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Red Internacional
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Asamblea Constituyente CDMX. Anticapitalistas a la Constituyente y las tareas de la izquierda socialista

A pocos días de la elección a la Asamblea Constituyente, Anticapitalistas a la Constituyente es el hecho novedoso de esta campaña electoral.

Jimena Vergara

Jimena Vergara @JimenaVeO

Pablo Oprinari

Pablo Oprinari Ciudad de México / @POprinari

Miércoles 25 de mayo de 2016

Estamos a pocos días de la elección a la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México. En otras circunstancias, esta elección hubiera sido sólo una pasarela de los partidos del Congreso.

Sin embargo, la candidatura por parte de Anticapitalistas al Constituyente -fórmula impulsada por el Movimiento de los Trabajadores Socialistas y encabezada por Sergio Abraham Méndez Moissen y Sulem Estrada- es un hecho novedoso. Por primera vez en décadas, una candidatura obrera y socialista irrumpe en el panorama electoral del país con una propuesta política alternativa a los partidos al servicio de los empresarios.

Esto –la participación electoral de la izquierda socialista– no puede ser vista como un fin en sí mismo. Es parte de la actividad para fortalecer una perspectiva distinta en el movimiento obrero y la juventud. Eso implica considerar los procesos políticos y sociales, así como las direcciones emergidas en los últimos años.

Un nuevo momento de la lucha de clases

El nuevo siglo transitó sus primeros años hacia el “fin del neoliberalismo”, la crisis económica del 2008 y la emergencia de nuevos procesos de la lucha de clases como la primavera árabe en el Magreb africano, que tuvo su correlato en una virtual revuelta juvenil a nivel internacional: desde los indignados españoles hasta la “juventud sin miedo” en Chile. En México, podemos decir que del 2011 al 2015, emergió un nuevo ciclo de la lucha de clases: el movimiento contra la militarización, el #YoSoy132, la lucha magisterial y el imponente movimiento por la aparición con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Protagonizados por jóvenes, en su mayoría estudiantes tanto de las clases medias ilustradas como de la juventud precaria, pero también por sectores de trabajadores y las clases medias, dichos movimientos tuvieron su epicentro en la Ciudad de México. No es un hecho menor que los candidatos de la Formula #5 fueran parte activa de estos procesos.

Esta generación se encuentra hoy en una encrucijada. O se hace fuerte una perspectiva revolucionaria y con independencia de clase, que articule la lucha con la necesidad de que la juventud y los trabajadores pongan en pie su propia alternativa política o ir tras una nueva mediación surgida de las entrañas del PRD: el Morena.

Morena

En el 2015, el Morena emergió como la novedad en el panorama nacional y en particular en la zona metropolitana. Allí, donde estuvo el centro de las movilizaciones del #YoSoy132 hasta los cientos de miles que salieron a las calles por los normalistas de Ayotzinapa. El Morena se convirtió en la alternativa elegida por millones para mostrar su descontento frente al régimen político y la “narcopolítica”, más aún cuando las direcciones populistas y reformistas que encabezaron las movilizaciones mencionadas sostuvieron una estrategia política que evitó que las mismas pudieran cambiar de forma sostenida la correlación de fuerzas frente al gobierno y el régimen político.

La fuerza liderada por Andrés Manuel López Obrador (AMLO), aunque mantiene un discurso de oposición, evidencia seguir los pasos del viejo PRD. Ha incluido en sus listas electorales a empresarios y ex integrantes del PRI y el PAN, reciclando a los mismos políticos parásitos al servicio de los capitalistas, dándoles una “segunda oportunidad”. Esto es consecuencia de una estrategia centrada en reformar y democratizar las instituciones de forma ultra limitada, apelando para ello a integrar a sus filas a personeros de la “mafia del poder” que el mismo AMLO pretende combatir.

Morena, al no cuestionar hasta el final el carácter de este régimen al servicio de las transnacionales, no puede dar una respuesta integral a las aspiraciones de cambio del pueblo trabajador y la juventud.

Las perspectivas para construir una alternativa socialista

Quienes impulsamos Anticapitalistas al Constituyente somos parte de una organización socialista e internacionalista. En el pasado, cuando la mayoría de la izquierda se adaptó a las variantes democráticas del régimen, al reformismo y populismo, mantuvimos una perspectiva revolucionaria. Eso nos permitió, ante nuevas oportunidades de la lucha de clases, ser parte de los distintos movimientos protagonizados por la juventud y los trabajadores; desde el #YoSoy132 hasta la lucha por los 43 estudiantes y la heroica resistencia magisterial, en los que confluimos con jóvenes, estudiantes y trabajadores.

Como ya planteamos, queremos llegar a la Constituyente para defender los derechos de los trabajadores, las mujeres y la juventud, y plantear -también en ese terreno- la necesidad de ampliarlos, conscientes de que los derechos laborales y democráticos se conquistan en las calles.

A la vez, nuestra participación electoral está puesta al servicio de una tarea clave. A los miles que reciben las propuestas de los anticapitalistas, les proponemos construir una nueva fuerza política en México. Para eso, es fundamental asumir una perspectiva de independencia de clase. Esto implica, en primer lugar, criticar la estrategia política -centrada en la reforma del régimen actual- de la dirección lopezobradorista y otras alternativas de centroizquierda, sean “partidarias” o “ciudadanistas”, y un diálogo profundo con las aspiraciones de cambio de los miles de trabajadores y jóvenes que confían hoy en AMLO, para convencerlos de asumir una perspectiva de transformación radical del actual régimen económico, político y social.

La emergencia de una organización revolucionaria en México solo podrá hacerse ganando a muchos trabajadores y jóvenes que fueron parte de los movimientos de lucha más importantes de los últimos años, y que hoy simpatizan con la dirección de López Obrador.

Eso implica también la lucha estratégica con las direcciones del movimiento obrero que se reclaman democráticas, pero llevan a los trabajadores a confiar en los partidos “opositores” que son parte del régimen político. La pugna contra la subordinación del movimiento obrero es una tarea histórica en México y es imprescindible para construir una organización que no sólo de peleas en el terreno sindical, sino que tome la tarea de edificar un nuevo movimiento obrero, clasista y revolucionario.

Por eso, nuestra actividad política está puesta al servicio de que nuevos sectores de trabajadores y de jóvenes abracen las ideas socialistas, cuyo objetivo estratégico es acabar con el capitalismo, imponer un gobierno de los trabajadores y construir una sociedad sin explotadores ni explotados.

La clase trabajadora y el pueblo de México se merecen una nueva organización socialista y revolucionaria, que se prepare para sacudir a México desde sus cimientos.


Jimena Vergara

Escribe en Left Voice, vive y trabaja en New York. Es una de las compiladoras del libro México en llamas.

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