Semanas atrás el presidente de la Cámara parecía imbatible. Hoy Cunha aparece acusado en varias denuncias de corrupción, aislado en su propio partido, de la oposición y su futuro político en riesgo.

Leandro Lanfredi Trabajador petrolero | Rio de Janeiro
Sábado 25 de julio de 2015
Semanas atrás el presidente de la Cámara parecía imbatible. Señor de los destinos de la política nacional, quien podría, en última instancia, sellar los rumbos del gobierno de Dilma. Buscando exteriorizar su responsabilidad en los ataques a los trabajadores y las medidas conservadoras, el gobierno de Dilma y diferentes analistas que la apoyan, señalaban el ascenso imparable de una "ofensiva conservadora" y a Cunha como su líder. Hoy Cunha aparece acusado en varias denuncias de corrupción, aislado en su propio partido, de la oposición y su futuro está en riesgo. Al contrario, esos análisis interesados deberían reconocer que esta "ofensiva conservadora" puede situarse ya en la etapa del lulismo, momento en el que Cunha, Feliciano y otros aliados "fueron creciendo", aumentando su presencia en la política nacional.
En este artículo analizábamos que poder del ex articulador de Collor y ex evangélico provenía no de sus fortalezas sino de la debilidad de los otros; planteábamos que además de un "buen kit" de artimañas a la Frank Underwood de la serie House of Cards, su fuerza provenía de la debilidad del PT y que por más fuerte electoralmente que estuviese el PSDB, este partido no contaba con fuerza para imponerse. De este "empate" provenía la fuerza del PMDB y los pactos y acuerdos de todo tipo se fortalecían.
Al verse involucrado en la operación Lava-Jato, el presidente de la Cámara y tercero en orden en la sucesión presidencial, apareció atacando todo y a todos. Atacó al juez Moro, al procurador general de la República, Janot, acusándolo de estar al servicio del gobierno de Dilma y de “plantarlo” en el proceso. No contento con todo esto, rompió públicamente con el gobierno declarándose opositor no solo del petismo sino de su propio partido, el PMDB, de donde surgieron voces exigiendo su renuncia, como la de Jarbas Vasconcelos (diputado por Pernambuco). Uno de los gobernadores del PMDB férreo opositor al gobierno de Dilma, Hartung de Espíritu Santo, declaró que se escuchaban "voces de insensatez" en el parlamento en una crítica indirecta a Cunha.
De Río de Janeiro, de donde proviene Cunha, el gobernador Pezão, también del PMDB, fue aún más claro. Afirmó que la actitud de Cunha "no suma nada" y que la posición del partido es la de "seguir al presidente del partido Michel Temer". Un aliado de Cunha, importante en el movimiento “Aezão” responsable en la campaña electoral por la división en el apoyo al gobernador de Pezão y el voto a Aécio y líder del PMDB en la Cámara, Picciani también de Río, declaró que no acompañaría a Cunha en esta "ruptura". Aislado, Cunha buscó divulgar en el diario O Globo los whatsapp del apoyo que Cabral, Pezão y Paes le habrían enviado. El apoyo del ex-gobernador Cabral es algo tan deseado en el mundo político presente como el de Dilma. Este intento de presentarse respaldado para alguien que se mostraba todopoderoso, pone en evidencia la debilidad del diputado.
Bajo ataque y aislado se le plantea una encrucijada: ¿será el nuevo Roberto Jeferson o el nuevo Severino Cavalcanti quien hizo mucho ruido pero desapareció de la política nacional sin ningún impacto? ¿Asumirá sus responsabilidades y buscará llevarse a otros con él, como hizo el primero, aumentando la crisis política nacional, o después de un rápido ascenso este representante del "bajo clero", como Severino, puede volver a ser un desconocido sin dejar grandes secuelas?
De todos modos algo ya queda claro del ascenso meteórico de Cunha, además de la combinación de factores que le dieron espacio, no cuenta con ninguna base de sustentación real; quedan en claro su astucia y la soberbia con la que trató a sus oponentes e incluso aliados. Estas "cualidades" individuales eran una fortaleza en su ascenso pero son justamente un motivo para su mayor aislamiento y caída. Cunha parece no haber aprendido mucho del ex-gobernador de su Estado que se auto promocionaba vice-presidente en la lista de Dilma, destronando a Temer, hasta que se dieron las Jornadas de Junio y su popularidad quedó por el piso. Tampoco parece haber aprendido nada de un proverbio bíblico, de sus tiempos como evangelista, que advierte, "antes de la ruina, viene el orgullo y antes de la caída la presunción". (Proverbios 16:18).
¿Será este su final? ¿Por qué camino optará en su crisis? ¿Roberto Jeferson o Severino? ¿O alguna combinación de estos personajes con nuevas y arriesgadas maniobras opositoras en medio de las denuncias de corrupción contra si mismo? Algo es seguro, además de francotirador, aportará más elementos que compliquen la ya compleja y dinámica situación política nacional.