de manifestaciones en más de 40 ciudades de Norteamérica, las cuales tuvieron réplicas en Londres, París, Berlín y países de América Latina como Brasil.
En México los asesinatos de Giovanni López y Alexander, llevados a cabo por policías desataron nuevamente el repudio de la población hacia los uniformados. Y, claramente, las protestas han sido reprimidas por fuerzas policiacas.
Sin embargo, esto no es nuevo. Los cuerpos represivos se han dispuesto siempre, en contra del pueblo, particularmente en contra de los sectores que los medios de comunicación y las opiniones de la clase dominante delinean como “minorías”. Parte de estás poblaciones son las disidencias sexo genéricas.
Las detenciones arbitrarias por parte de la autoridad hacia personas que no cumplen con las normas costumbristas de moral o con los valores conservadores (como parejas homosexuales y personas transgénero principalmente) o que se atreven a ir por la calle viviendo su identidad, son el pan de cada día. Basta verse “sospechoso” para que se acerquen los azules a fastidiar.
Según datos de la encuesta nacional sobre discriminación y juventud LGBT, publicada en 2015-2016, la policía ha violentado los derechos del 30% del total de los encuestados. Por otro lado, del total de jóvenes que sintieron agredidos sus derechos, solo el 27.6% decidió acudir a una institución para hacer una denuncia.
De este porcentaje, 31% considera que se le atendió de manera deficiente, 13% admite que fue ignorado y 9.5% asegura que se le recomendó guardar silencio.
Pero, ¿Qué significan estas cifras? ¿Qué tiene para decir la historia? ¿Qué papel ha representado la policía para nosotres?
La esvástica y el triángulo rosado
En algunas regiones del Mundo Antiguo, como China e India, no era mal visto ningún tipo de práctica erótica o sexual entre personas del mismo género e incluso se reconocía de alguna forma a las personas que poseían dentro de sí “la esencia de lo masculino y lo femenino”, sin embargo, en la mayoría de regiones, desde Sumeria hasta Roma, las disidencias eran apenas toleradas, eso con restricciones y lineamientos impuestos desde las castas superiores.
Es en la Edad Media y con la instauración de la Inquisición que se recrudece la persecución de las disidencias y su linchamiento se vuelve un ejercicio cotidiano, ya que, específicamente la homosexualidad se veía como algo que solo hacía una pequeña parte de la gente.
En la segunda mitad del siglo XIII el sexo anal (sodomía) entre hombres pasó de ser un pecado, a ser en un delito, condenado en casi toda Europa con la pena de muerte.
Posteriormente, en 1872 se puso en vigor el artículo 175 en Alemania, el cual operó legalmente hasta 1994. En él se estipulaba que: “Un acto sexual antinatural cometido entre personas de sexo masculino o de humanos con animales es punible con prisión. También se puede disponer la pérdida de sus derechos civiles”.
Tal artículo fue debatido y hasta modificado en ciertos momentos de la historia, aunque hoy abordaremos solo su brutal aplicación durante los años de la Alemania nazi. No es secreto para nadie que durante el tercer Reich se llevó a cabo una estricta persecución hacia los varones homosexuales, a los cuales se les investigaba, arrestaba e incluso eran ejecutados en los campos de concentración, lugares en los que se les hacía coser un parche de un triángulo rosa en la ropa.
Dentro de la ideología nazi, la homosexualidad era considerada una característica antinatural que pervertía la pureza de la raza, además, se pensaba que los varones homosexuales eran débiles e inferiores. Cabe señalar que hasta entonces, las especificaciones legales y los códigos de comportamiento no tenían muchos detalles acerca de otras disidencias sexo genéricas, no porque éstas no existieran, sino porque se les categorizaba dentro de la homosexualidad o se les veía de cualquier manera como comportamientos desviados.
La Alemania de Hitler no fue la excepción y solo se particularizó ligeramente sobre las relaciones sexuales entre mujeres, de hecho hay mención de que el “triángulo negro” en los campos de concentración era colocado a algunas lesbianas. Pero por lo demás, el resto de disidencias se encontraban dentro de lo infame que no era nombrado.
Los nazis se encargaron de perseguir, detener y juzgar aproximadamente a 100,000 hombres entre 1933 y 1945, bajo la sospecha de homosexualidad o simplemente por “tener comportamientos propios de los homosexuales”. Aproximadamente la mitad de estos detenidos fueron ejecutados.
Pero nada de esto habría sido posible para el estado alemán de no ser por su enorme equipo de uniformados, que se formaba por la Ordnungspolizei (policía del orden) y la Sicherheitspolizei (policía de seguridad). Ésta última estaba compuesta por la policía secreta del estado, la Gestapo y Kriminalpolizei (policía de investigación criminal). Su historia es larga y está llena de modificaciones, pero lo cierto es que durante la Alemania nazi, la policía se encargó de hacer detenciones y cateos a presuntos homosexuales e incluso la Gestapo se ocupó de dar seguimiento y espionaje a algunos de ellos para recabar datos y direcciones de otros varones y así llevar a cabo redadas en sus centros de reunión.
La américa del terror
En Estados Unidos, durante la década de 1950 el miedo promovido desde el gobierno a todo lo que fuera contrario al capitalismo, pero especialmente aquello que fuera o pareciera comunista fue parte de un episodio llamado “el segundo temor rojo”, que estuvo protagonizado en el poder por Joseph McCarthy, senador por Wisconsin, quien desplegó una verdadera campaña de desprestigio hacia los comunistas.
Dicha campaña además de inculcar odio hacia ellos en la población, constó de cateos, espionaje, señalamientos arbitrarios y una extensa lista negra en la que estaban artistas, algunos de los cuales escaparon del país para salvarse.
Por aquél entonces, la psiquiatría marcaba la homosexualidad como una enfermedad mental y aunado a esto, McCarthy, aprovechó para desplegar una serie de acciones que pasarían a la historia como el “Terror Lila”, es decir la persecución, desprestigio y terror irracionales hacia los homosexuales, varones o mujeres.
Joseph McCarthy, aseguraba que los comunistas podrían chantajear a los homosexuales para obligarlos a revelar secretos de Estado, así que bajo ésta premisa ridículamente nacionalista (no muy alejada de las declaraciones de Trump) despidió a una multitud de funcionarios de gobierno. De hecho, cualquier tipo de disidencia que rompiera con lo establecido en cuanto a géneros y sexualidades, era tachado bajo la línea macarthista como algo igual de inmoral como ser comunista.
Durante ese episodio trágico de la historia, la policía se encargaba de hostigar y perseguir a quienes eran sospechosos de ser “pervertidos sexuales”, así como de seguir a los aspirantes a trabajar en alguna institución estatal pues en 1953 el presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower firmó la orden ejecutiva número 10450 que, entre otras cosas, decía que el gobierno no podía dar trabajo a ningún homosexual, por seguridad nacional.
Después, en 1954 el FBI se ocupó de vigilar y espiar organizaciones homosexuales.
Y el punto más alto de la campaña contra los homosexuales se produjo en octubre de 1955 en Boise, Idaho, tras presuntos asaltos a, supuestamente, cientos de jóvenes. La policía interrogó a casi 15.000 residentes en busca de un grupo de autores homosexuales. Las investigaciones produjeron cientos de nombres de sospechosos de homosexualidad. Finalmente se detuvo a 16 hombres, de los que 9 fueron condenados.
Nuevamente las injusticias del poder estatal se sirvieron de la policía para permanecer impunes.
Stonewall y un posible amanecer
A la larga, las políticas de McCarthy dejaron huella en el pueblo norteamericano. La condición de ilegalidad con la que tenían que vivir las disidencias y el conservadurismo de los valores tradicionales y la moral, les llevaron a situaciones de marginación y a crear una comunidad que vivía en barrios dominados por la mafia.
Era en estos sitios en los que los disidentes podían gozar de un poco de libertad.
Uno de estos barrios era Greenwich Village, donde, como es sabido, en 1969, los disturbios de Stonewall dejaron una marca indeleble en la historia, ya que por un lado, expresaron que es posible convertir el hartazgo en organización política contra este sistema y por el otro hicieron más visible, en un enfrentamiento que duró tres noches seguidas, el papel que ha tenido siempre la policía frente a las disidencias: ser la mano dura que haga cumplir leyes absurdas o simplemente actuar fuera de la ley para reprimirnos.
En conclusión, podemos decir que el hostigamiento y la brutalidad policíaca hacia las disidencias no son cosa de ahora, sino que siempre han estado presentes.
Las fuerzas policíacas también son la herramienta que se usa para mantener a raya todas las protestas que cuestionen el sistema actual, como hemos podido verlo no solo recientemente, sino también el 2019, cuando muchas protestas y revueltas estallaron en América Latina debido a las condiciones empobrecidas e injustas de la vida en sociedad.
Por todo esto es necesario que las disidencias sexogenéricas nos levantemos juntas y construyamos una organización de lucha que pueda resolver efectivamente nuestras demandas y garantizarnos que nunca más seamos perseguidos, temidos, criminalizados, aprisionados, violados, torturados, desaparecidos, asesinados, humillados ni despojados de nuestros derechos.
Una organización que nos permita saber que no seremos nunca más pisados por las botas de los cuerpos policíacos, y que levante una estrategia anticapitalista, socialista y revolucionaria para transformar de raíz esta sociedad y bajo la perspectiva del comunismo, pelear por una sociedad libre de toda opresión y explotación.