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Red Internacional
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Vendimia Obrera. Análisis de la industria vitivinícola: su realidad y la nuestra

Esta crisis no afecta a todos por igual. Tras la asunción de Massa como superministro de economía, los empresarios bodegueros piden un régimen especial de exportación y eliminar las retenciones para seguir asegurando sus negocios. Después de la noticia de que el sector del agro sojero logró que el gobierno otorgará un “dólar soja”, los bodegueros salieron a presionar para obtener el mismo beneficio conocido como “dólar vino”, que implica un aumento del 40% del valor de esa moneda.

Martes 27 de septiembre de 2022 00:00

Foto: MDZ

Como lo reconoció Zuccardi, a pesar del cambio de gabinete que se dio con la llegada de Sergio Massa, continuarán con las tratativas iniciadas con -quien era Ministro de Producción- Daniel Scioli. Muestras de ello son los anuncios un día después de la asunción del ahora superministro, quien entre distintas medidas de ajustes y tarifazos, informó de la promoción a través de un decreto de necesidad y urgencia, de regímenes especiales para los sectores de agroindustria, minería, hidrocarburos y a la economía del conocimiento. Medidas como estas más la expectativa devaluatoria favorecen a quienes exportan, pero perjudicarían al conjunto de los trabajadores y el pueblo ya que encarecería todos los bienes que consumimos acelerando aún más la inflación. Con esto el presidente Alberto Fernandéz y Cristina Kirchner, quienes decían que “volvía el asado e iban a llenar la heladera de los laburantes”, demuestran para quiénes gobiernan.

Para presionar más aún, los empresarios levantan el fantasma del desabastecimiento de vino. Sin embargo, los mismos bodegueros señalan que “la mayor parte de los insumos son de fabricación nacional. La falta de botellas hoy no es un problema”, señaló Zuccardi. Incluso desde el mismo INV se señala que el stock de vino rondaría los 5 meses.

Veamos, ¿de qué se quejan los bodegueros?

Durante el 2021, los empresarios ganaron grandes fortunas con la exportación. El vino fraccionado aumentó traccionando al sector, que a pesar de una merma en los despachos de vino a granel y mosto, el sector vitivinícola tuvo un crecimiento del 10% de sus ventas en dólares.

Desde otro punto de vista, analizando la propia información de algunas de las principales bodegas de Argentina, podemos analizar cuales son las enormes riquezas de estos grandes pulpos bodegueros. Veamos dos ejemplos:

Según datos publicados por Los Andes el 16 de mayo, si tomamos al grupo Moët Hennessy Argentina (integrado por Chandon, Baron B y Terrazas de los Andes) durante el 1° de julio de 2022 y el 30 de junio de 2021 facturó $7805 millones de pesos. Si sólo contemplamos el margen de ganancia (declarada) de esa facturación, que en la industria vitivinícola se considera de un 5%, podemos ver que la ganancia neta de este grupo en este periodo fue $390 millones. Esto equivale a unos 7532 sueldo iniciales.

Otro ejemplo es el del grupo Trivento Bodegas y Viñedos, donde el propietario y principal accionista es la chilena Viña Concha y Toro S.A. En este caso, la facturación proyectada para 2022 es de una suma de u$s 68.669.137 (unos $9133 millones de pesos al cambio oficial). Si hiciéramos el mismo ejercicio de ganancias, la ganancia es de $456 millones. Esto equivale a unos 8806 sueldo iniciales.

Estos números contrastan fuertemente con los sueldos de los trabajadores de viña y bodega que no llegan ni a cubrir la canasta básica.

Los grandes empresarios, el puñado de dueños de los grandes pulpos bodegueros, esos 20 grupos económicos que controlan el 90% de la vitivinicultura, se reúnen todo el tiempo. En sus reuniones y fiestas se codean con funcionarios y definen el valor de nuestros sueldos. Definen cuánto vamos a tener que trabajar, cuál es el valor de la uva y del vino. Sientan en sus mesas al gobierno de turno para solicitarles subsidios y múltiples beneficios. Son los verdaderos planeros y una parte relevante del poder de Mendoza.

La concentración y extranjerización de la vitivinicultura en las últimas décadas ha creado pulpos que obtienen ganancias extraordinarias a costa de pagar sueldos miserables para sus trabajadores, arruinar a los pequeños productores y convertir a las provincias en sus estancias privadas. Nacionalizar esos grandes grupos bodegueros, con una gestión obrera, permitiría la constitución de una gran bodega estatal administrada por sus propios trabajadores, que podría coordinar el trabajo entre las bodegas y los productores, planificando democráticamente entre trabajadores, contratistas, chacareros, ingenieros y técnicos, la mayor parte de la producción vitivinícola.

Unir la la fuerza de los de abajo para conquistar un gobierno de los trabajadores nos permitiría avanzar en estas medidas, que acompañadas de otras como la nacionalización de los bancos, los recursos naturales y el comercio exterior, posibilitaría que sean los propios trabajadores vitivinícolas quienes definan por ejemplo: cómo reducir la jornada laboral sin reducir los salarios para crear más puestos de trabajo y tener más tiempo a disposición de la vida y nuestras familias, en qué condiciones desempeñar las tareas y cómo deberían ser los sueldos en función de las necesidades familiares y los objetivos de la producción (evitando que las ganancias queden en manos de un puñado), cómo pagar y apoyar a los pequeños productores agrícolas para evitar que pierdan sus fincas y viñedos, como mejorar en forma socialista la eficiencia y calidad de la producción y del acceso a un consumo más sano y gratificante para las grandes mayorías que hoy están privadas de esa posibilidad, cómo producir sin contaminar el medioambiente y optimizar el uso del agua que hoy se desperdicia con sistemas de riego obsoletos e insostenibles frente al cambio climático.