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Red Internacional
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DEBATES. Apuntes sobre los “populismos” y el fascismo

El inesperado Triunfo de Trump en las elecciones norteamericanas, reabre grandes debates, entre ellos sobre los "fenómenos populistas", en especial en el Estado español.

Federico Grom Barcelona | @fedegrom

Miércoles 16 de noviembre de 2016

Muchos han sido los que han utilizado el término de "populismo" para definir los nuevos fenómenos políticos, tanto de izquierdas como de derechas, que ha dado la crisis capitalista en especial en los países centrales. Estos son de signo tan opuesto como Podemos, tal como se autodenomina el propio Iglesias como “populismo de izquierda”, el Brexit, o el recientemente presidente de los Estados Unidos, Trump, al que se le denomina “populismo de derechas”.

Iglesias ya dejó claro las diferencias entre uno y otro, respondiendo al lugar común del argumento de que los extremos se tocan “No por repetido es menos ridículo ese argumento” “Trump no está cerca de Sanders, está cerca de las políticas migratorias de Bush y de la Unión Europea. Trump, multimillonario, está cerca del mundo construido por los presidentes que le precedieron, incluido Obama, que dejaron a la intemperie a las clases populares americanas”.

A pesar de ser un concepto difícil de definir por lo amplio de su espectro todos los llamados “populismos” tienen una serie de elementos comunes.

Si los populistas con los que debatiría Lenin en los albores del marxismo ruso, se centraban en su ideario en el campesinado y el mundo rural. Los actuales populistas tienen como eje los habitantes de las ciudades (ciudadanía). En ambos casos una amalgama de sectores de trabajadores y pequeños propietarios, junto a algunos no tan pequeños.

Tanto ayer como hoy, la discusión con los populistas versa sobre cuál es el rol que se le asigna a la clase obrera en la transformación de la sociedad. De conjunto los populistas se presentan como los portavoces del “pueblo”, distinguiendo a este de una “elite” política.

Este tipo de relato ignora que lo fundamental en la sociedad capitalista es que el poder de la clase dominante, y su posición jerárquica en la sociedad, se basan en la propiedad de los medios de producción y la acumulación de capital. La “clase” o elite política y el Estado capitalista son sólo, en este sentido, los instrumentos que sirven a los intereses comunes de esta clase dominante.

El hecho de que la retórica populista sea ajena a un análisis de clase de la sociedad y a una estrategia para la lucha de clases –más allá de discursos demagógicos sobre la clase obrera- permite que muchas de sus críticas al sistema político y sus propuestas, puedan ser defendidas por movimientos de izquierda a la extrema derecha.

Bajo estos parámetros discursivos, los populistas, tanto en sus variantes de derecha, como de izquierdas, no proyectan una superación del sistema capitalista.

Otra característica del populismo es la importancia de sus líderes, siempre unipersonales, incluso más allá de sus propias organizaciones.

En condiciones de relativa estabilidad política y económica mundial, a los gobiernos de tipo populista se les asocia a países semicoloniales. En parte porque en su fuerte dependencia del capital extranjero, su burguesía nacional es relativamente débil frente a su proletariado nacional. Este equilibrio, llevó a muchos movimientos nacionalistas burgueses a asumir un discurso y una política populista. Esta es la forma de negociar en mejores condiciones con los capitales imperialistas y sus representantes, la participación de los negocios de la clase dominante nacional.

Sin embargo, la crisis económica y política sin precedentes en los últimos años, hizo añicos la fortaleza política de la que gozaban los países centrales en el anterior periodo y abrió, lo que Pablo Iglesias llama “un momento populista”, tanto en EEUU, como en Europa. De las que además de Trump, señala a Marine Le Pen y a su propia organización en el Estado español.

Sin dudas el populismo de derecha y el fascismo tienen varios puntos de conexión en especial a sus aspectos discursivos. Sin embargo Trump, no es aun fascismo aunque Pablo Iglesias sostenga que este es fascista. Parafraseándolo, el “momento fascista” llega como la última opción de la burguesía para frenar a su proletariado en auge, exterminándolo físicamente si es necesario. Aún no ha llegado ese momento, aunque personajes como Trump abonan estas salidas reaccionarias, dividiendo a la clase obrera en líneas raciales y nacionales.

Como decía Trotsky “El fascismo, como sabemos, nace de la unión de la desesperación de las clases medias y de la política terrorista del gran capital”, terrorismo empleado contra la clase trabajadora y sus organizaciones. Y sin duda estos utilizaron y utilizaran una retórica populista de derecha.

La única forma de evitar que ese populismo de derecha transmute en fascismo por la necesidad de la burguesía de mantener sus privilegios como clase a toda costa, cuando sus esclavos modernos amenazan con dejar de serlo, no es un populismo del signo inverso. Manteniéndose dentro de los límites del capitalismo jamás se podrá asegurar la derrota del fascismo.

Solo la organización de la clase obrera tomando las reivindicaciones del pueblo pobre y oprimido y peleando por una perspectiva anticapitalista y socialista puede combatir con la posibilidad de vencer las perspectivas reaccionarias que la burguesía en su decadencia nos depara.