Las autoridades hicieron caso omiso de la desaparición de Maricela Escorza, mujer indígena. Urge organizarnos.
Maestra Teresa Aguilar Maestra de secundaria, Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase
Jueves 1ro de abril de 2021
Nos encontramos en ese punto en donde organizarse ya no es una opción sino una necesidad. La violencia que ejerce o solapa el estado sobre la población más vulnerable cada vez es más brutal. Somos las mujer parte de la población más oprimida.
Por ello debemos alzar la voz, organizarnos para repudiar la violencia feminicida ante casos como el de Victoria, inmigrante salvadoreña asesinada por la policía en Tulum, Quintana Roo; o como en el caso de Maricela Escorza Salazar, mujer indígena de la comunidad otomí de 16 años de edad, cuya desaparición y muerte no está esclarecida; o los de tantas y tantas mujeres a las que les han arrebatado la vida.
El Colectivo Juvenil Intercultural "Nuestras Voces" publicó en Facebook el caso de Maricela, reportada como desaparecida por sus familiares el pasado 21 de marzo, quienes pidieron ayuda a las autoridades judiciales. Luego de cuatro días, Maricela fue reportada muerta y, aunque se dijo que había sido atropellada, se encontraron señales de violencia en el cuerpo que el Instituto de Ciencias Forenses (INCIFO) presentó a la familia, ordenando su reconocimiento sin permitirle saber si era efectivamente el de Maricela, como denuncia el boletín de prensa del Consejo Nacional Indígena del 30 de marzo de 2021.
Las marcas en el cuerpo apuntan a que pudo haber otras razones que llevaron al deceso del cuerpo encontrado, pero esto no fue causal para que el Ministerio Público investigara el caso. No fue hasta que organizaciones de derechos humanos solicitaron mayores elementos de identificación para la familia, que les permitieron ver de nuevo el cuerpo y les dieron acceso a los videos donde se muestra el accidente ocurrido.
La actitud de no involucrarse en la investigación para esclarecer la muerte y la presión ejercida sobre la familia para que declararan que el cuerpo era el de Maricela, lanza un mensaje a las mujeres acerca de que nuestra vida es desechable, sobre todo si somos trabajadoras, indígenas, migrantes.
Las mujeres sufrimos violencia, no sólo por cuestión de género, ya que las que somos trabajadoras, estamos doblemente explotadas y oprimidas, y si pertenecemos a una comunidad indígena, todavía más, pues se nos niega el acceso a la salud, a la educación, a la justicia. Es por eso también que la violencia ejercida contra las mujeres pobres, migrantes, que no tienen a nadie que reclame por sus vidas, es cuestión de género y de clase; es por eso que el asesinato de Victoria Salazar, a manos de la policía, es también un feminicidio.
Por una vida en donde todas y todos caminemos sin miedo. Te invitamos a organizarte con la Agrupación de Mujeres Pan y Rosas.
¡Justicia para Maricela y Victoria!