×
×
Red Internacional
lid bot

NUEVA CONSTITUCION. ¿Adónde va el proceso constituyente?

La transición a la democracia garantizó la Constitución de 1980. Bachelet prometió Nueva Constitución bajo un proceso constituyente que entrega su resolución al fin de su gobierno. ¿Hacia dónde va?

Pablo Torres

Pablo Torres Comité de redacción La Izquierda Diario Chile

Miércoles 6 de abril de 2016

El “proceso constituyente” por una nueva Constitución se ha iniciado. Tendrá una primera fase de cabildos comunales, que iniciará este 23 de abril y concluirá a mediados de junio. La segunda fase se realizará entre julio y agosto, constará de 54 cabildos provinciales, con la figura de un “facilitador” que guiará el debate, los que fueron seleccionados a través de un proceso de selección de 216 personas por parte del Consejo de Observadores Ciudadanos. El próximo año serán los cabildos regionales. El resultado será un documento que el Consejo emitirá a Bachelet, que propondrá al nuevo parlamento electo el 2017 que decida los mecanismos a implementar la Nueva Constitución.

La derecha contra la nueva constitución

La derecha se ha ubicado, desde el inicio, contra la idea de una nueva constitución. Reclaman que habrá intervencionismo, que se quiere “ideologizar”, que el Consejo de Observadores es una correa de transmisión de Bachelet, que no es un interés de la ciudadanía. Más de contenido: defienden la conservación de la constitución de la dictadura. Contra el “derecho de propiedad” y la “incertidumbre” (económica), editorializan (sus grandes medios) que no se puede alterar, cerrando la posibilidad discutir los problemas estructurales del país, como los recursos naturales, derechos sociales, etc. Chile Vamos intenta (con sus crisis) aglutinar esa postura.

El presidente de RN, Cristián Monckeberg, señaló que el proceso "parece un tongo constituyente, porque está absolutamente ideologizado y conducido de manera populista". Le enviaron carta a Burgos y plantearon suspender su participación. Alejandra Bravo señaló que “el PRI propondrá en el comité directivo de Chile Vamos, que definitivamente no podemos ingresar a un proceso viciado, manipulado ideológicamente". Ahora la renuncia de su empresario de La Araucanía, donde Chile vamos es la cobertura de la reacción contra las comunidades mapuche y la militarización de aquellas en conflicto.

Un proceso constituyente inestable para desviar el ciclo abierto el 2011

Previo a la renuncia, Bachelet tuvo una reunión con el llamado Consejo de Observadores del Proceso Constituyente y les habría señalado que "han ido un poco más allá de lo que yo me imaginé". Pero al conformar su Consejo, Bachelet otorgó varios miembros a la oposición de derecha así como personalidades de centro-izquierda e “independientes”. El Consejo le solicitó mayor autonomía en su trabajo.

En estos días, sufrió su primer quiebre. El empresario de La Araucanía cercano a Chile Vamos José Miguel García, presentó su renuncia, argumentando sentirse incómodo. Anteriormente había expresado su rechazo a los cabildos comunales. Además, renunció la periodista Cecilia Rovaretti, aunque por problemas de salud. Así, de sus 17 integrantes, ahora el consejo es integrado por 15 miembros.

Pero su salida así como las discusiones con Bachelet de cuánta autonomía, marca las primeras tensiones en los inicios de un proceso constituyente que se vislumbra inestable. Es inestable como intento de nuevo “pacto constitucional” para la cooptación de sectores de masas, como parte de una agenda de reformas amputadas y que más que expectativas, está dejando frustración.

Es otro escenario de las estrategias que intentan desarrollar los proyectos burgueses para cerrar el ciclo abierto desde las movilizaciones del 2011, ya sea desviando, dividiendo y cooptando (buscando puentes y canales como la integración del Partido Comunista y en parte de Revolución Democrática), o ya tejiendo estrategias de restauración conservadora, como la vuelta de los “hombres de Estado”, la “cocina” y la solicitud al orden, ahora expresada en numerosas leyes de criminalización, represión e impunidad votadas en el parlamento.

Pero ambas son inestables. Hay descrédito de las instituciones o “crisis de representación” y de hegemonía del pacto de la transición (que mantuvo y profundizó la obra restauración neoliberal de la dictadura). La “herencia” está impugnada.

Sólo la movilización independiente de trabajadores y estudiantes puede imponer una Asamblea Constituyente Libre y Soberana

En lo inmediato con sus leyes represivas y de impunidad intentan mayor “control” en un marco de mayor inestabilidad política y desaceleración del crecimiento. Y en lo estratégico, esas salidas en el marco de una mayor politización nacional, descrédito del sistema político son inestables.

El Gobierno ha logrado cierta contención relativa en los marcos de una mayor profundización de la crisis del régimen y la suya propia, pero su debilidad en contener las expectativas abiertas con las reformas, abriendo procesos de luchas (como los 36 días de paro regional de los trabajadores públicos en Atacama o la movilización nacional de la CUT el 22/03), de organización en algunas facultades y convocatorias a la primera movilización nacional estudiantil el 21 de abril, puede permitir que se reabran procesos de movilización nacional. Asimismo en el movimiento obrero, donde estamos en el inicio de un proceso de ruptura de sectores de masas con sus direcciones históricas.

El régimen se niega a las demandas elementales de educación y salud gratis, derecho a la huelga efectiva, derecho al aborto legal, seguro y gratuito, derecho autodeterminación pueblos originarios. Se niega, porque está basado en la dominación de un pequeño grupo de monopolios nacionales en alianza con el capital extranjero, dominando los recursos naturales, la industria, los servicios comerciales, la educación, la salud, las AFP, y un régimen político destinado a preservarlo.

Una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, no de “papel” ni cosmética, sólo será impuesta por la movilización de las masas trabajadoras, y basado en diputados que cobren como una maestra y sean revocables, sometan a deliberación las tareas fundamentales del país: terminar con el saqueo a los recursos naturales, de las empresas privatizadas en la dictadura, de los negocios de las jubilaciones, educación y salud, para poner la economía y los recursos al servicio y bajo control del pueblo trabajador. Para que termine con los salarios y jubilaciones de hambre, discuta los problemas de vivienda, la educación y salud gratuita y universal, los derechos democráticos de las mujeres, la diversidad, los inmigrantes y pueblos originarios. Una Asamblea Constituyente Libre y Soberana se impondrá solo con la fuerza de la movilización, enfrentando las estrategias de restauración conservadora así como las trampas “constituyentes”.


Pablo Torres

Dirigente nacional del Partido de Trabajadores Revolucionarios (PTR). Autor y editor del libro Rebelión en el Oasis, ensayos sobre la revuelta de octubre de 2019 en Chile, Edición Ideas Socialistas, 2021.

X