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Red Internacional
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FOTOGRAFIA // ENTREVISTA. Aurelio González, los ojos testigos de una gran huelga que ningún medio registró

La historia de Aurelio González, el fotógrafo uruguayo que registró las luchas de su país. Un fotógrafo militante, respetado y admirado por los trabajadores.

Rodrigo Wilson Enfoque Rojo

Jueves 8 de octubre de 2015

  • Aurelio Gonzalez informa en asamblea de metalúrgica 1973
  • Primer foto del primer día de huelga contra el golpe militar 1973
  • Cepellio del estudiante Liber Arce
  • Fábrica metalúrgica Inlasa 1973
  • Fósforo de la petroquímica ANCAP apagado por los trabajadores en huelga 1973
  • Toma de fábrica metalúrgica 1973
  • Toma hospital en huelga contra el golpe militar 1973
  • Toma y barricada de las universidades de Montevideo contra el golpe militar 1973
  • Última sesión del senado en Uruguay 1973
  • Acto sorpresa en Teatro Solis Montevideo en plena dictadura militar
  • Cortejo fúnebre por el asesinato de Ramón Peré, primer muerto por la dictadura militar 8 de julio de 1973
  • Represor Telechea en el momento que dispara contra Aurelio Gonzalez por tomarle una fotografía
  • Aurelio Gonzalez en el camión del diario Popular cubriendo una movilización en Montevideo
  • Aurelio Gonzalez en la actualidad a los 83 años de edad, en el patio de su casa en Montevideo

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Fotografías: Aurelio Gonzalez

Fotografías: Aurelio Gonzalez

Esta es la historia de Aurelio González, el fotógrafo uruguayo que se convirtió en un fotógrafo militante, respetado y admirado por los trabajadores, al que le abrían la puerta de los establecimientos tomados durante la huelga del ’73 contra el golpe militar. Queremos rescatar su experiencia como fotógrafo de prensa y su sensibilidad. Él supo registrar durante años los conflictos de la clase obrera uruguaya, y esa experiencia y preparación le sirvió para cumplir un gran rol en la huelga como fotógrafo.

Nacido y criado en Marruecos, dentro de un cuartel militar, el peluquero del cuartel le enseñó a leer y escribir. En 1950, con 18 años, cae preso tres meses en Casablanca por haber cruzado la frontera ilegalmente con un amigo. Escuchando la radio de un guardia-cárcel, una emisora Suiza anuncia el triunfo de un pequeño país latinoamericano que le ganó al gigante Brasil la copa mundial de fútbol. El estado español lo llamó para enrolarse en la marina y así hacer una especie de servicio militar en San José, cerca de Cádiz. Él odiaba todo lo que tenía que ver con lo militar, marchar, formase, lo consideraba absurdo y una pérdida de tiempo. Lo trasladan a las islas Canarias, allí cumple su período de servicio en la marina.
Con veinte años cumplidos y sin el más mínimo deseo de seguir una carrera militar, Aurelio comienza a pensar en la forma embarcarse para América. Debido a que no contaba con el dinero suficiente para costear el viaje, decide hacerlo de polizón, o como luego lo llamarían los tripulantes del Crucero en el que se escabulló, “clandestino”. Una travesía llena de anécdotas, una vida que parece haber sido sacada de una novela de aventuras.

De canarias a Montevideo

Estos son sus relatos:

"Yo fui fotógrafo por solidaridad"

Un día apareció un tal Lucio Navarro de 56 años, que había estado en la guerra civil de española, en la casa de España . Yo para ese momento estaba viviendo con unos jóvenes en un viejo galpón, que había sido gallinero en otro tiempo. El piso era de tierra, tirábamos unos colchones en el piso para dormir. Yo le ofrecí lo que teníamos, un poco de ayuda, le dije que era una vivienda precaria, si él no tenía problema, y el hombre me respondió: hijo yo no tengo lugar, a mí me viene bien cualquier cosa. En un tiempo Lucio se puso en pareja con una mujer y por unas semanas había desaparecido de la casa donde vivíamos. Resultó ser que Lucio era fotógrafo. Por eso un día se apareció a pedirme disculpas por ausentarse, pero me dijo que me quería devolver la gentileza y como agradecimiento me dice: "vengo a decirte que te quiero enseñar mi profesión, la de fotógrafo". Como decía siempre mi mamá “El saber no ocupa lugar” asi que acepté.

Compré una cámara de fotos a una mujer a la que le hacíamos unos trabajos de albañilería. Fui con Lucio para mostrarle la cámara y para tomar mis primeras clases. Era una Kodak retina, de esas que plegabas el lente y se cerraba una tapa que lo protegía.

Sacando fotos y revelando es así como fui aprendiendo. Él me decía a qué distancia ponerme, cuánto abrir el diafragma, me corregía los errores.

Un buen día no sé cómo, un tal Luciano Baimberguer que trabajaba para el diario Justicia, no sé tampoco cómo le llegó a él la noticia de que había un “galleguito” que sacaba fotos, y que además era de izquierda (El diario Justicia era el órgano oficial del Partido Comunista de Uruguay hasta el año `56, luego se empezó a editar “El Popular”). Yo acepté, y así es como conocí realmente el “Uruguay” profundo, la miseria que vivían los trabajadores, sus viviendas inadecuadas, sin poder llegar a fin de mes. A mí me pasó que comencé a enamorarme de la fotografía, de la profesión con el tiempo, a medida que iba trabajando y metiéndome más y más en todo esto. Ví que tenía un sentido, que es lo que yo buscaba en la vida, algo que tuviera sentido.

El represor Telechea

Sus primeros trabajos: El Popular

Las primeras fotografías que fuimos a hacer eran en un barrio muy pobre, un cantegril. Fuimos a hacer una entrevista a un dirigente de la construcción que vivía ahí, este hombre tenía un montón de hijos. Resulta que este hombre trabajaba haciendo viviendas en Positos, unas casas de lujo mientras que este hombre vivía en un rancho de lata sin ventanas y con piso de tierra. Esas cosas me llegaban muy profundamente, yo decía esta sociedad hay que cambiarla, esto no puede ser. No podía ser que este hombre hacía palacios, salía de ahí pisando baldosas y entraba a su casa pisando tierra y humedad. De ahí en más vinieron miles de marchas, huelgas, ocupaciones de fábricas, y nosotros estábamos en todo eso. Si venían del interior los obreros caminado de diferentes departamentos a la ciudad a buscar una solución porque sus fábricas se cerraban, nosotros también estábamos ahí caminando, durmiendo en la banquina igual que ellos. Nos empezaban a reconocer como un diario de defensa de los trabajadores, de la gente más humilde. Nosotros los fotógrafos éramos la cara más visible del diario, porque el cronista hasta podía hacer la nota por teléfono si quería y podía, pero nosotros teníamos que estar ahí, incluso hoy podés sacar la foto con teléfono, pero tenés que estar ahí. Siempre fuimos pocos fotógrafos, tres o cuatro, pero los primeros tiempos era yo solo, por eso pude registrar todo eso, porque fui testigo de todas esas luchas, además con una ventaja porque me quedaba con la imagen, porque fotografiaba. Por ejemplo fotografié cuando nacía la Central de Trabajadores, fotografié también cuando nacía lo que hoy día es el Frente Amplio, conocí al coronel Seregni del Frente. Nosotros éramos conocidos tanto por los trabajadores de las fábricas y por los estudiantes, pero también por las fuerzas represivas.

El fósforo de ANCAP apagado

El golpe Militar

Entonces todos pensábamos que el golpe se venía, al estar en la prensa tenías mucha información.

La noche del 26, yo me fui al Palacio Legislativo donde se celebraría la última sesión del Congreso. Las únicas fotos que hay de esa noche son mías. Cuando todos salieron yo también lo hice, salí protegiendo aquellas fotos que eran el único documento que había. Afuera ya estaba el ejército con sus tanques esperando que se retiraran, era de noche y me jugaba la vida, además del material que tenía si sacaba una foto en ese momento porque era de noche y tenía que usar flash para ello. Me quedé toda la noche en los alrededores del palacio legislativo hasta que hubiera luz de día, para volver y sacar las fotos del Palacio cercado por el ejército.
La CNT se había votado que si había golpe iba haber ocupación de los lugares de trabajo. Yo dije “me parece muy bien, pero nosotros no tenemos que ocupar”.

Nosotros teníamos que registrar estos hechos. Esa noche salí caminado por la calle Rivera cerca del cementerio del Buceo, en el camino vi que el sanatorio médico estaba ocupado, las fábricas metalúrgicas estaban ocupadas, etc.

Cuando llegué me reconocieron y me abrieron la puerta. Encontré que la gente estaba angustiada, me preguntaban qué estaba pasando, en aquel entonces en las casas de los trabajadores no habían teléfonos, así que estaban incomunicados. Así que les comenté lo que había pasado en el palacio, les conté que de camino acá encontré todos los lugares de trabajo ocupados igual. Ahí es donde saqué la primer foto de las ocupaciones, a partir de ahí la gente quedó con más ánimo.

Yo de vuelta al diario, a la noche llegaba con una adrenalina que no me paraba nadie, ahí tampoco había mucha idea de lo que pasaba afuera. Les conté cómo fue mi día y les propuse que nos convirtiéramos en diarios orales, haciendo brigadas para contar en todas las fábricas la situación del resto de los lugares, pero con una ventaja y es que las fotos que saqué hoy, las voy a revelar y las vamos a llevar para mostrarlas a todos. Yo fui a hablar a una fábrica metalúrgica donde había trabajado tiempo atrás, yo trabajé ahí cuando tenía 22 años y en ese momento tenía ya 40. Yo tenía una foto de la refinería de ANCAP con el fósforo apagado que era la mayor prueba de una fábrica parada, esto lo mostraba en las fábricas y universidades ocupadas. Esto lo hacíamos hasta quedarnos sin voz, de tanto hablar.

Resguardando el archivo

El 9 de julio hubo una gran concentración en Montevideo, los tanques salieron a las calles, nos invadieron el diario a las 9 de la noche. Agarraron más de 130 compañeros presos, yo pude escapar.

Justamente por precaución, yo el 6 de julio tomé la determinación de esconder el archivo fotográfico del diario, que eran miles de fotos, 16 años en imágenes. Yo había buscado un lugar que fuera muy complicado encontrarlos, había que subir por el hueco de un ascensor que ya no se utilizaba. A las 2 de la mañana del 6 de julio comencé a llevar bolsas con latas de negativos para esconderlas en ese lugar. Los militares no venían sólo por las fotos, pero sí era una de las cosas que querían, porque a mí cuando me detienen en el ’75 lo que me preguntaban insistentemente era “¿dónde estaba el archivo?”. Yo estaba encapuchado y me daban de golpes en la cabeza mientras me preguntaban “dónde está?” y yo respondía “no sé”.

Regreso y encuentro con el archivo

Llegó el momento de volver y yo me preguntaba “qué pasó con esos negativos”. Cuando llegué en el año 85, me bajé del avión, luego me tomé un ómnibus pero me bajé antes de llegar al edificio del diario, porque quería como saborear el momento. Empecé a caminar y ahí comencé a ver la parte alta del edificio Lapido.
Ese día no pude entrar. Me armé de valor y subí. Una vez arriba descubrí que habían hecho reformas, y me preguntaba si la gente que había trabajado no se los habría llevado. Cuando llegué al lugar no había absolutamente nada, habían desaparecido.
Yo escondí los negativos el 6 de julio del ’73 y los encontramos el 31 de enero de 2006, 33 años después.

La cuestión es que la historia de los negativos se hizo correr entre los fotógrafos de Montevideo y así fue, que por casualidad, llega a un fotógrafo que tenía unas latas que alguien le había regalado de viejos negativos encontrados en el edificio Lapido. La cuestión es que un muchacho, ahora algo mayor, sabía dónde habían miles de negativos, dentro de un ducto casi inaccesible. La cuestión era cómo sacarlos de ahí porque una persona no podía entrar. Bueno lo hicimos con un imán atado a una cuerda y así los íbamos pescando, fue algo increíble ver que las latas salían pegadas una tras otra. Al final logramos sacar los negativos, ahí estaba nuestra historia en imágenes.

Increíblemente el único registro que existe de la huelga es el del diario El Popular, ningún otro diario lo había registrado. Ningún diario le interesaba registrarlo, y además todos los fotógrafos estaban en huelga por lo tanto no iban a sacar fotos para el diario. Lo nuestro era otra cosa, era militancia, y como yo siempre me considere militante más que un fotógrafo, por eso yo sentía que esto no lo podía dejar pasar así gratuitamente.

Volviendo a Montevideo