El intento de cierre de la multinacional PepsiCo ha desatado un conflicto. Los trabajadores y sus delegados reclaman la reapertura de la planta. Otros, en cambio, aprovechan para montar una campaña contra los sectores combativos y dividir la lucha.
Ulises Valdez @CLAVe
Jueves 22 de junio de 2017
El intento de cierre de la multinacional PepsiCo pretende dejar en la calle a 600 familias. La mayoría de los trabajadores y sus delegados han planteado la necesidad de una lucha unitaria contra este brutal ataque. Proponen un plenario de delegados del gremio para discutir las acciones que permitan la reapertura de la planta.
Sin embargo, algunos voceros interesados han aprovechado para poner en marcha una campaña contra los delegados combativos y los trabajadores que no quieren agachar la cabeza resignándose a quedar en la calle: “donde está la izquierda hay despidos”. No es la primera vez: muchas veces hemos escuchado el planteo de “la izquierda reclama mucho”, “la izquierda es intransigente” para que los trabajadores acepten despidos o pérdidas de sus condiciones de trabajo.
Según esos mismos voceros, salvo en esas fábricas donde “se reclama mucho”, en el gremio de la Alimentación “no hubo despidos en este tiempo”.
Nada más alejado de la realidad. Un breve repaso por datos concretos permite ver que donde están los sectores combativos, siempre se resistieron los despidos y los ataques a las condiciones de trabajo. No parece haber ocurrido lo mismo donde la responsabilidad corre por cuenta de la conducción del gremio. Veamos.
Durante años, la industria de la Alimentación vio crecer grandes empresas multinacionales (Kraft-Mondelez, Stani-Mondelez, PepsiCo, Nestlé, Arcor), junto a grupos tradicionales locales. Sin embargo, todas las patronales intentaron atacar los puestos y condiciones de trabajo, para aumentar sus ganancias, en muchos casos con despidos masivos.
Durante la primera parte de este siglo, los despidos eran moneda corriente en el gremio. En aquellos donde había sectores combativos, eran enfrentados, como ocurrió en PepsiCo en el año 2000. En otros, los empresarios lograban cerrar las fábricas o venderlas a otros grupos pero con menos trabajadores y peores condiciones de trabajo.
Varias de ellas fueron trasladadas a otras provincias, sin mayor resistencia del gremio a pesar de la disposición de los trabajadores de no quedarse en la calle. Es el caso de Bagley (Barracas), donde se perdieron 130 puestos de trabajo. Más tarde le tocaba el turno a Bonafide (San Martin).
Pero a la cámara alimenticia le llegaría un mensaje profundo. Sería la rebelión de Kraft en 2009. En pleno invierno, todos sus trabajadores y trabajadoras decidieron enfrentar la decisión de la empresa de no brindar las mínimas condiciones de higiene ante la epidemia de Gripe A. La empresa respondió brutalmente con los despidos de más de 100 trabajadores, apuntando especialmente a quienes eran parte de las agrupaciones no alineadas con la dirección del sindicato. Pero, en medio de la crisis económica de 2009, las patronales recibían un claro aviso: no sería tan fácil atacar a los trabajadores allí donde estaban organizados.
Producto de ese conflicto, sería elegida una nueva comisión interna en la fábrica más grande del gremio, encabezada por el único delegado que no había firmado el acta que dejaba afuera a 53 trabajadores (acta que avalaría el Sindicato). Durante los seis años de mandado de esa comisión interna, impulsada por la Agrupación Bordó, ni Kraft ni Mondelez pudieron despedir trabajadores. Incluso varios de los despedidos de 2009 lograron reingresar a la planta.
Pero más temprano que tarde las empresas volvieron a atacar. En 2010 hubo despidos en Bagley, Arcor y otras empresas, tras el conflicto por el aumento salarial del 35%. En 2012 hubo cientos de despidos en las pesqueras de Chubut y Santa Cruz (Conarpesa, Kaleu Kaleu), alineadas en el STIA y la Federación (FTIA). En 2014 hubo despidos masivos en Calsa, Baggio y otras empresas.
En el último tiempo, sobre todo desde la asunción de Mauricio Macri, los empresarios han reforzado el ajuste, con retiros voluntarios, traslados y despidos.
En 2015 hubo despidos en decenas de empresas. Entre ellas, en la láctea Santa Clara (Córdoba); McCain (Balcarce); Ian Fisch (Chubut); La Virginia (Rosario); Nestlé (Firmat) y muchas más. Vale la pena destacar el conflicto de Cresta Roja. Allí, los trabajadores decidieron luchar contra el cierre en un conflicto que conoció todo el país, a pesar de la actitud pasiva del sindicato. Ocurridos los 3500 despidos, sectores de la izquierda y el sindicalismo combativo se acercaron a apoyar la lucha que hasta el momento ha evitado el cierre de las plantas y la defensa de cientos de puestos de trabajo.
En 2016 fue un año duro para los trabajadores de la alimentación. En abril hubo despidos y suspensiones en Nestlé Firmat; en mayo en Baggio Concordia y Gualeguaychú; también para los trabajadores de Canale que sufrieron atraso salarial y despidos; 60 despidos hubo en Nevares (planta Luján); cerca de 400 suspensiones, y además despidos, en las plantas de Havanna, algunas enroladas en Pasteleros y otras en el STIA; también más de 350 despidos entre planta y distribución en Bimbo (Pilar); en la planta de Aceitunas Yovilar (La Rioja) quedaron 48 familias en la calle; 82 despedidos en el frigorífico Bertone (Rojas); cientos de suspendidos en distintas plantas de Arcor; también en Rejo (San Martín), Ricedal (Santa Fe) y una lista que sería interminable.
En 2017 siguió lamentablemente la pérdida de puestos de trabajo, como el caso de Agrana Fruit (Santa Fe) que quiere trasladar su planta a Corrientes dejando 60 familias en la calle; en Soriano (Chubut); en La Campagnola, el propio sindicato reconoció que “de 250 empleados efectivos que la empresa tenía hace un par de años hoy quedan 103” (Diario Los Andes), y encima siguieron despidiendo en los últimos meses; y aún hay conflictos abiertos en varias provincias.
Según un estudio estadístico del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), presentado en febrero de este año, “el rubro alimenticio se contabilizaron 7469 despidos y suspensiones en empresas como Cresta Roja, Havanna, Alco Canale y Cervecería Quilmes, Arcor, Nevares, entre otras”. Salvo Quilmes, el resto pertenece al gremio de la Alimentación.
¿Qué hubiera pasado si el Sindicato y la Federación convocaban un plan de lucha y un paro nacional para que no queden familiar en la calle? ¿Qué lo impidió? Esas son las preguntas que hay que hacerse.
Hay casos, sin embargo, en los que los despidos fueron enfrentados de manera contundente y se pudieron preservar los puestos de trabajo. Es el caso de Mondelez Victoria. Cuando en enero de 2016 se produjeron despidos, los trabajadores y la Agrupación Bordó impulsaron asambleas y medidas contundentes por la reincorporación. La empresa tuvo que retroceder. Los trabajadores vieron en ese método el camino para enfrentar la actitud de las empresas alimenticias desde que asumió Macri. Por eso en octubre de ese año eligieron a la Lista 2, opositora a la conducción de Rodolfo Daer, para conducir la comisión interna.
Claro que la misma situación se viene dando en otros gremios. Según reconoció el dirigente de la CGT Juan Carlos Schmidt, se han producido desde la asunción de Mauricio Macri cerca de 400 mil despidos. Han cerrado empresas gráficas, alimenticias, autopartistas, metalúrgicas, textiles, petroleras, comercios, frigoríficos, lácteas. Se trata de 400 mil trabajadores enrolados en gremios dirigidos por el sindicalismo tradicional, alineado con las distintas ramas del peronismo. Sin embargo, y a pesar de la enorme disposición de los trabajadores a defender sus puestos de trabajo, en la mayoría de los casos los empresarios y el gobierno pudieron cumplir sus planes. No ha habido de parte de las conducciones sindicales medidas a la altura del ataque que ha recibido la clase trabajadora.
Vale la pena hacer un repaso, para saber realmente quiénes enfrentan los despidos y quiénes no.
Los delegados y trabajadores de PepsiCo tienen una propuesta para evitar que las multinacionales y empresarios de la Alimentación se sigan saliendo con las suyas, como todos estos años. Llaman a la más amplia solidaridad para defender sus puestos de trabajo y lograr la reapertura de la planta. En la asamblea del martes 20, votaron “el llamado a la dirección del Sindicato de Trabajadores de la Industria Alimenticia (STIA), dirigido por Rodolfo Daer, para que llame al paro y que tome medidas de fuerzas del conjunto del gremio contra este cierre, mientras que exigimos a la Federación de Trabajadores de la Industria Alimenticia (FTIA) que tome medidas en la Provincia y en especial en la planta de Pepsico Snacks de Mar del Plata donde la empresa quiere llevar una parte de la producción de la planta Florida”.
Hay que poner todas las fuerzas para que la multinacional PepsiCo no deje 600 trabajadores del gremio de la Alimentación en la calle.