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SEGUNDO CONGRESO DEL MTS. Ante la era Trump: izar bien alto la bandera del antimperialismo

Del 19 al 21 de noviembre sesionó el 2º Congreso del Movimiento de los Trabajadores Socialistas, sección mexicana de la Fracción Trotskista-Cuarta Internacional, en la Ciudad de México. El Congreso estuvo enmarcado por el terremoto político que implicó el triunfo de Donald Trump en las elecciones recientes.

Bárbara Funes

Bárbara Funes México D.F | @BrbaraFunes3

Miércoles 23 de noviembre de 2016 00:00

Este Congreso significó un importante acontecimiento de colaboración internacionalista, pues contamos con la presencia del camarada Juan Cruz, quien realizó un informe por parte de nuestra publicación hermana de habla inglesa Left Voice y fue invitado a participar en las discusiones del Congreso.

La primera jornada del Congreso se abocó al análisis de la situación internacional. En primer lugar, se destacaron las diferencias entre la crisis económica de 1929 y la actual, abierta en 2008, que se caracteriza por el estancamiento económico que persiste a través de los años.

Esta crisis tuvo consecuencias políticas como el Brexit, que implicó la salida del Reino Unido de la Unión Europea y posteriormente con el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos, hechos que implicaron profundos terremotos políticos en la situación internacional.

Se generó así un contexto de incertidumbre dado el choque de intereses de la fracción hegemónica del capital financiero y trasnacional, que apoyó a H. Clinton y que busca mantener la globalización, con las tendencias estructurales a la retracción del comercio mundial y políticas proteccionistas como las que expresa el programa económico de Donald Trump, quien busca una mayor regulación del comercio de ese país con el exterior.

Analistas internacionales comparan la victoria de Trump con la llegada al poder de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, quienes llevaron adelante la salida del proteccionismo a la globalización como “solución” a la crisis abierta en la década de 1970. Desde entonces se produjo una reconversión de enormes regiones rurales en zonas industriales, como en China, India, Brasil y México, que llevó a la reconfiguración de la clase obrera internacional en general y al interior de estos países en particular.

Se produjo una relocalización industrial que benefició a las trasnacionales y generó condiciones de vida brutales para la clase trabajadora y los sectores populares a nivel internacional. En países centrales, como Estados Unidos, primó el cierre de empresas y la pérdida de conquistas laborales. En países “emergentes”, como México, primó un desarrollo de la industria en determinadas ramas que explota a gran escala a una nueva clase trabajadora a través de la imposición de salarios muy bajos, extensas jornadas laborales y la subcontratación (outsourcing).

Consideramos que hoy el proyecto del neoliberalismo como “gran empresa” capitalista entró en crisis y se abre una situación preparatoria. En este sentido, se llegó a la conclusión de que el ascenso de Donald Trump no implica un cierre de la lucha de clases, sino que ante la polarización social que está en curso, podemos asistir en el próximo periodo a nuevos fenómenos políticos progresivos y otros, reaccionarios.

Se agitan las aguas en Estados Unidos

A su vez, en relación a las elecciones estadounidenses, se planteó que expresaron la crisis del bipartidismo en el gigante del norte. Fue muy baja la participación de votantes registrados: 47% de las personas que podían emitir su voto no lo hicieron.

Según analistas, en realidad no ganó Donald Trump sino que perdió Hillary Clinton. Esto se expresa por ejemplo en que 50% de los votantes de Trump están en contra de la misoginia y el machismo de los que hace gala el magnate.

A su vez, afroamericanos y latinos concurrieron menos a votar que en las últimas elecciones. Por ejemplo, en el caso de Detroit, donde el 80% de los habitantes son afroamericanos, sólo el 30% de este sector de la población acudió a emitir su voto. Lo que flota en el aire es un sentimiento anti establishment que capitalizó Donald Trump, ante la subordinación a la cúpula del partido demócrata por parte de Bernie Sanders –quien de competir en la interna demócrata contra H. Clinton enarbolando un discurso tibiamente “socialista” que entusiasmó a muchos, pasó a plantear ahora que podría colaborar con el presidente electo.

En cuando a la situación de la clase obrera, en Estados Unidos hay un retroceso sostenido de casi cuatro décadas: el nivel de sindicalización de la clase trabajadora apenas llega al 7.6%, y se produjo una baja sostenida de ingresos en los sectores populares. A su vez, las administraciones han ido recortando beneficios, pensiones y seguros de salud para la clase obrera sindicalizada.

Se ven así algunos elementos similares a la situación de las trabajadoras y los trabajadores en la década de 1930, que fueron elementos que detonaron una ola de huelgas salvajes por mejores condiciones laborales y el derecho a la sindicalización. En este sentido, se planteó como una hipótesis posible un reanimamiento de las luchas obreras.

Como elementos más dinámicos de la lucha de clases que posibilitaría un escenario así, se plantearon los fenómenos de Occupy Wall Street y el movimiento de los afroamericanos contra la brutalidad policial, así como la campaña por el aumento de salario a 15 dólares la hora. Y ahora, la emergencia del movimiento anti Trump, protagonizado por jóvenes.

Por último, en relación a la izquierda, luego del triunfo de Donald Trump 2,500 personas se han afiliado al proyecto político de la revista Jacobin, expresando un salto en la politización en ese país y un proceso similar de afiliaciones, aunque en menor escala, se ha producido en grupos de la izquierda radical, como en el caso de Socialist Action. Este escenario muestra que existen condiciones para la emergencia de la izquierda en el corazón del imperialismo estadounidense.

Unidad de la clase trabajadora al norte y al sur del río Bravo

En consonancia con las conclusiones del debate en torno a la situación internacional, este Segundo Congreso resolvió por unanimidad la elaboración de un programa anti imperialista que dé salida a la crisis actual.

Frente al triunfo de Trump, así como ante el enfrentamiento entre las alas proteccionistas y las “globalizadoras” de la burguesía, se concluyó que es urgente dar una postura independiente y antiimperialista a favor de la clase trabajadora y el pueblo pobre a ambos lados de la frontera. Y levantar un programa para que la crisis no la paguen los trabajadores sino los imperialistas y sus socios nativos en México que fueron quienes la provocaron.

Esto implica denunciar y llamar a luchar contra la recolonización y la opresión imperialista sobre México, que se basó en la imposición de tratados comerciales y acuerdos económicos, políticos, diplomáticos y militares.

Contra el discurso de “unidad nacional” o de defensa de un “mercado nacional” en México, este programa tendrá como eje central la lucha por la unidad de la clase obrera, las mujeres y la juventud a uno y otro lados de la frontera. Partirá de explicar que la degradación de las condiciones de vida y de trabajo son consecuencia de la superexplotación que ejercen las transnacionales y el gobierno imperialista de Estados Unidos contra los trabajadores mexicanos y contra sus propios trabajadores.

Y también contra la “integración” imperialista que sostienen los “globalizadores” que representan los intereses del capital hegemónico, planteamos la necesidad de que la clase obrera y los oprimidos debemos luchar por una salida propia. Sólo una federación de repúblicas socialistas de América del Norte, Centroamérica y el Caribe puede terminar con la explotación de millones de asalariados y poner los vastos recursos del continente al servicio de los intereses del conjunto de la sociedad.

A su vez, se resolvió impulsar una estrecha colaboración internacionalista entre el comité editorial de Left Voice y La Izquierda Diario México, ambas son parte de nuestra Red Internacional de diarios, para dar cuenta del movimiento anti Trump, así como de las implicancias para la clase trabajadora y los sectores populares de las medidas que prometió llevar a cabo encabezando el próximo gobierno estadounidense. Entre éstas tendrá un lugar destacado tanto la cuestión migrante, como la situación de la clase trabajadora de ambos países. Para presentar una clara alternativa de la izquierda ante la crisis en curso.

Por último, se resolvió impulsar una gran campaña antiimperialista, contra la precarización laboral y las deportaciones, llamando a las organizaciones sindicales, populares, democráticas y de izquierda a realizar mítines y actividades concretas de este lado de la frontera, en solidaridad con los migrantes.