Un reciente informe del medio The Economist arrojó resultados que revelan que la región seguirá siendo una zona de protestas y movilizaciones. La crisis económica, gobiernos deslegitimados, el uso de las redes sociales, entre otros, son factores que comparten vario países y que preocupa a la prensa imperialista.

Gabriel Muñoz Licenciado en Historia
Sábado 14 de diciembre de 2019
Fiona Mackie es directora regional del diario The Economist y fue quien dirigió el estudio de la Unidad de Inteligencia. Afirma que desde el 2014: “América Latina es una bomba de tiempo esperando estallar”. Según Mackie los siguientes factores estarían conjugándose para conspirar contra la estabilidad y haciendo emerger el fantasma de las protestas sociales: los altos niveles de desigualdad, gobiernos ineficaces impopulares y la alta corrupción de los partidos tradicionales, serían las principales causas del estallido social vivido en países como Ecuador, Chile, Colombia y Bolivia. El estudió abarcó 18 países en donde Chile ocupa el puesto número seis.
Fin de la era “commodities” y la recesión mundial
Se trata de un estudio serio y científico principalmente por considerar l variable económica como el principal factor de las situaciones económicas. Si bien guarda diferencias cada país respecto a otro, sí hay elementos en común. Y el primero el estado de la economía regional. Todo el ciclo de protestas del 2019 son el producto del fin de la era de los commodities.
En el 2000 América Latina vivió un crecimiento económico bastante acelerado producto del alto precio de las materias primas. Ese ciclo trajo consigo la aparición de gobiernos de izquierda que aprovechándose en la renta de las materias primas para aumentar los subsidios, esto les permitió obtener apoyo de sectores no integrados al sistema. Fue el caso de Bolivia y Venezuela. En Chile el cobre, en Brasil y Venezuela el petróleo, en Bolivia el gas y en Argentina la soya, son ejemplos de eso. Sin embargo, ese “boom” tuvo corta duración pues en 2014 se estancó y nunca más volvió.
La crisis económica mundial de 2008 fue determinante en la caída de los precios de las materias primas y con ello el fin del ciclo latinoamericano. Esto aumentó los niveles de pobreza por el congelamiento y los cambios desfavorables en los términos de intercambio con otros continentes, amenazó a la clase media y encareció el sistema de vida. Producto de esto han aparecido gobiernos de ajuste que intentan privatizar servicios con el fin de alivianar la deuda pública, eso sí, a costa de los derechos de millones de sectores populares, trabajadores e indígenas.
La desafección de los sistemas parlamentarios ¿Hacia una crisis orgánica regional?
Como prometieron prosperidad y no pudieron cumplir los gobiernos de los 2000 iniciaron su lenta y trágica retirada, algunos por vía electoral (Chile y Argentina), o por golpes blandos (Brasil y Bolivia). En otras el mismo gobierno cambió de vereda, el caso de Lenin Moreno en Ecuador demuestra esto. Los nuevos gobiernos de derecha no asentados volvieron al poder, pero para aplicar planes de ajuste, el caso de Macri, Bolsonaro y Moreno. Esto los convirtió rápidamente en gobiernos sin apoyo.
Existe una desafección generalizada en la región con los sistemas de representatividad. Se piensa que los partidos tradicionales con representación parlamentaria son parte del problema y también un obstáculo. Ahí los presidentes logran sus agendas con total facilidad y también se fragua la corrupción. Si hay un descrédito de los regímenes y sus instituciones América Latina podría el 2020 entrar en una situación generalizada de crisis orgánica, una definición que hacía Gramsci para describir momentos en donde el poder estatal no logra encausar la voluntad de la población, pero la fuerza de la población aún no es suficiente como para derribar al poder instituido. Se trata de un problema de hegemonía. Los sectores sociales marginados de la toma de decisiones ha aumentado y con ello la protesta se ha transformado en la única vía realista para cientos de latinoamericanos. Y en diversos países han logrado ciertas victorias, como la salida de presidentes (Puerto Rico), nuevas constituciones (Chile) o hacer retroceder reformas (Argentina y Brasil)
Chile: de buen a mal ejemplo
Por casi 30 años Chile era el ejemplo citado por todos los gobiernos capitalistas para demostrar que un país del tercer mundo, con una economía rota en los años ’80, podía obtener crecimiento económico, sin endeudamiento estatal, e integrando a los sectores excluidos a la sociedad del consumo (endeudamiento familiar). Pero este 2019 la rebelión popular que se vive desde el 18 de octubre, la más aguda de la historia, ha demostrado que el modelo chileno acarrea penurias extendidas para todo el pueblo, pensiones de miseria, altos precios, salarios bajos, desprotección estatal en áreas de la salud y educación, producto de la alta presencia del sector privado. Chile vivía una “crisis económica” en los hogares obreros y populares que reventó este año y seguirá en pie.
Efecto contagio
Otra característica de la lucha de clases en el siglo XXI es su contagio. América Latina ha estado luchando en forma simultánea a las luchas de la juventud en Hong Kong y de la lucha del pueblo francés que aún perdura por medio de una huelga general. Las redes sociales permiten a los activistas aprender de combates que se dan a miles de kilómetros de distancia. Los jóvenes aprendieron técnicas de combate callejero de los enfrentamientos en Hong Kong y muchos miran a los obreros de Francia como un ejemplo de la estrategia capas de poner contra las cuerdas a un gobierno.
Y es que la única salida favorable para los pueblos en América Latina y el mundo es la entrada de la clase obrera y sus métodos en la escena nacional. El 12 de octubre en Chile hubo una huelga general que cambió la política interna del país. En Francia la huelga se ha prolongado y comienzan a emerger comités de organización de diversos sectores obreros y profesionales. La entrada de la clase trabajadora con paros, cortes y marchas es la única que podría deshacerse de la casta política de partidos burgueses y pequeño burgueses de los 18 países de la región e instalar por encima de ellos Asambleas Constituyentes libres y soberanas, en donde los trabajadores, jovenes, mujeres, campesinos e indígenas puedan deliberar libremente que tipo de sociedad construir. Este 2020 será la continuidad de las tendencias abiertas este 2019. Y será otra experiencia de las masas con sus Estados respectivos. Quienes conformamos La Izquierda Diario Chile luchamos por una huelga general que pueda derrotar las leyes represivas y el pacto constituyente de partidos tradicionales. Nuestra meta es construir un partido de la clase trabajadora y la juventud y luche por una Unión de Repúblicas Trabajadoras de toda América Latina que ponga fin al dominio imperialista y se base en el auto gobierno de los trabajadores y sectores populares.

Gabriel Muñoz
Licenciado en Historia