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Estados Unidos. Abusos: la cruda realidad de los niños migrantes

Son sobrevivientes de una travesía mortal. Deberían jugar, ir a la escuela, hacer sus tareas. Pero el mundo real es otro: son víctimas de todo tipo de abuso, según documentó the Associated Press.

Bárbara Funes

Bárbara Funes México D.F | @BrbaraFunes3

Jueves 28 de enero de 2016

Huyeron desde Centroamérica: del hambre, de los cárteles del narcotráfico, de la guerra entre pandillas. Al contrario que el pequeño Aylan Kurdi, el niño kurdo de 3 años que murió ahogado en una playa de Turquía durante la migración hacia Europa, millones de niños centroamericanos y mexicanos sobrevivieron a peligrosos viajes.

Así estalló la crisis de los niños migrantes no acompañados que entre 2014 y 2015 llegaron de alguna manera a territorio estadounidense. Según se denuncia en medios como Proceso y Sin Embargo, sobre estas niñas y niños los oficiales de la Border Patrol han ejercido distintos tipos de abuso.

Se dio a conocer el caso de un agente que golpeó a un niño mexicano dentro de una celda en un centro de detención de Nogales. ¿Cuántos casos más nunca se hacen públicos?

Además, desde octubre de 2013, el Departamento de Salud y Asistencia Social se dedicó a ubicar a más de 89 mil niños en hogares adoptivos. Pero, según una investigación de la Associated Press (AP), no existe ningún tipo de control de las personas que los reciben y tampoco hay seguimiento posterior. Es decir que, no existe registro con datos serios de los adoptantes.

La barbarie engendra más barbarie: se denunciaron casos de abuso sexual, de maltratos, de encierro y de esclavitud infantil.

Esto es gran parte resultado de la política de deportación y terror que se ha desarrollado los siete años de los gobiernos de Barack Obama. Según nuevos informes, la cifra de personas deportadas durante ambas administraciones alcanzó más de 3 millones. En muchos casos, estas deportaciones implicaron la separación de familias, pérdidas de empleo y miseria para quienes quedaron en suelo estadounidense.

Se sumó a esto la apertura de los centros de detención de migrantes, donde numerosos migrantes, hombres, mujeres y niños, permanecen encarcelados en condiciones de hacinamiento.

Mientras tanto, Obama lanzó sus medidas ejecutivas que darían un breve respiro a unos 5 millones de personas con permisos temporales de trabajo y de estancia en el gigante del norte, mientras otros 6 millones estarían a merced de las redadas deportadoras. Estas medidas, frenadas por el partido republicano, serán evaluadas por la Corte Suprema de Justicia, que dará su dictamen en junio próximo.

La comunidad migrante no puede esperar absolutamente nada ni del partido demócrata ni del republicano, salvo compasión hipócrita en el mejor de los casos, como una forma de atraer el voto latino para las elecciones presidenciales que tendrán lugar este año.

Sólo la unidad con la comunidad afroamericana, que enfrenta la violencia policial, las y los trabajadores que luchan por el salario a 15 dólares la hora y con la juventud que expresó su solidaridad ante la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa, puede llevar a los migrantes a conquistar plenos derechos laborales, sociales y políticos, así como el libre tránsito por los países de la región.