Falleció a los 94 años, tras una vida dedicada a la lucha por el juicio y castigo a los genocidas que secuestraron a su hija María Lourdes, quien continúa desaparecida. Su despedida, en la Legislatura porteña, congregó a muchísimas personalidades y a sus compañeras de Madres de Plaza de Mayo.

Gloria Pagés @Gloria_Pages
Martes 1ro de septiembre de 2015
En un mismo día dos noticias que nos conmovieron: la alegría de saber que una nieta, la 117, recupera su identidad robada por los genocidas; y dolor por el fallecimiento de Josefina “Pepa” García de Noia, una de las fundadoras de Plaza de Mayo, que se va sin haber sabido qué pasó con su hija María Lourdes, secuestrada en la ESMA.
Pepa No quería perderse ni una de las rondas de los jueves alrededor de la Pirámide de Mayo. “Puede ser mi última marcha”, contestaba si alguien le sugería no salir por la lluvia o el frío. Así fue Pepa Noia, y lo seguirá siendo en la memoria de todos los que compartieron su militancia incansable por obtener algo de justicia por su hija María Lourdes y los 30 mil desaparecidos.
Fue una de las trece Madres que dieron la primera ronda, el sábado 30 de abril de 1977. Es que después de haber intentado por todas las vías posibles saber algo de su hija, secuestrada (presentación de habeas corpus, recorridos por comisarías, dependencias militares, iglesias, embajadas), se decidió a mostrar en la Plaza de Mayo, cuando eran pocos los que querían ver, sus pañuelos y el reclamo desesperado de aparición con vida de sus hijos, jóvenes estudiantes y trabajadores secuestrados por los genocidas. Pepa, que ante todo ponía el cuerpo, contó en varios reportajes, que en el día de ayer circularon como homenaje a su vida de lucha, que ese 30 de abril llegó temprano a la Plaza, antes que el resto de las madres que se iban a juntar y que no había podido dormir de los nervios. No era para menos. Esa iba a ser la primera de infinitas rondas. Dos atados de cigarrillos dice que fumó para mitigar la ansiedad.
Nacida el 6 de julio de 1921, Pepa trabajó cuidando chicos y fue obrera textil. Tuvo cuatro hijos, dos de ellos se fueron en los 70 a vivir a Australia y Margarita hoy es secretaria de Derechos Humanos de ATE. María Lourdes continúa desaparecida y se sabe solamente que estuvo desaparecida en la ESMA.
María Lourdes es secuestrada junto a su compañero Enrique Mazzadra el 13 de octubre de 1976. Tenía casi 30 años y un bebé de 18 meses. Al día siguiente de la desaparición de su hija, Pepa recibe la noticia e inmediatamente se dedica por entero a su búsqueda. La joven era psicóloga, docente y militó en el PCR, las FAL y a principios de los 70, la Juventud Peronista.
Así hablaba Pepa sobre el destino de Lourdes: "No supimos nada. Se la llevaron y chau. No sé a dónde. Cuando se llevaron a Lourdes, que todavía las Madres no nos juntábamos, iba a la ESMA porque sabía que podía estar ahí, o al menos eso era lo que nos dijo Quique, su marido (Quien recobró su libertad al poco tiempo del secuestro. NdeR). Caminaba por esa cuadrita hasta cerca de donde estaban los milicos. Siempre me acuerdo que pasaban los Ford Falcon a toda velocidad y entraban. Yo me paraba y decía: “Me gustaría ser Hechizada
”. “Hechizada” era un programa de brujas que había en televisión, que movía la nariz y se le cumplía el deseo. Muchas, muchas veces fui. Sola, en aquel tiempo andábamos solas. Y un día no fui más porque lo único que veía era pasar autos".
“No me toque, sus manos están sucias con sangre de nuestros hijos”
Cuenta Margarita que Pepa se cuestionaba su religión. En Tribunales se topó con el vicario castrense Emilio Grasselli. Lo miró y lo enfrentó, entonces él intento pararla.
—No me toque, sus manos están sucias con sangre de nuestros hijos – le dijo con furia.
“Para ella fue un acto importantísimo poder enfrentar a alguien de la Iglesia por toda la cultura que traía”, relató Margarita a Infojus Noticias.
“Era una flor que estaba siempre con una sonrisa, con una abrazo, con su pucho hasta los 90 años, bien femenina y bien madraza”, dijo al mismo portal Nora Cortiñas. “Era muy firme, donde había una injusticia estaba ella. Nunca dudó en apoyar a los movimientos que buscaban verdad y justicia, a los trabajadores y a los luchadores populares”, recordó también.
Ese inmenso cariño que despertaba entre quienes la conocimos, aunque sea menos un poco, se reflejó en la tarde de ayer en la Legislatura porteña donde fueron velados sus restos. Muchísma gente, e incontables personalidades políticas y de derechos humanos, junto a sus infatigables compañeras de Madres de Plaza de Mayo como Nora y Mirta Baravalle le dieron su último saludo a esta hermosa madre que se fue.
No sólo está pendiente saber qué pasó con su hija Lourdes, también es una deuda, imperiosa para saber la verdad y encontrar algo de justicia, que el Estado abra los archivos de inteligencia, militares y de la iglesia sobre la última dictadura genocida.
¡Hasta siempre querida y entrañable Pepa Noia!