Otro cambio en la cúpula policial. La salida de Luis Bruschi pone en un nuevo apriete al gobierno y su política de seguridad.
Viernes 19 de agosto de 2016 00:00
Foto: La Capital
En un acto reservado, asumió este miércoles José Luis Amaya como jefe interino de la Policía de Santa Fe. Amaya viene a relevar al anterior titular de la fuerza Luis Bruschi quien pidió días atrás una licencia alegando problemas personales, aunque trascendió que fue el Ministro de Seguridad Maximiliano Pullaro quien determinó su salida, concretando así el tercer cambio en la jefatura de la Policía provincial en sus 8 meses de su mandato.
Bruschi, quien asumiera en el mes de abril ostentando un currículum técnico presuntamente intachable, deja el mando con 129 homicidios ocurridos en lo que va de 2016. Los más resonantes fueron los asesinatos de miembros de las barrabravas de Rosario Central y Newell´s Old Boys, muchos de ellos a plena luz del día.
Ayer el periodista Germán de los Santos afirmaba en La Nación que fuentes del Ministerio de Seguridad revelaron que Pullaro no estaba conforme con el trabajo de la policía y por eso decide hacer otro cambio, amparándose en la signatura de un nuevo modelo de seguridad donde él oficia como jefe. "Es una clara decisión de control político sobre la fuerza que marca un cambio de paradigma", decían las mismas fuentes de la cartera de Seguridad en febrero cuando el gobernador Miguel Lifschitz firmaba el decreto donde se aprobaba el nuevo procedimiento para el nombramiento de jefe y subjefe de unidades regionales, jefe de la plana mayor y jefes de departamento de la plana mayor de la Policía provincial. Mediante ese decreto, se le otorgaron facultades al Ministro de Seguridad en funciones para la designación de la cúpula policial, pero el control político de la fuerza no parece ser la resolución a la crisis policial en Santa Fe. Pullaro fracasó.
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Los sucesivos nombramientos no trajeron nunca la tan pretendida ´renovación´ de la Policía, tampoco funcionaron como forma de darle cauce a la crisis en la política de seguridad. En la provincia donde cada 17 horas un policía es pasado a disponibilidad por narcotráfico y otros delitos difícilmente las reformas cosméticas puedan dar una solución de fondo.
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El anclaje es estructural. Esta fuerza con prontuario de impunidad no vela por la seguridad de nadie, sino que defiende los intereses de las patronales como Coto, cuando manda a sus uniformados a las puertas de los supermercados para garantizar la entrada de los trabajadores durante el descanso dominical. Ampara a las bandas narco y negocia la renta y el territorio del millonario negocio. Es cómplice de la trata y opera con desparpajo y brutalidad en los casos de gatillo fácil, y encima tiene una justicia que los favorece o los hace salir ilesos, como sucedió en la causa de Pichón Escobar.
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El nuevo jefe ocupará el cargo por un período de 15 días. Mientras tanto, Amaya espera que se ratifique su nombre al mando, o bien que venga otro para suplantarlo.