Si faltaban pruebas sobre las manipulaciones del Poder Judicial, que abrieron el camino al triunfo de Bolsonaro, el nuevo presidente las confirma ofrenciendo al juez Moro un superministerio.

Juan Andrés Gallardo @juanagallardo1
Miércoles 31 de octubre de 2018 20:30
Bolsonaro hizo pública su intención de agradecer al juez Sérgio Moro por los servicios prestados como parte de la manipulación del Poder Judicial en las elecciones brasileñas que posibilitaron su triunfo.
Este jueves el juez del Lava Jato se reunirá con Bolsonaro para escuchar la propuesta que lo dejaría a la cabeza de un superministerio de Justicia, absorbiendo además las carteras de Seguridad Pública, Transparencia, Contraloría General de la Unión y el Consejo de Control de Actividades Financieras (vinculado al ministerio de Hacienda).
Lejos de la demagógica propaganda anticorrupción, se trata de la consumación de una alianza entre el excapitan ultraderechista y el bonapartismo judicial que se inició con el golpe institucional y que tiene por objetivo profundizar los ataques que inició Temer y perseguir a las organizaciones de trabajadores, sociales y la izquierda.
Bolsonaro y Moro son dos alas del bonapartismo judicial
Bolonaro agradece de esta manera los servicios prestados por la operación Lava Jato llevada adelante por Sérgio Moro, que tiró a Dilma en 2016 y terminó encarcelando arbitrariamente a Lula y proscribiendo su candidatura, factores fundamentales para que el excapitan fuera elegido en las elecciones más manipuladas de la historia reciente del país. Con esta propuesta, Bolsonaro reconoce el rol clave del autoritarismo judicial en el fortalecimiento de la extrema derecha, y como parte fundamental de su victoria electoral.
Con la prisión de Lula, Moro vetó al único candidato que podía ganar con facilidad en la primera vuelta electoral y derrotar a Bolsonaro. Tras la proscripción del líder del PT, Moro siguió ayudando a Bolsonaro durante todo el período electoral. Así filtró las denuncias de Antonio Palloci, ex ministro de Lula, que estaban bajo secreto de sumario, donde lo acusa de utilizar la reserva del pre-sal para conseguir dinero para las campañas del PT, entre otras ilegalidades que se habrían articulado directamente por el ex presidente.
El Poder Judicial cumplió un papel político decisivo desde el golpe institucional que tiró a Dilma Rousseff, pero no lo hizo de forma "autónoma", sino como parte de un plan cuidadosamente articulado por el imperialismo estadounidense para recuperar su influencia sobre América Latina, que venía muy desgastada del período anterior.
Los documentos filtrados por wikileaks muestran los planes orquestados por el Departamento de Estado de Estados Unidos, por medio de los tribunales y bajo el pretexto de la lucha contra la corrupción, con el objetivo de lograr una injerencia directa en la política de los países del subcontinente. Por eso no es extraño que en esos mismos documentos aparezca nombrado el juez Sergio Moro, como uno de los que fue entrenado directamente en los Estados Unidos para cumplir esta función.
Bolsonaro, que se mantuvo en las sombras durante décadas como un diputado de extrema derecha y con nula relevancia en la política nacional, fue capitalizando ese espacio abierto por la operación del Poder Judical y los grandes medios que convirtieron al PT en el espantajo de "corrupción que acabó con Brasil". Si bien el juez Sérgio Moro preservó de las acusaciones al PSDB, para que pudiera posar como el paladín de la ética, el partido de Fernando Herique Cardoso ya estaba demasiado desgastado y ligado a un régimen podrido y repudiado. Así, Bolsonaro salió de las sombras y pudo hacer de su retórica virulenta una pieza funcional para aparecer como una supuesta "salida radical" contra el régimen.
El gran capital, los medios e incluso el Poder Judicial no perdieron tiempo en reajustar su brújula hacia este "nuevo héroe". Tomaron, por supuesto, todas las medidas necesarias para "domesticar" a Bolsonaro dentro de su programa para atacar a los trabajadores y favorecer al imperialismo, aunque en el delicado juego de fuerzas en que se mueve Brasil nadie puede predecir con certeza qué esto les de resultado. Paulo Guedes, el futuro ministro de Economía de Bolsonaro fue responsable de darle el perfil neoliberal, haciendo de la reforma de las jubilaciones y de las privatizaciones su principal caballito de batalla.
Además del papel decisivo del Poder Judicial, las Fuerzas Armadas, en cuya cúpula Bolsonaro fue ganando influencia poco a poco, también avanzaron a pasos agigantados para convertirse en los "guardianes" del podrido régimen brasileño. Los pronunciamientos de los militares, que incluyeron amenazas de generales a la justicia si no condenaban a Lula, también tuvieron premio con los ministros que formarán parte del gabinete de Bolsonaro, sin contar el lugar que ocupará en el Ejecutivo su propio vice, el general retirado Hamilton Mourão.
No es extraño entonces que Augusto Heleno, el general al que Bolsonaro puso en el ministerio de Defensa, haya dicho este miércoles que que sería un honor tener a Moro en el gabinete y que esperaba mucho que acepte la invitación. Una invitación que, para alegría de los cuarteles y los capitalistas, el juez aceptará este jueves después de reunirse con Bolsonaro en Río.
Pasado el reto de las urnas, a Bolsonaro no le quedaba más que dar las gracias por los servicios prestados, y por eso no solo le ofrece una cartera sino un superministerio como Moro quería. Además de las actuales atribuciones del Ministerio de Justicia, Moro tendrá bajo su control la Seguridad Pública, la Secretaría de Transparencia y Combate a la Corrupción, la Contraloría General de la Unión y el Consejo de Control de Actividades Financieras. Tal vez lo más importante es que la Policía Federal, el brazo armado de la operación Lava-Jato, pasará a estar directamente subordinada a Moro y su superministerio.
Se consuma de esa manera el matrimonio entre dos alas del bonapartismo judicial, que interviene de forma abierta sobre la política brasileña, bajo la tutela de las Fuerzas Armadas. La misma alianza que se fue lubricando durante el último tramo de la campaña electoral y que ahora manejará todas las palancas del degradado régimen político brasileño.
Brasil funciona como avanzada de un mecanismo que se repite en diferente escala en varios países de la región, con el creciente protagonismo del Poder Judicial al interior de los regímenes políticos. Los entramados de corrupción, endémicos de los Estados capitalistas, sirven de cobertura para la avanzada el bonapartismo judicial, que es saludado incluso por sectores de la izquierda, que se ilusionan con la idea de un “Lava Jato hasta el final” para acabar con la corrupción capitalista.
La situación actual Brasil no solo deja en claro adonde acaba el honestismo y la demagogia anticorrupción, sino que muestra cómo en los hechos se puede terminar dando cobertura por izquierda a las operaciones del bonapartismo judicial, en su intento de tutelar al régimen político y cercenar derechos democráticos elementales de los trabajadores, sus organizaciones y la propia izquierda.
Lejos de "acabar con la corrupción capitalista", la asociación de la extrema derecha y el Poder Judicial en Brasil vive hoy su luna de miel, y tiene el objetivo principal de garantizar las reformas y ataques que Temer no pudo poner en práctica, la privatización de las empresas estatales y, sobre todo, la reforma previsional.
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Juan Andrés Gallardo
Editor de la sección internacional de La Izquierda Diario