A mediados del año pasado la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un nuevo estudio donde se determina que Chile es el país con mayor consumo de alcohol per cápita puro de América Latina, con un promedio de 9,6 litros, donde los trabajadores se ven directamente afectados. ¿Qué hay detrás de esto? ¿A quiénes les conviene que el vicio del alcohol, amparado en un negocio millonario, siga ocasionando estragos en los sectores más precarizados?
Jueves 26 de marzo de 2015
Se sabe que los vicios golpean especialmente a los sectores más precarizados y vulnerables, que sirven para “escapar”, para enajenarse de la realidad, del cansancio diario y el desgaste de las arduas jornadas laborales. Las cifras lo demuestran. Chile vuelve a batir récord en un nuevo ítem que afecta a la mayoría de la población y que no tiene nada de bueno. La Organización Mundial de la Salud (OMS), a mediados del año pasado, publicó un estudio donde se establece que Chile es el país más alcohólico de América Latina, con un promedio de 9,6 litros por persona, donde los hombres toman la delantera con una media de 13,9 litros, mientras que las mujeres alcanzan los 5,5 litros. A nivel mundial la cifra per cápita es de 6,2 litros.
Si se continúa analizando el estudio, se puede determinar que durante el año 2012 hubo más de 3,3 millones de muertes provocadas por el alcohol, lo que representa el 6,6% de todos los decesos en el mundo. El 7,6% de estos pertenece a los hombres, mientras que el 4% a las mujeres. Sin embargo, el alcohol no sólo es responsable de muertes, violencia, accidentes, sino que también es causal de diferentes enfermedades y alteraciones histopatológicas del hígado y del riñón, repercusiones en la presión arterial, cirrosis, entre otras complicaciones graves.
Cinismo puro
Con estas alarmantes cifras que revelan una realidad concreta que afecta principalmente a la clase obrera y sectores populares, cabe preguntarse a quiénes les conviene que un vicio como el alcoholismo impacte de manera tan dura a la población más pobre. ¿Qué hay detrás? Mientras los gobiernos de turno junto a los empresarios y sus medios de comunicación tradicionales se “alarman” y “preocupan” ante estos datos, se puede observar cómo también satanizan al alcohol y recriminan a las personas que lo consumen, sacando leyes supuestamente para frenar su consumo, multando a quienes beben en las calles, impulsando campañas contra este vicio, etc.
Sin embargo, al mismo tiempo que las autoridades junto a la clase empresarial vociferan contra el alcohol, este produce ganancias millonarias a través de su venta y de los impuestos indirectos, por medio de promociones en las grandes cadenas de supermercados, por medio de publicidad y comerciales en televisión y radio. Al mismo tiempo que la clase política, en la actualidad totalmente cuestionada por los casos de corrupción y fraudes, intenta mostrarse preocupada por el avance del alcoholismo en el país, se pueden observar marcas de vinos y otros tragos con apellidos de la elite chilena como Cruchaga, Tocornal, Errázurriz, Subercaseaux, Concha y Toro, Sanfuentes, entre otros. Cinismo puro.
En este sentido, el militante, dirigente obrero y tipógrafo, Luis Emilio Recabarren fue claro al referirse al problema del alcoholismo en la clase obrera a comienzos del siglo XX: “No son solamente las autoridades quienes tienen interés en el desarrollo de los vicios. Nuestros grandes magnates, dueños de inmensas haciendas, todos aquellos grandes capitalistas fabricantes de licores, ¿qué harían con todo el licor que producen sino hubieran bastantes borrachos?” .
Suena fácil que la clase política junto a sus aliados empresarios salgan a recriminar a quienes consumen alcohol u otras drogas, mientras la vida cotidiana de millones de trabajadores se caracteriza por la miseria, explotación, precarización y violencia. Viviendo cada día esta realidad, con un salario mínimo de $225 mil, con miles de empleos bajo la subcontratación y flexibilización, donde trabajar cinco, seis e incluso lo siete días de la semana se vuelve una rutina; con arduas jornadas laborales, donde el tiempo libre para descansar, compartir con la familia y amigos se vuelve un lujo y privilegio, enajenarse de la realidad mediante el consumo de drogas se vuelve una opción viable. Claro, pero de este trasfondo ningún estudio, ni campaña publicitaria, ni ninguna autoridad hablan. Al parecer no les convendría acabar con todo un negocio que hay detrás de las drogas, tampoco les serviría que el vicio del alcoholismo dejara de afectar a los sectores más explotados y oprimidos.
Por su parte, la Asociación Chilena de Seguridad (AChs) en el año 2013 publicó el VI Estudio de “Prevalencia de consumo de alcohol y otras drogas en trabajadores chilenos” , donde el sector minero y de transportes lideraron la lista de los rubros productivos donde más se consume alcohol y otras drogas, lo que justamente coincide con trabajos extenuantes, riesgosos, de largas jornadas laborales, donde no se duerme ni descansa bien, y el tiempo para distenderse es mínimo, mientras la carga física y psicológica es bastante exigente. La respuesta del Gobierno fue pedirles a los empresarios mayor preocupación y “apoyo a los trabajadores afectados”.
En este mismo sentido, la automedicación con psicotrópicos (ya sean tranquilizantes, hipnóticos, anorexígenos, estimulantes, entre otros) aumentó, pasando de 8,9% en el 2010 a un 10,8% en el 2012, mientras que el consumo de alcohol en los trabajadores chilenos ascendió a un el consumo de alcohol en trabajadores a nivel país alcanzó el 72,1%, donde el sector minero alcanza un 75% y el rubro de servicios un 77%, específicamente en el ítem alcohol.
“La parte más sana del proletariado, es la única llamada a combatir los vicios”
Recabarren, en sus escritos sobre los vicios del pueblo, fue enfático en recalcar que las autoridades y la clase empresarial son las que mantienen y profundizan la existencia de los vicios en los sectores más vulnerables. No se trata de hacer una “cruzada” contra el alcohol y las drogas, al contrario, la propuesta sobre la legalización de estas es totalmente vigente y necesaria. Lo que se debe dejar de manifiesto es el cinismo de algunos ante el problema del alcoholismo y las drogas, entender que hay responsabilidades estructurales en los vicios, cuestionar la calidad de vida de millones de personas arrojadas a la miseria y que ven en las drogas un momento de “liberación”.
Es necesario dejar claro que mientras no se transforme estructuralmente la sociedad, mientras no se derroque la explotación y la opresión, mientras la vida no se piense en beneficio de la mayoría de las personas, difícilmente las miserias y los vicios dejarán de existir e impactar negativamente. Y esa, no es tarea de las autoridades, de la clase política patronal ni de los empresarios. En palabras de Recabarren “la parte más sana del proletariado es la única llamada a combatir los vicios, no a sablazos, a castigos y a multas, como lo hace la clase burguesa con sus leyes y sus autoridades, sino con el razonamiento, con el convencimiento de que siendo vicios que nos dañan debemos de extirparlos”.