Dos negocios a costa del pueblo trabajador, Las AFP, que vienen cuestionadas por el movimiento NO+AFP. Y ahora las Isapres, con la crisis de Masvida que la acerca a la quiebra afectando a miles de personas, aunque sus ganancias son multimillonarias.
Domingo 5 de febrero de 2017
La misma lógica
Las isapres y las AFP utilizan dineros queno les pertenecen a ellos sino a los cotizantes y afiliados, y los transforman en ganancias, cuando son recursos que deberían ser entregados para dar seguridad social.
Así, lucran a costa del pueblo trabajador.
Y cuando sus ganancias disminuyen, como cualquier empresa, pueden cerrar sus puertas. El problema es que esto afecta la salud de cientos de miles y millones de personas. Es el caso ahora de la Isapre Masvida.
El negocio de Masvida en riesgo, la salud de las personas amenazada
Para aumentar sus ganancias y contrarrestar riesgos financieros por las deudas adquiridas, la Isapre Masvida, inició negociaciones para asociarse con otra empresa del sector de la Salud, Southern Cross. El acuerdo fracasó, y se lanzaron rumores sobre una posible quiebra. Si una empresa quiebra, los costos no los pagan los empresarios que seguirán otros negocios, sino sus trabajadores. Y en los casos como las empresas de salud y pensiones, cientos de miles de afiliados.
En el caso de Masvida son 540.000, que ven amenazada la atención de su salud.
Ya finiquitaron un convenio con la Clínica Santa María (ligada a Empresas Banmédica). ¿El resultado? Que los pacientes-clientes deberán pagar en su totalidad las prestaciones, y después reembolsar en la Isapre que está en crisis.
Similar situación pasó con las clínicas Indisa, Tabancura, Alemana e Integramédica.
Legisladores y empresarios dueños de las clínicas, acusan al estado por insuficiente regulación. Una falta de respeto: son las empresas las culpables, y con ellas, el modelo privado de salud, que hace de la Salud un negocio.
El modelo privado de salud
El sistema privado de salud es otro de los negocios más rentables que dejó la dictadura a costa del pueblo trabajador. Sus ganancias a septiembre del 2016 fueron de 28 mil millones de pesos, un aumento de 42,5% respecto del mismo período del año anterior.
Los afiliados al sistema de Isapres son un 18,5% del total, unos 3,4 millones de personas. Aunque cubren a una minoría de la población, como se sabe, captan mayoritariamente, a quienes tienen mayores ingresos.
Sus objetivos son sus ganancias, no la cobertura de la salud de la población. Como se ve en el caso de Masvida, si dejan de ganar, dejan de atender a los pacientes.
Ahí está la primera fuente de sus ganancias. Hay otras, más perversas. Revisemos algunas:
1) El Estado, a través de Fonasa, realiza compras al sector privado. En lo que va del segundo Gobierno de Bachelet, este gasto estatal aumentó en 67% llegando a $196 mil millones. Una parte de este gasto, es por la compra de camas.
Desfinanciando al sector público de salud, se financia al privado. Además, el Estado paga el triple por pacientes de Fonasa derivados a clínicas: el gasto promedio de un paciente trasladado al sector privado es de 11 millones, contra 4 millones en la red pública: el privado agrega su ganancia al costo de la atención. Un negocio redondo, donde el perjudicado es el pueblo trabajador.
2) El pago de primas de los afiliados para el Plan AUGE, invento de Lagos, cuando sólo uno de cada cuatro cotizantes utiliza. ¿Por qué no lo usan? En parte al menos porque los médicos tratantes no informan a los pacientes que la enfermedad que padecen es parte de las 80 patologías de dicho Plan.
3) Las Isapres cobran primas por riesgo de enfermarse, pero cuando el afiliado quiere hacer efectivo el plan se encuentra con trabas de todo tipo para hacerlas efectivas.
4) Los aumentos anuales de los precios de los planes que se imponen sobre sus afiliados (y que ha llevado a una “judicialización” de este abuso, con cada vez más afiliados demandándolos ante Tribunales para evitar las alzas).
5) Con beneficios tributarios que rigieron hasta hace pocos meses: descontaban las costas de los juicios de sus bases imponibles.
La compra de servicios a las clínicas por parte del estado, favorece al sistema privado de salud, porque, a pesar de estar prohibido por la Ley de Isapres, hay una “integración vertical” del sector: son holdings de salud dueños de isapres, clínicas y prestadores de servicios e insumos (en forma encubierta, por ejemplo, con los mismos gerentes en una y otra de estas empresas).
¿Regulación o fin del sistema privado de Salud?
Como es costumbre de este Gobierno, formaron una comisión asesora para la reforma a la Salud privada encabezada por el economista Camilo Cid. Se llegaron a algunas propuestas. Las Isapres presionaron, el Ministro de Hacienda dijo que no había que afectarlas en sus negocios. Claro, los afectados son los pacientes del pueblo trabajador.
Surge en la discusión la necesidad de un sistema de reparto en la Salud, al igual que en las pensiones. La idea es un sistema solidario con un piso al que todos aporten, destinando el 7% de la cotización a un seguro social, no individual, y sobre eso planes especiales en los cuales el que quiere pagar más pueda elegir el lugar de atención, etc. Es una base mejor, pero que iría a un sistema mixto, dando espacio a los privados y sus negocios. Ya vimos el resultado de esto en otro espacio de lucro a costa de nuestros derechos: la educación.
La solución pasa por terminar con este negocio de la salud, que solo perjudica al pueblo trabajador.