A semanas de realizarse el encuentro anticapitalista, ¿Cómo avanzamos a desarrollar una fuerza internacionalista para enfrentar el avance de la derecha en América Latina?

Camilo Jofré Profesor, militante del PTR e integrante de la agrupación de trabajadores de la educación Nuestra Clase.
Viernes 2 de noviembre de 2018
Es necesario partir de la premisa de que no se puede desarrollar una perspectiva anti-capitalista si esta no está basada en el más profundo internacionalismo.
El triunfo de Bolsonaro en Brasil, en medio de las elecciones fraudulentas que impuso el golpe institucional de Temer, expresa la injerencia política que intenta llevar adelante el imperialismo en Latinoamérica. Su programa busca acelerar las medidas de ajuste y de precarización laboral para miles de trabajadores en todo el continente. Este triunfo de la ultra-derecha Brasileña le abre paso a las políticas represivas, como lo es el proyecto “Aula Segura” de Sebastián Piñera, con las cuales intentaran blindarse frente a los posibles escenarios de grandes polarizaciones sociales, en donde los trabajadores pueden transformarse en una fuerza central para enfrentar los ataques de la derecha.
Para quienes nos encontramos en el extremo norte de Chile, a un paso de las fronteras de Perú y Bolivia, la realidad que viven los trabajadores, las mujeres y la juventud, tiene ciertas características distintas a las que se ven en otras partes de Chile.
Por un lado, la población de inmigrantes tiene una alta concentración de trabajadores peruanos, bolivianos y haitianos, quienes tienen que trabajar la mayoría de las veces en condiciones deplorables, sin contrato y con sueldos bajísimos. Estos aspectos son aprovechados por todo el sector empresarial, quienes se benefician de las condiciones irregulares con la que llega la clase trabajadora de otros países, “la mano de obra barata”.
Los tiempos mejores de Piñera vienen de la mano de toda la política xenófoba de la derecha, con ello solo se precarizan las condiciones de vida de miles de trabajadores que tuvieron que salir de sus países buscando una mejor calidad de vida para sus familias.
Por otra parte, existe un fuerte conservadurismo que se tiende a expresar en las regiones, el cual se respalda en base al rol que juegan las iglesias católicas y evangélicas, pero también se refuerza mediante sus representantes políticos como José Durana (UDI), quien viajó a saludar al ultraderechista Bolsonaro, además impulsa una campaña ofensiva contra los derechos de las mujeres y de la diversidad sexual.
En la frontera los abortos en la clandestinidad son pan de cada día. La necesidad de conquistar el derecho al aborto legal, libre, seguro y gratuito es una pelea central que impulsa el movimiento de mujeres, pero solo lo lograra en la medida que fortalezca sus alianzas con los sectores de trabajadores(as), y estudiantes que logre imponer a través de la movilización esta demanda.
Ejemplo de esta unidad, es la que se vio reflejada en Antofagasta el 28 de septiembre, en donde los trabajadores despedidos del ferrocarril Antofagasta-Bolivia, quienes llevan más de 100 días de lucha por su reincorporación, marcharon con pañoletas verdes exigiendo el derecho al aborto legal.
Por una alternativa anticapitalista e internacionalista para enfrentar a la derecha, la iglesia y los empresarios
La lección que nos deja el triunfo de Bolsonaro en Brasil, es que con cada lucha que no damos, le abrimos el paso a la derecha. El PT no supo jugar un rol clave en la difícil situación que atraviesa el pueblo Brasileño, pensaban que priorizando una “salida” mediante las elecciones presidenciales y dejando por fuera la centralidad de la lucha de clases, podrían recuperar la estabilidad política y volver a ser gobierno, pero nada de esto sucedió.
En Chile, tanto el Frente Amplio como el Partido Comunista, quienes se dicen ser parte de los movimientos sociales, tampoco buscan enfrentar a la derecha con la fuerza de la movilización en las calles, buscando organizarse desde los lugares de estudio y trabajo, sobre todo teniendo en cuenta que ambos referentes políticos dirigen la CUT, el CDP y la FECH . Al contrario, apuestan todas sus fichas a salidas dentro del parlamento, diluyendo y obstaculizando a que se desarrolle la fuerza de los trabajadores y estudiantes. El FA y el PC, al no buscar jugar un rol activo en la movilización, se transforman en los principales obstáculos de esa unidad que necesitamos.
La Fracción Trotskista – Cuarta Internacional (FT-CI), posee diversos grupos de revolucionarios en varias partes del mundo. En Bolivia encontramos a la Liga Obrera Revolucionaria por la cuarta internacional (LOR-CI), corriente hermana del Partido de Trabajadores Revolucionarios (PTR) en Chile. Además la FT viene en medio de varias discusiones y experiencias en conjunto con el grupo peruano Resistencia Sur.
El encuentro anticapitalista del 17 de noviembre tiene que convertirse en un puente que nos permita seguir forjando los lazos organizativos y políticos con estas corrientes de revolucionarios para enfrentar los planes de la derecha en el continente. La unidad internacional de los revolucionarios toma vital importancia a la hora de proponernos la perspectiva de construir una herramienta política de los trabajadores para acabar con todos los vejámenes a los que nos somete el sistema capitalista.