Los vecinos de Vallecas (Madrid) organizan unas fiestas en las que el rechazo al machismo se hace protagonista entre batallas navales, actividades deportivas y conciertos. Agresiones a mujeres como la ocurrida el pasado mes de junio en Moratalaz nos recuerdan la necesidad de atacar el machismo en nuestras fiestas y entornos militantes.

Lucía Nistal @Lucia_Nistal
Martes 19 de julio de 2016
Foto: Tribuna feminista
Las fiestas de la Karmela, organizadas por los vecinos de Vallecas, son unas de las fiestas populares más esperadas en Madrid. Este año se celebraron del 14 al 17 de julio, dejando para el día de cierre la famosa batalla naval que se viene celebrando desde 1981. El domingo pasado, con el lema “Mójate por un mundo sin machismo” y bajo el sol de justicia de las cuatro y media de la tarde, miles de personas lucharon sin cuartel armados con bañadores, cubos, pistolas de agua, botellas o cualquier recipiente improvisado con el que empapar a cualquiera que se cruzara en su camino.
La batalla naval pasó en su recorrido por el edificio de Sierra de Llerena, el primer bloque liberado por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca en el distrito Puente de Vallecas. Desde el equipo de sonido montado en el edificio la música y las consignas contra el desalojo llegaban hasta todo el que pasaba cargado con cubos o pistolas de agua. Y es que en las fiestas de la Karmela, impulsadas e ideadas por los vecinos del barrio, no puede faltar el carácter reivindicativo, de resistencia y autoorganización que caracteriza a los activistas vallecanos.
Las agresiones machistas en las fiestas populares
En esta ocasión, la organización de las fiestas vallecanas con el lema de la batalla naval han querido mostrar su rechazo al machismo, problema que tristemente no deja de ser de actualidad y que en su grado más extremo acaba en el asesinato de decenas de mujeres y de 700.000 agresiones machistas cada año en el Estado Español. El rechazo explícito a la violencia machista en estas fiestas se hace aún más necesario teniendo en cuenta que las agresiones tienen a menudo lugar en eventos festivos incluso protagonizados por supuestos “militantes concienciados“.
Es el caso de la brutal agresión sufrida por una joven antifascista en las fiestas de Moratalaz el pasado 19 de junio. El agresor que golpeó a la compañera en la boca con un puño americano sería un miembro del colectivo “Gamberros del Este”, alentado y ayudado por afines del colectivo BVK. “Gamberros del Este” ha sido acusado de repetidas actitudes machistas y misóginas contra diferentes mujeres antifascistas, como se explica en el comunicado de denuncia. No se trata solamente de un ataque machista, se trata de un ejemplo de la violencia política que este tipo de colectivos autoritarios no duda en ejercer sobre los movimientos, activistas y organizaciones populares que se contraponen a sus métodos y política.
Por otra parte, este ataque ha sido utilizado por la Policía Nacional y por medios como El País o el ABC para iniciar una campaña contra el colectivo antifascista Distrito 14, a cuyos miembros acusaban de esta y otras agresiones. A pesar de la incongruencia de las acusaciones a este colectivo, figuras de Ahora Madrid como la propia Carmena han condenado las agresiones imputadas a Distrito 14 y se han desvinculado de cualquier apoyo.
Las fiestas populares y los entornos militantes no son espacios libres de machismo, especialmente presente en colectivos reaccionarios cuyos miembros claman consignas feministas vacías y realizan campañas en morado con la foto de alguna revolucionaria a la que nunca han leído mientras su teoría y práctica política continúa olvidando a las mujeres o cobijando los ataques machistas. La juventud, las mujeres y las clases populares debemos organizarnos contra sus agresiones y trabajar juntas por un feminismo revolucionario, el único que nos permitirá acabar con la opresión de género y la explotación.

Lucía Nistal
Madrileña, nacida en 1989. Teórica literaria y comparatista, profesora en la Universidad Autónoma de Madrid. Milita en Pan y Rosas y en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT).