Van 13 días de una histórica crisis social que ha sacudido el país. Valparaíso no ha estado exento de la rebelión y protagonizó enormes manifestaciones, con hechos inéditos como rodear el congreso nacional. Instancias de coordinación, asambleas masivas y lucha en las calles han sido la tónica. Pero en cada uno de estos pasos ha habido una intensa lucha política viva. Queremos contribuir a este debate

Antonio Paez Dirigente Sindicato Starbucks Coffe Chile
Viernes 1ro de noviembre de 2019
Hay momentos en la historia en que pocos días pueden voltear décadas. Así lo plasmó el escritor John Reed en su célebre libro “10 días que estremecieron al mundo”, donde en un pequeño texto relata la Revolución que se vivió en octubre de 1917 en Rusia.
Al igual como lo plasmara John Reed, lo que se está viviendo en Chile pareciera ser una rebelión que partió por 30 pesos, pero que rápidamente se transformó en un rechazo a los últimos 30 años.
En estos poco más de 10 días que han estremecido Valparaíso nadie ha quedado ajeno la explosión social que se vive en el país.
Los primeros días al encender la TV parecíamos ser espectadores de una revuelta a la distancia, pero bastaron sólo algunas horas para que desde los cerros cantaran las ollas contra la represión que se vivia en la Capital.
El día sábado Santiago ya se encontraba resistiendo la presencia militar en las calles, y el Puerto despertó con rabia e impotencia que se volcó a las calles. Las convocatorias a evadir el Metro se encontraron con una provocadora presencia policial en cada estación, desatando la ira popular. Cada esquina se volvió un espacio de lucha. Piñera y el gobierno no previeron el despertar de un gigante dormido que salió sin miedo y con la convicción de voltearlo todo.
Marchas improvisadas chocaron contra las Fuerzas Especiales quienes se vieron rápidamente superadas. Los ricos entran en pánico, los grandes empresarios creen que pueden perderlo todo y le exigen al gobierno medidas radicales para terminar con el caos.
Durante la tarde, Piñera invoca la ley de seguridad del Estado pero nadie retrocede. En la noche Piñera saca los militares a la calle pero toda una generación de jóvenes no les teme.
Mientras a todas horas se escucha el incesante caceroleo, la rebelión se extiende. Ya no es Santiago quien grita, es todo el país.
Todas nuestras fuerzas para la coordinación obrera y popular
En las primeras horas de movilización los organismos de masas no tenían un pronunciamiento claro, primo la espontaneidad y rabia de miles de personas asteadas de las herencias de la dictadura.
Nuestra organización, con su presencia en el movimiento estudiantil, a contrapelo del llamado que hicieron las autoridades de las universidades a cerrar todos los planteles educacionales, buscamos hacer todos los esfuerzos para convocar a masivas asambleas para discutir los pasos a seguir de la rebelión Chilena.
De un llamado a asamblea general en la UPLA, buscamos expandirlo y proponer ideas para impulsar la más amplia coordinación para la lucha.
Fue así como junto a decenas de estudiantes nos hicimos parte de la apertura y ocupación de la Sede Independencia de la UPLA ubicada en el centro de la ciudad para cumplir desde ahí un rol de coordinación y ponerla a disposición de las masivas manifestaciones. Propusimos un Comité de Emergencia para desde el centro de la ciudad ser un aporte en organizar la movilización.
Llegaron al Comité enfermeros, profesores, psicólogos, estudiantes y decenas de organizaciones sociales que comenzaron a coordinarse desde este espacio. Comenzó a ser una herramienta de lucha útil en medio del vendaval que estábamos viviendo. En cosa de horas el gobierno, presa del pánico, invoca el estado de emergencia y saca los militares a las calles desatando una brutal represión contra el pueblo trabajador.
Los espacios de coordinación como éstos no sólo sirvieron de resguardo frente a la persecución, si no que imprimieron moral para seguir la lucha, tomándonos de la experiencia combativa del movimiento estudiantil del 2011 y buscando que esas lecciones siguieran vivas.
En la juventud buscamos forjar una práctica distinta a la que durante años venía instalando las organizaciones como el PC y el Frente Amplio, que mantuvieron en la pasividad al movimiento estudiantil y que frente a la prueba de las masivas protestas prefirieron respetar los llamados de las autoridades. Contra todo conservadurismo nuestra organización impulsó, de forma inmediata, la máxima unidad de la juventud con el pueblo trabajador. En la prueba de fuego de la rebelión chilena esto fue una lección clave.
La mesa social de la V región ¿Por qué defender una asamblea general?
El rol de coordinación entre trabajadores, estudiantes y la población le ha correspondido a la asamblea general de la Mesa Social de Valparaíso. En este espacio organizaciones sindicales (incluida el viejo aparato sindical de los partidos del PC) como sectores críticos a la dirección oficial de la CUT, estudiantiles, territoriales y políticas debaten, al calor de la lucha, las distintas estrategias que están en juego. Se hicieron presentes la CUT, la ANEF, la Coordinadora 8M, las federaciones universitarias, diversos sindicatos y organizaciones sociales, culturales,
Todo esto no fue espontáneo. Fuimos parte de quienes defendimos (y defendemos) que este espacio (que nuclea a las principales organizaciones obreras y estudiantiles) sea un espacio abierto, una asamblea general con convocatoria pública y abierta, en donde puedan llegar delegados de diferentes lugares de trabajo y estudio.
Hubo que dar una lucha política frente a quienes quisieron (y quieren) cerrarla, limitando la discusión a las mismas directivas sindicales de siempre o a lo sumo pujando por acuerdos (en la medida en que diera) entre ellas.
Así por ejemplo funciona la mesa “Unidad Social” en Santiago, que aglutina a las organizaciones sociales dirigidas por el Frente Amplio y el PC y a la cual se subordinan muchas organizaciones relacionadas al ideario del “poder popular” como la corriente 2 de abril.
En Valparaíso no fue así, y en la Sede Independencia comenzó a funcionar una asamblea con más de 300 organizaciones, que van desde dirigentes y base, muchos de los cuales, actuando como delegados de lugares de trabajo y juventud, a la que se tuvo que enfrentar a regañadientes la vieja estructura sindical de partidos tradicionales y del PC. No daba lo mismo qué política levantar frente a los espacios de coordinación.
La asamblea general de la Mesa Social es un espacio para la coordinación en la lucha y decisión sobre su dirección, pero aún no ha podido desarrollarse como un espacio de auto organización propiamente tal.
Es un espacio abierto que permite unir a las organizaciones sociales y políticas con sectores de la juventud. Permite en los hechos crear un frente único de acción que ha tenido dentro de sus momentos álgidos el llamado a Huelga General, la reafirmación de echar a los milicos y a Piñera, y ubicó al congreso como el símbolo a cuestionar.
Su gran límite es el peso que siguen cumpliendo (en la dirección) las principales organizaciones obreras los partidos reformistas que intentaron (e intentan) desde el día uno: vaciar la asamblea general, convocar paralelamente, y que hoy son el sostén de la política de pacto social. Que mantiene los llamados a movilización pero con la perspectiva de presionar un “diálogo inclusivo” con el gobierno, cuestión que sólo sirve para salvar a Piñera.
El rol del municipio de Jorge Sharp ha contribuido a esto, organizando coordinaciones paralelas para sacar adelante esta política.
Una primera pelea política que hay que dar es defender este espacio como una asamblea general abierta a las bases obreras y juveniles, no para ser el sostén “social” de la política de reconciliación que busca instalar Piñera y que canallamente los partidos de la oposición (incluido el frente amplio y el PC) están impulsando.
Si no para mantener viva las demandas planteadas por la rebelión Chilena fortaleciento la coordinación para la lucha del pueblo trabajador.
Huelga general hasta la caída de Piñera y una constituyente sobre las ruinas de este régimen o un “pacto social” inclusivo
Nuestra organización ha puesto todos sus esfuerzos en exigir que las principales organizaciones obreras y populares llamen a una huelga general hasta la caída del gobierno. Haciendo eco de las masivas protestas que exigen: Fuera Piñera, ligado a imponer por medio de esta fuerza una Asamblea Constituyente libre y soberana basada en la movilización, para barrer con todas las herencias de la dictadura.
Ha sido una lucha política dentro de la asamblea de la Mesa Social para que se llame a la Huelga General poniendo como punto número uno la caída del gobierno de Piñera y un pliego de reivindicaciones que incluye la nacionalización de los recursos estratégicos y la estatización del transporte público, ligado a una asamblea constituyente.
Dentro de las masivas manifestaciones identificó al Congreso como el centro de las protestas, cuestión que tendió a ubicar las instituciones del régimen junto al gobierno como los responsables de la crisis social que vive el pueblo trabajador en Chile.
Mientras Piñera sufría una enorme derrota en las calles, con una enorme e histórica resistencia del pueblo trabajador y especialmente la juventud en medio de los crímenes de los militares.
El Gobierno buscó cambiar de estrategia saludando la masividad en las marchas pero teniendo una línea (fortalecida por los medios de prensa) de mostrar sólo marchas “permitidas por el régimen” en paz y unidad nacional que no tocasen los símbolos de poder del gobierno.
En Valparaíso, a contrapelo, se dió una marcha que rodeó el parlamento y que obligó a todos los parlamentarios a ser evacuados. Ubicamos este hecho como uno de los más importantes dentro del proceso de rebelión popular desarrollados estos últimos días.
Si la situación en Valparaíso no dio un salto después de estos hechos, tiene directa relación con el rol que cumplieron (y cumplen) las organizaciones del PC y el FA, que comenzaron a barajar la vía de “pacto social” renunciando inclusive a la lucha por sacar a Piñera.
Como también la no entrada de los batallones centrales de la clase obrera porteña, como son los portuarios de Valparaíso en una huelga general indefinida. Los portuarios tienen la fuerza, que unida a la juventud podría haber remecido la ciudad, haciendo temblar las instituciones golpeando la producción.
Las burocracias pro patronales como las que dominan gran parte del puerto, frente al llamado a huelga general llamaron a la “normalidad”. Actuaron criminalmente ante la revuelta popular.
A su izquierda, por medio del llamado del sindicato n1 de estibadores, si bien fue el único sindicato portuario que salió a las manifestaciones, la dirección encabezada por Pablo Klimpel de la corriente 2 de Abril cumplió un rol oscilante, teniendo en los hechos la misma política que las burocracias del PC y el FA, llamando a un paro restringido. Y se expreso en que no tuvo ninguna diferencia frente al llamado inicial a huelga general de la UPE chile y el cambio de línea que tuvo este organismo, pidiendo posteriormente un diálogo con el gobierno.
Los trabajadores han estado desde el primer día en las masivas protestas, pero de manera individual o en grupos sueltos, esperando los llamados del sindicato. Pero no hubo un llamado claro a desatar esta fuerza, armar un comité para la huelga general en el puerto de Valparaíso para imponer una huelga general indefinida.
Sin poder poner en la balanza el enorme peso estratégico de un sindicato que ya mostró, en el paro del año pasado, cómo se desataba una revuelta en la ciudad que salió en su apoyo.
El desvío institucional hoy está en curso en un proceso que no está cerrado. Despertando amplias ilusiones en la gente, la oposición instala una estrategia parlamentaria para resolver el conflicto, en primera instancia presentando una acusación constitucional a Piñera (completamente estéril pues quien decide finalmente es el Senado) y la propuesta de un Plebiscito, sin poder de decisión y que está amarrado por la constitución del 80’. Todo esto, mientras intentan vaciar las calles.
El mismo Gobierno habló de un diálogo inclusivo y de un nuevo Pacto Social. Para eso, parafraseando a su símil francés Emanuel Macron promovió (y promueve) los “cabildos ciudadanos”, cuestión que toda la oposición también está impulsando como parte de lo que denominan un “proceso constituyente”, pero ¡Con Piñera en el gobierno!
Hoy día se abren dos vías claras sobre el curso de la rebelión Chilena y que al interior de la asamblea general se vislumbran
Por un lado hay una vía de desvío institucional, vaciando las calles y la fuerza de la rebelión popular, poniendo centralidad en un Plebiscito formal y “cabildos ciudadanos” que diluyen la fuerza del pueblo organizado en infinidad de "reflexiones" que, cómo mucho, van a convertirse en "propuestas" canalizadas a través del municipio y el parlamento.
No por casualidad los escasos dirigentes del Frente Amplio que han asistido a la asamblea general de la Mesa Social se han dedicado con todas sus fuerzas en mantener separados los Cabildos de la asamblea general de la Mesa social, para así mantener esa atomización y que les sea más fácil elaborar sus cartas a Piñera, mientras las principales organizaciones sociales de la ciudad decidieron que hay que derribarlo.
Por supuesto que nadie puede cuestionar el genuino interés de miles de personas en los cerros a reunirse a discutir. Eso lo compartimos y buscaremos fortalecer ese imputu que ya se viene expresando en diversidad de asambleas en barrios y cerros.
Pero en cada uno de estos espacios hay que cuestionar la estrategia de desvío a la que nos llevan estos sectores. Con el argumento de que este gobierno “nos escuche” está descomprimiendo la rabia obrera y popular que lo cuestionó todo.
La salida institucional va acompañado de un programa de reformas parciales decididas en el parlamento, que nada nos asegura que responda a nuestras demandas.
Con la dirigenta de la ANEF Mabel Zuñiga hemos luchado codo a codo en varias de éstas peleas, pero en éstos días decisivos no compartimos el no pronunciarse públicamente contra este desvío.
Consideramos que es tarea del momento hacer votar en todos nuestras espacios de organización el rechazo explícito a esta estrategia de desvío y la denuncia a los partidos de la oposición que pidieron dialogar con Blumel, salvando a un gobierno que tiene las manos manchadas con nuestra Sangre.
Y anteponer la exigencia a las centrales obreras y estudiantiles a mantener la huelga para sacar a Piñera y tumbarlo con la movilización. Organizándonos en comités por lugares de estudio y trabajo, para mantener viva las demandas exigidas por el pueblo trabajador.
Pacto social y represión a la juventud ¡Basta de represión! ¡Juicio y castigo a militares y policías!
Nadie puede desconocer el rol revulsivo que tuvieron los jóvenes en la rebelión Chilena. Han sido nuevamente la chispa que encendió la rabia de 30 años de miserias.
Pero el Pacto Social no viene solo.
El desvío institucional va de la mano de una política propiciada por Piñera de asestarle un golpe a la juventud. Lo hemos visto en Valparaíso en las últimas manifestaciones en donde miles de jóvenes han sido víctimas de una represión criminal.
Un joven de 19 años arriesga 20 años de cárcel por estar agitando en una marcha, una menor de edad de 17 años arriesga entre 15 y 20 años por hacerla responsable de la quema del municipio de Quilpué, el mismo que había decidido toque de queda juvenil.
El Intendente Martínez, cuya renuncia es una exigencia de la ciudad, se ha dedicado a recalcar que hay más de 50 personas formalizadas por la Ley de Seguridad del Estado, insistiendo en que hay grupos organizados identificados y llamando a la ciudadanía a colaborar con la policía asesina.
Es también tarea del momento reagrupar a la juventud combativa que ha salida a las calles en Valparaíso y organizarla junto a las y los trabajadores, para mantener viva la chispa de la rebelión popular. Contra todo intento de conciliación y enfrentar ampliamente la represión policial que estamos viviendo.
Por eso consideramos fundamental levantar la lucha por juicio y castigo a los militares y policías responsables de muertes, secuestros y torturas. ¡Con nuestros muertos no se negocia!
Frente a estas perspectivas desde el PTR en Valparaíso, junto a las organización Pan y Rosas y Vencer estamos preparando un Encuentro por una Juventud Revolucionaria y Anticapitalista de las y los trabajadores, para mantener viva la lucha por sacar a Piñera y echar abajo toda la herencia de la dictadura.
Porque nadie ni nada esta olvidado, y por todos esos jóvenes asesinados no daremos un paso atrás.
Este articulo tiene el objetivo de abrir el debate en una de las pruebas mas grandes que ha vivido la izquierda después de décadas de democracia pactada.
Con el objetivo de fortalecer un planteo desde la izquierda revolucionaria, compartimos esta reflexión de 13 días de rebelión en Valparaíso.

Alejandra Valderrama
Redacción La Izquierda Diario Chile. Valparaíso, Chile