El testimonio en primera persona de un docente que se encontró con la desagradable sorpresa de una boleta de 4 cifras para un hogar de cuatro personas.
César Gómez Maestro. Actor.
Lunes 13 de junio de 2016 10:31
Fui caminando por el pasillo que lleva a la puerta de entrada, junté los sobres que había tirado el cartero y como siempre los empecé a sacar para ver los vencimientos y acomodarlos en orden en la puerta de la heladera que oficia de agenda. Hasta acá nada que escapara a la rutina que mes a mes tenemos en casa. Pero este mes la rutina se vio alterada: la boleta del gas tenía un monto de cuatro cifras: ¡$ 2.725,94! Si uno estudia la boleta se ve que se comparan los meses de mayo del año 2015, un mayo “normal” en términos de temperaturas, con el insólito invierno adelantado que vivimos en mayo de este año.
En definitiva, lo que queda demostrado es que los aumentos de los servicios fueron descomunales y, como venimos denunciando, carcomen de manera bestial el ya magro salario de los trabajadores, atacando las condiciones de vida mínimamente dignas que se puede tener, como encender las estufas para no pasar frío. Ya he recibido noticias de compañeras que les han llegado boletas por $3.000, y no hablamos de “andar en remera en casa”, sino de calefaccionar mínimamente para no enfermarnos y que no se enfermen nuestros hijos.
Muchas serán las familias que hoy no pueden pagar semejante suma, que en algunos casos es de la mitad del sueldo que entra en sus hogares. La semana pasada nos anoticiábamos de que un obrero decidía quitarse la vida porque la suba de los servicios hacía imposible que pudiera pagarlos. Es que la tan mentada “revolución de la alegría” no llegó (ni llegará con este gobierno) a los hogares obreros. A seis meses de asumir, el gobierno de Cambiemos no dejó de atacar a los trabajadores, contando con el silencio cómplice del kirchnerismo en las provincias (que también ataca donde gobierna) y la tregua de toda la dirigencia sindical, que hace que estos aumentos pasen.
Por esto no debe quedar solo en la queja, debe servirnos para sacar la conclusión de que es más que necesaria la exigencia a las centrales sindicales del llamado a un paro nacional y un plan de lucha para derrotar este ajuste brutal al bolsillo de las familias trabajadoras.