Fue aprobada en el Senado el proyecto de ley que fortalecen las medidas autoritarias en los establecimientos: persecución, expulsión y sanciones contra estudiantes. Un triunfo parcial de la derecha gracias a la vieja Concertación.

Pablo Torres Comité de redacción La Izquierda Diario Chile
Viernes 26 de octubre de 2018
Ofensiva derechista
Tras el efecto del fallo de La Haya, y el triunfo de Bolsonaro que tiende a derechizar el continente en la superestructura, el gobierno con encuestas positivas en mano vio una posibilidad para preparar una ofensiva, creando un clima de opinión favorable para avanzar en medidas autoritarias y preparar las reformas neoliberales (el “segundo tiempo”). El proyecto Aula Segura intenta instalar un discurso securitario y punitivo que fortalezca el orden represivo más general. Una operación que contó con todo el aparato mediático de la gran prensa, que con C13 de Luksic aplicó (nuevamente, tras la anti-mapuche operación Huracán) un montaje destinado a atacar a la izquierda.
Un solo articulado: la obligación del director de expulsar a estudiantes bajo un procedimiento sumario (que ni siquiera respetaba el debido proceso) por dos causales: agresión a profesor/a o asistente; porte armas o elementos incendiarios. No era para atacar las causas profundas de la “violencia” (el desfinanciamiento total de la educación pública, la precariedad y sobrecarga laboral a profesores, la represión a la juventud), sino los efectos más “llamativos” en opinión pública, de un movimiento estudiantil desmovilizado (y de sectores que con métodos aislados y descolgados de la lucha estudiantil de masas son impotentes para ganar a franjas de masas para la lucha contra el gobierno y sistema educativo, que más bien tienden a oponérseles).
Aunque no salió el proyecto esperado en primer término por el gobierno, se aprobó su “esencia”: atacar la “violencia” de estudiantes fortaleciendo el autoritarismo en los liceos y colegios.
La maniobra de Provoste
La DC del campo “progresista”, Yasna Provoste, que se ubicó opositora, hizo una maniobra el día martes que dejó al gobierno a la defensiva. Mientras logró que se aprobara la idea de legislar en la Comisión de Educación del Senado (que preside), en la votación en particular transformó el proyecto, de “violencia” por “convivencia”: sin obligación de expulsión (sí facultad), amplió el derecho de defensa con herramientas del debido proceso, y circunscribió a causales graves establecidas en reglamento interno de los liceos.
Todo se veía como una derrota del gobierno pues no creyeron en tal maniobra, y aprobando su proyecto en general, no cumplía su objetivo central. Sin embargo, tampoco era tal derrota, pues había pasado el proyecto, quedaba juego en el Senado, y el campo de la discusión ya estaba en las medidas autoritarias más “suaves” o más “duras”, pues incluso el proyecto de Provoste ampliaba las causales graves de suspensión/expulsión, y siempre dejó estas a manos solamente del director/a. De “democrático” no tenía mucho.
La cocina del Senado: la anti-democrática máquina del reaccionario “consenso” burgués
El día miércoles el gobierno volvió a la ofensiva. Dicen que volcó “artillería pesada” ministerial con Blumel y Alvarado tocando puertas. Llegaron a la comisión de Hacienda del Senado, el lugar clave de las “cocinas”, de aquellas negociaciones entre cuatro paredes donde siempre opera el reaccionario consenso entre la derecha y la vieja concertación.
Con el PPD Lagos Weber, el DC Jorge Pizarro y el PS Juan Pablo Letelier, cocinaron el acuerdo con la Derecha que luego votaría el Senado por 33 a favor y 1 en contra (Latorre, RD), otorgando un nuevo triunfo del gobierno. Ya esa misma comisión había cocinado el reaccionario acuerdo de aumento del salario mínimo (a $301.000).
¿Qué negociaron? Que es obligación del director la apertura de un proceso sancionatorio, con la facultad de suspender al estudiante y la obligación de expulsarlo cuando haya cometido daño grave o gravísimo, o que genere deterioro grave en la convivencia escolar. No sólo obliga a la expulsión, sino que aunque otorgue mayores días al debido proceso (10 días de descargos) se amplían las causas graves o gravísimas, como lesiones psicológicas o físicas graves, porte, posesión y tenencia de armas, que será obligatorio incorporarlas en los reglamentos internos, en las manos solamente del director.
El gobierno conquistó un triunfo parcial (ahora falta la Cámara de Diputados) apoyado nuevamente por la vieja Concertación, que votó unánimemente junto a la derecha.
Maniobras institucionales y parlamentarismo: el pantano donde siempre gana la derecha
Aunque no levantaron las manos en un “gran acuerdo”, fue casi lo mismo. En la vieja Concertación, no hubo en ningún caso “duros” versus “blandos”, sino que un mismo objetivo con roles de policía malo (Provoste) y policía bueno (la “cocina” de hacienda). Por eso luego votaron todos juntos su aprobación. Por eso ayer Piñera agradeció el “sentido común” del reaccionario Senado y celebró el gabinete en su reunión donde dijeron que empezará el “segundo tiempo” de las reformas.
La derecha avanza nuevamente, como en el salario mínimo, de la mano de la vieja Concertación, de sus votos y acuerdos. Aunque sea minoría parlamentaria (en ambas Cámaras), que le impone límites y constantemente negociaciones, siempre se mantiene el “corazón” de sus proyectos: autoritarios y pro-empresariales, contrarios al pueblo trabajador. ¿Gracias a quién? A los falsos amigos del pueblo de la vieja Concertación, que le abrieron el camino a Piñera y ahora le otorgan gobernabilidad y votos para sus ataques. También lo entregarán en las reformas neoliberales.
El falso y decadente progresismo burgués de la vieja Concertación es el principal apoyo de Piñera (junto a las burocracias sindicales de la paz social). La subordinación frenteamplista a esa “unidad de la oposición”, no hace más que permitir que se fortalezca una derecha que en esencia es débil pero que encuentra los mejores aliados en la “oposición”.
El juego de las maniobras institucionales y la estrategia parlamentarista sólo llevan a triunfos de la derecha. Sólo una izquierda con una estrategia de independencia política frente a la vieja Concertación que se apoye en los trabajadores, mujeres y jóvenes, en su lucha y movilización, puede derrotar esos ataques y ofrecer una alternativa por izquierda que supere a la vieja Concertación.

Pablo Torres
Dirigente nacional del Partido de Trabajadores Revolucionarios (PTR). Autor y editor del libro Rebelión en el Oasis, ensayos sobre la revuelta de octubre de 2019 en Chile, Edición Ideas Socialistas, 2021.