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Red Internacional
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DÍA DEL ORGULLO. Ayer y hoy un mismo grito: ¡Libertad!

A 46 años de los sucesos de Stonewall “¡Libertad!” continúa siendo el grito de lucha contra las cadenas de la opresión sexual y de género.

Pablo Herón

Pablo Herón @PhabloHeron

Martes 30 de junio de 2015

Una nueva gran conquista

El pasado viernes una destacada noticia recorrió el mundo, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos sentó una jurisprudencia histórica permitiendo los matrimonios igualitarios en todo su territorio. Una demanda que exige una igualdad de derechos elementales para las personas LGBTI, poder compartir una obra social, acceder a licencias laborales especiales y hasta adoptar.

Este acontecimiento representa una nueva gran conquista del movimiento de la diversidad sexual a nivel mundial, tanto por los beneficios para las personas LGBTI de dicho país como por su importancia geopolítica. Estados Unidos en las épocas de Stonewall era el líder mundial en difundir propaganda pro-familia en contra de los gays y las lesbianas. Y no solo eso, inclusive sostenía clínicas donde a las personas LGBTI se nos sometía a terapias de electroshock, esterilizaciones, castraciones y hasta lobotomías para “corregirnos”.

Casi medio siglo de movimiento e historia

Era tal el asedio del Estado, instituciones como la Iglesia y las fuerzas represivas en la vida cotidiana, que la respuesta inmediata se transformó en un desgarrador grito de libertad. Una exigencia que partía de reclamar contra las usuales detenciones policiales a los gays, las lesbianas y las personas trans, para plantear la lucha por la liberación sexual plena y la revolución social como el camino. Ya era intolerable seguir manteniéndose en la marginalidad y clandestinidad. Así lo expresaron las barricadas de Stonewall o los escritos del Frente de Liberación Homosexual argentino.

La imagen de la Casa Blanca con los colores de la bandera del orgullo es una perfecta postal testigo de los cambios ocurridos hasta esta parte. Hoy es común ver políticos como Obama posicionándose a favor del matrimonio igualitario. Sin embargo, el mismo presidente estadounidense el pasado miércoles echaba a una activista trans de la Casa Blanca por denunciar las detenciones y deportaciones hacia las personas LGBTI e inmigrantes en EEUU. Esos mismos que hoy apoyan algunas demandas elementales intentan tapar una realidad que aun es hostil hacia la diversidad sexual.

Argentina, el caso emblemático

En Argentina el movimiento de la diversidad sexual conquistó la legislación más avanzada hasta el día de hoy a nivel internacional, las leyes de educación sexual integral, matrimonio igualitario e identidad de género que contaron con un gran apoyo de amplios sectores de la sociedad que cuestionan la homolesbotransfobia y la misoginia. Tal es así que miles de personas tomaron las plazas del país el mismo día que se sancionó el matrimonio igualitario o en la marcha por #NiUnaMenos.

Hoy un sector de la sociedad puede vivir su sexualidad e identidad de género con una relativa mayor libertad. Sin embargo, la juventud y las personas trans desmienten cualquier ilusión de un cambio radical en la vida cotidiana y sexual que no fue.

El pasado sábado la activista trans del Movimiento Evita, Michelle Mendoza, era detenida por la policía santafesina en la ciudad de Rosario, mostrando como las fuerzas represivas aun cumplen el mismo rol que en los tiempos de Stonewall. Hace menos de dos semanas el suicidio de una joven de 16 años producto de la discriminación cobraba estado público en Neuquén.

Mientras, en Buenos Aires jóvenes secundarios del conurbano se manifestaban contra la homolesbotransfobia que sufren en su vida cotidiana. A su vez la falta de acceso al trabajo para las personas trans, cuya ley de cupo en el Estado ni siquiera se cumple, corona la realidad negando cualquier atisbo de vida libertaria posible. La realidad muestra por sí misma que la igualdad ante la ley no implica la igualdad ante la vida y los límites de la política de ampliación de derechos como último objetivo.

La presidenta Cristina, así como un sector del kirchnerismo, fue una de esas tantos políticos que apoyó algunas medidas progresivas para la diversidad sexual en el país, mientras tanto se negó durante todos sus mandatos a legalizar el aborto y posteriormente selló una santa alianza con la Iglesia católica de la mano de Francisco. Nada más lejano al combate contra la heteronorma que codearse con la institución por excelencia en demonizar la diversidad sexual y que hasta considera al matrimonio igualitario como una derrota para la humanidad.

Las voces de los oprimidos y de la libertad sexual

El kirchnerismo eligió a Scioli para “continuar el proyecto”, un hijo político de Menem al igual que Macri y Massa. Cualquiera de estas tres opciones apuntan a profundizar el modelo de la excelente relación entre el Estado y la Iglesia, de la política de mano dura de la policía que acosa y hostiga a las personas LGBTI y la juventud, y de la falta de educación sexual en los colegios.

En estas elecciones, el Frente de Izquierda dirimirá sus candidaturas en una interna por primera vez. Las listas del PTS, con el lema “Renovar y fortalecer el Frente”, en todo el país están compuestas por candidatas y candidatos que día a día sostienen la voz no solamente de las personas LGBTI, sino también de las mujeres, los trabajadores y la juventud. En Capital Federal fue la primera lista en invertir el cupo femenino.

Luchadoras y luchadores como Myriam Bregman, actual candidata a Jefa de Gobierno en la ciudad de Buenos Aires, Andrea D’Atri, fundadora de Pan y Rosas, dirigente del PTS y pre-candidata al Parlasur, activistas trans como Máxima Fernández, pre-candidata a concejal de Zárate en provincia de Buenos Aires, y Emiliano Capovilla, pre-candidato a concejal de Villa Carlos Paz en Córdoba, entre otras y otros, son los nombres de quienes llevan esa voz de lucha por la libertad sexual que surgió en Stonewall, para reclamar el cese de la represión y el acoso policiales, el acceso al trabajo y la salud para las personas trans, la separación de la Iglesia del Estado, el aborto legal, seguro y gratuito, y una educación sexual no reproductiva y en función del deseo en todos los colegios.


Pablo Herón

Columnista de la sección Género y Sexualidades de La Izquierda Diario.

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