Primero fue dar continuidad al decreto de Obama de que Venezuela “es una amenaza” para la seguridad de Estados Unidos. El nuevo paso está en el anuncio del TPS para los venezolanos que residen en dicho país. Hablan de acción “humanitaria” con lo del TPS mientras continúan con las sanciones imperialistas que aumentan las penurias del pueblo en Venezuela.
Milton D’León Caracas / @MiltonDLeon
Miércoles 10 de marzo de 2021
Aunque Biden ha dicho este martes que su Administración reevaluará las sanciones impuestas a Venezuela, la Casa Blanca ha dejado claro que no tiene por el momento ninguna intención de dialogar con Maduro (¿será?) y seguirá reconociendo a Juan Guaidó como presidente interino del país. Pero “reevaluar” las sanciones no es sinónimo de levantarlas. "Estados Unidos seguirá aumentando la presión. Va a expandir esa presión de manera multilateral” ha dicho un alto funcionario estadounidense, remarcando que “vamos a revisar las sanciones para asegurarnos de que sean efectivas”.
Aunque el encanto de las negociaciones sigue su curso tanto en el plano interno con distintos sectores opositores, pero sobre todo con la principal cámara empresarial del país, Fedecámaras, como en el plano internacional, los emisarios deben ir y venir, de un lado y del otro, con la nueva administración de Biden, aunque aquí marcado por el secretismo.
Para este miércoles se esperaba la llegada de la misión noruega de mediación en Venezuela, que, con el mandato del Grupo de Contacto Internacional (que integra a 17 países europeos y latinoamericanos bajo la coordinación de Josep Borrell, alto comisionado de la UE para la diplomacia), busca juntar a los distintos sectores de la oposición con el Gobierno de Maduro.
Ya lo dijo Jorge Rodríguez, "si alguien quiere que la reunión sea secreta, será secreta", luego de reunirse con Fedecámaras. Y esto pesa más cuando de negociaciones con Estados Unidos se trata. Más que un anuncio, lo que manifestó Rodríguez es aclararle a propios y extraños: una cosa es lo que se ve en público y otra lo que pasa entre bambalinas.
No es que esto sea nuevo, es lo más habitual en Venezuela. No ha existido curso negociador en los últimos años que, ya sea porque fracase o porque se encaminan a acuerdos, el pueblo se entera a posteriori, tras meses de encuentros entre bastidores. Y más en estos tiempos, con un Guaidó más que extraviado y sin muchos seguidores, que si no fuera por el apoyo que aún le mantienen los yanquis hasta ahora -seguramente como pieza de negociación-, poco ya se hablara de este personaje luego que los europeos le sacaran lo del “interinato”.
Con lo del Estatus de Protección Temporal (TPS), Venezuela se une a El Salvador, Haití, Honduras y Nicaragua para formar el quinteto de países latinoamericanos “beneficiados” por el TPS que EE.UU. otorga desde 1990, permisos de forma extraordinaria a inmigrantes de naciones afectadas por conflictos bélicos, desastres naturales, epidemias u otras condiciones que no hagan seguro el retorno de los nacionales a sus países de origen.
La decisión de la Administración de Biden, hecha pública el lunes y que beneficiaría a unas 323.000 personas, podría tener doble mirada, por un lado, buscaría tensionar un poco más las relaciones entre EE.UU. y el Gobierno de Venezuela, “no se dan las condiciones para que los venezolanos puedan volver de manera segura a su país”, pero, por otro lado, intenta congraciarse con esta medida para conseguir el apoyo de venezolanos de la Florida. Al final, a personas de regímenes y gobiernos afines a EE.UU., la administración de la Casa Blanca también les ha otorgado el TPS.
Se supone que esto beneficiaría a unos 323 mil venezolanos, que cumplan con todos los requisitos que exige Estados Unidos. En Estados Unidos se encuentran inscrito en este plan unos 263.000 salvadoreños, 86.000 hondureños, 5.300 nicaragüenses y 58.000 haitianos, entre los países latinoamericanos, cuando son cientos de miles a los que la administración yanqui les niega el derecho a trabajar legalmente en el país procediendo a expulsarlos, y hasta monta campos de concentración para menores de edad por “ilegales”.
Lo del TPS para los venezolanos es todo un juego político, hacerse de una base que ha venido siendo más partidaria de Trump y que llamó a votarlo, de allí también lo de renovar el decreto de Obama, mientras va afilando la política hacia Venezuela.
Es que en lo que se refiere a la política interna la medida aún puede ayudar a Biden políticamente, particularmente entre la población venezolana-estadounidense en Florida. El nuevo inquilino de la Casa Blanca peleó por ganarse a los votantes latinos en dicho estado durante las elecciones presidenciales de 2020, y los demócratas han dicho que mejorar su posición con esos votantes será crucial para defender su escasa mayoría en el Congreso.
El presidente estadounidense, que mantiene las sanciones económicas decretadas por Donald Trump, anuncia lo del TPS apenas una semana después que ratificara el decreto de Barack Obama de marzo del 2015 que considera a Venezuela “amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”.
Recordemos que el 8 de marzo del 2015, el entonces presidente estadounidense, Barack Obama, emitió una orden ejecutiva en la que implementaba y ampliaba las sanciones que venían siendo aprobadas por el Congreso ya a finales de diciembre del 2014, declarando al mismo tiempo una “emergencia nacional” ante lo que consideraban el “riesgo extraordinario” que supondría la situación de Venezuela para la seguridad de Estados Unidos.
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A la par que sostiene que “revisará” las sanciones en el sentido de “hacerlas más efectivas”, Biden sigue con la política agresiva de Trump, gobierno durante el cual se vio una de las mayores injerencias contra Venezuela, llegando incluso a usar la amenaza de una intervención militar en el país.
TPS “humanitario” en una mano sosteniendo que “hay una compleja situación humanitaria con hambre extendida, malnutrición…” en Venezuela y por eso se establece el permiso temporal, pero continúan con las sanciones que aumentan los padecimientos y calamidades del pueblo venezolano en la otra. Así funciona el cinismo imperialista.
Y su objetivo, con la extensión del decreto ejecutivo de Obama, no busca más que apuntalar a una oposición de derecha en la representación de Guaidó, que desde hace ya tiempo se encuentra en total debacle política y completamente dividida.
Pero es muy probable, como afirmamos al principio, que exista un curso negociador entre la administración Biden y el Gobierno de Maduro. Al final de cuentas, durante la administración Trump se dieron a conocer contactos con emisarios de Trump y el actual presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, en la ciudad de México.
Maduro necesita establecer los puentes con EE.UU. por la agobiante situación económica interna, una de las cuestiones que pueden llegar a tambalear a su gobierno, a pesar del control total de los poderes del Estado en que ha avanzado luego de hacerse de la Asamblea Nacional, en unas elecciones amañadas y con una altísima abstención. Y al parecer, al menos, con respecto a Trump, pareciera verse que Biden no estaría por obstaculizar una salida negociada en el país.
Aún está por verse el camino de Biden hacia Venezuela. Hasta el momento los demócratas en la Casa Blanca ya han demostrado que no les tiembla el pulso a la hora de agresiones directas, no solo por su historial intervencionista, lo acabamos de ver recientemente en una agresión directa en Siria realizando la primera intervención militar de la era Biden.
Rechazar todo tipo de agresiones imperialistas está en el orden del día, así como repudiar las sanciones económicas sobre Venezuela, que no hacen más que aumentar las penurias de un pueblo que viene sufriendo por más de siete años las calamidades que caen sobre sus espaldas, de una de las mayores catástrofes económicas y sociales que haya tenido el país y los ataques antiobreros y antipopulares del Gobierno represivo de Maduro.