El Ayuntamiento de Barcelona ha presentado un protocolo de actuación ante cada nuevo caso de feminicidio con medidas externas, de visibilización, e internas para las instituciones.

Verónica Landa Barcelona | @lierolaliero
Miércoles 31 de agosto de 2016
Hace poco se ha conocido la noticia de la creación de un nuevo ‘protocolo de duelo’ ante los feminicidios en Barcelona. Este tiene por objetivo “parar la ciudad” de una manera simbólica.
El protocolo, creado por la concejalía Ciclo de Vida, feminismos y LGTBI, plantea ante cada nuevo feminicidio confirmado, minutos de silencio, mensajes vía redes sociales del Ayuntamiento, crespones negros en el balcón de la Plaça Sant Jaume, concentraciones y mensajes en las pantallas del metro que anuncien que otra mujer ha sido asesinada por ser mujer.
Supondrá una visibilización de los feminicidios que, posiblemente, repercutirá más debido a que parte del Ayuntamiento de Barcelona. Sin embargo, la forma en la que se realice es importante. Si se convierte en algo sistemático y rutinario que solo habla de la violencia machista de forma banal, o sensacionalista como hacen los medios de comunicación, y que no va a la raíz del problema se corre el riesgo de que quien reciba el mensaje acabe naturalizándolo, efecto contrario al buscado.
Por otra parte, solo visibiliza una de las formas de violencia machista, la punta del iceberg, el feminicidio, el último eslabón de una larga cadena de múltiples violencia machistas.
Crespones negros, anuncios en el metro, minutos de silencio…Gestos simbólicos que quedan solo en eso sino van acompañados de movilización en las calles por los derechos de las mujeres y contra la violencia machista.
Los gestos simbólicos no van a conseguir el ‘ni una menos’ que gritamos en las movilizaciones, ni el fin de los abusos y el acoso sexual, o de la discriminación laboral hacia las mujeres. Es necesario la puesta en marcha de toda una serie de medidas que abarque desde una educación sexo afectiva contra el machismo y la LGTBIfobia, a la organización de las mujeres en centros de estudio, trabajo y en los barrios, de manera independiente al Estado y sus instituciones, luchando por sus derechos, por poner solo algunos ejemplos.
Mientras acompañamos las luchas para arrancarle al “sistema capitalista las mejores condiciones de vida para millones de personas sumergidas en los oprobios más inimaginables” (La emancipación de las mujeres en tiempos de crisis mundial (II), Andrea D’Atri y Laura Lif) nuestra lucha es por acabar con el patriarcado y a diferencia de la lógica de conquista evolutiva de derechos, nuestra lucha es también contra el capitalismo, porque somos conscientes de que bajo este sistema explotador no será posible la verdadera emancipación de las mujeres puesto que al fin y al cabo el capitalismo necesita perpetuar las jerarquías y desigualdades del patriarcado.