Las cifras del empleo en Antofagasta son preocupantes. Desde los gremios empresariales a sindicatos de trabajadores ven que la zona entra a una degradación de la economía: despidos, hambre y miseria son parte de la receta que mantiene el gobierno a la ciudad, mientras la minería se vuelve millonaria.

Sebastián Castro Director Colegio de Periodistas Antofagasta
Domingo 30 de agosto de 2020
El mercurio en su edición del 29 de agosto declaraba que: “Hay que retroceder hasta la crisis económica de 1982 o el crash bursátil y posterior desplome de la industria salitrera de 1929 para encontrar un momento similar en la Región de Antofagasta”.
La zona pasa por una crisis económica de grandes proporciones. Por una parte no se sabe con certeza el futuro de los trabajadores suspendidos, quienes además ni siquiera son considerados dentro de los análisis del Instituto de Estadísticas. Son un verdadero número en el aire.
Por otro lado el desempleo sigue al alza y ya se encuentra afectando a uno de cada 3 Antofagastinos.
Los pequeños comerciantes se han arruinado, y a pesar de que el principal gremialista de la asociación de empresarios jugó un rol reaccionario en la revuelta de octubre, no dejan de ser ciertas sus palabras de que hoy son -para el desmedro del trabajador- el sector más golpeado por la crisis.
En Antofagasta existe una fuerza de trabajo de un gran porcentaje de la población, sin embargo, los ocupados no superan los 268.560 frente a los 53.430 ocupados informales, 40.140 desocupados y 236.120 inactivos.
Con ribetes históricos, los desocupados hoy se elevan a un 31% de la población. Siendo hoy una de las zonas más golpeadas a nivel nacional, pero con una irrisoria minería que continúa creciendo.
La crisis sanitaria y sus consecuencias se mantienen para la preocupación de todos. Hoy son 13.372 los adscritos a la ley de protección del empleo.
Los ocupados disminuyeron su cantidad en 16,4% en doce meses y la participación laboral apenas llega a la mitad con un 56,7%.
Los mineros han sufrido también con la pandemia. Si bien son un sector que mantuvo la producción y aumentó utilidades, existieron 15.200 despidos en un año a diferencia de los 19 mil desocupados en el comercio local según consignó El Mercurio de Antofagasta en su edición del 29 de agosto.
Esto solo muestra que se necesita mas que nunca poder encausar estos problemas en organizar el descontento exacerbado por las consecuencias de la pandemia y la importante crisis económica a la que nos adentramos. Debe ser mediante el impuesto progresivo a las grandes fortunas, el poder asegurar derechos mínimos. Poner fin a los despidos e instalar un programa de emergencia ante la crisis sanitaria, que contemple salidas de fondo al problema de la salúd pública en Chile.
Acabar con los trabajos no esenciales como la minería es clave, para dejar de pagar la crisis con despidos y mayores tasas de contagios y muertes.

Sebastián Castro
Periodista Audiovisual