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Red Internacional
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Pandemia Coronavirus. Bonos de cuarentena no alcanzan ni dos días: proponemos medidas para garantizar un ingreso que cubra la canasta básica

Decenas de miles de familias que dependen de resolver el sustento en la dinámica diaria no tienen garantizado ni lo más básico durante el confinamiento obligatorio. La ayuda anunciada es insignificante. ¿Acaso no tienen derecho a que se les garantice un sustento digno mientras tienen impedido trabajar?

Sábado 28 de marzo de 2020

Fotografía: talcualdigital.com / Caracas

Una caja mensual del Clap y uno que otro bono mediante el “Carnet de la Patria”, esa es básicamente toda la “protección social” que el Gobierno propone para que millones de personas que no tienen ingresos fijos se queden “tranquilos en su casa” durante el mes (o más) que dure la cuarentena.

De acuerdo con los últimos datos oficiales ofrecidos, al cerrar 2018 el 41% de la población trabajadora se ubicaba en el sector informal, representando poco más de 6 millones de personas, de un total de 14,9 millones de ocupados/as. Por supuesto, la inmensa mayoría de los informales no labora precisamente como empleador o dueño de negocio, sino como “trabajadores no profesionales por cuenta propia”: 5,5 millones. Estos datos pueden darnos una referencia aproximada de la cantidad de personas que no posee un salario fijo. Lo que sin embargo debemos completar incorporando la gran porción de asalariados que, dado lo absolutamente mísero del salario, de igual manera deben complementar sus ingresos “rebuscándose” con cualquier otra actividad por fuera.

A todos estos millones de trabajadores y trabajadoras el gobierno les presenta como una gran política de “protección” mientras dure la cuarentena, lo siguiente. La caja del Clap que al mes trae, por ejemplo, 3 kilos de arroz, 1 de pasta, 1 kilo de azúcar, 1 o 2 kilos de granos, 2 o 3 kilos de harina de maíz y, si se tiene suerte, 1 lata de sardina, 1 litro de aceite o 1 kilo de harina de trigo. Eso más los bonos ofrecidos: el “Disciplina y solidaridad” y el “Quédate en casa”.

El primero ya se comenzó a cancelar y es de 350 mil bolívares, menos de 5 dólares. ¿Qué de lo básico que ni por error viene en la caja del Clap se puede comprar con eso? Un kilo de queso “barato” pasa fácil los 250 mil Bs., medio cartón de huevos no baja de 150 mil… ni para esas dos cosas alcanza el bono, y menos que menos hablemos de proteína animal, vegetales, verduras, o medicinas, o productos de higiene tan básicos precisamente en tiempos de esta pandemia como jabón, cloro o alcohol.

El segundo bono de cuarentena anunciado sería para 4 millones de estos trabajadores independientes y 2 millones para quienes laboran en el sector privado. Aun no se sabe el monto, pero no es de esperarse que sea algo muy superior al reciente. Por otro lado, como se observa, no abarca siquiera al total de trabajadores no profesionales por cuenta propia, y están muy lejos de abarcar a la mayoría de asalariados y asalariadas del sector privado: son 4,9 millones los que (al finalizar 2018) laboraban en el sector privado en la categoría de “empleados y obreros”. Un sector en el que, aun con salario fijo, la mayoría está en la misma condición del conjunto de los asalariados –incluyendo los del sector público– que debe rebuscarse por otras vías.

De hecho, tal como lo señala un artículo reciente en el portal Aporrea, de acuerdo a los propios datos gubernamentales, menos de la mitad de los inscritos en la Plataforma Patria está recibiendo los bonos. Pues para el mes de enero los registrados en la misma eran, según declaraciones de Aristóbulo Istúriz, vicepresidente para el Desarrollo Social y Territorial, 18.429.020. De acuerdo con el artículo, eso podría explicar la cantidad de mensajes en las redes sociales de personas dirigiéndose a voceros del Gobierno avisando que no les llegan los bonos.

Volvamos sin embargo al sector específico que nos ocupa en esta nota: las y los millones que no pueden simplemente atender el lema “Quédate en casa”, porque para resolver la manutención dependen de lo que puedan conseguir en la dinámica de la circulación diaria en la calle, que es lo que se ha interrumpido con la cuarentena obligatoria.

Vendedoras de empanadas, de cachapas, perrocalienteros, mototaxistas, plomeros, albañiles, vendedores de fruta, de panes, tortas y ponquecitos hechos por ellos mismos, y cualquier otra cosa en la calle, las maestras o trabajadoras de la educación que medio resolvían vendiendo algunas cosas en las escuelas y colegios, los chamos que resolvían el día a día vendiendo chucherías en el metro o en las calles, y un largo etcétera. ¿Toda esa gente debe resignarse a sobrevivir, quién sabe cómo, con lo que el Gobierno propone?

Agreguemos que, de acuerdo con las aproximaciones de la FAO, 1 de cada 3 venezolanos (9,3 millones de personas) padece de alimentación deficiente o directamente desnutrición. Cuando para afrontar el virus es clave tener un sistema inmunológico fuerte.

Por si esto no fuera suficiente, la inflación sigue castigando en medio de esta emergencia, mientras el gobierno no ha tomado absolutamente ninguna medida al respecto. Incluso productos elementales para prevenir y combatir el virus, como jabón, alcohol o mascarillas, han seguido subiendo de precio.

Debe garantizarse a todos los trabajadores (asalariados y cuentapropistas) un ingreso que cubra la canasta básica

Como señalamos en un artículo reciente, las medidas anunciadas por el gobierno no dan respuesta seria y real a las necesidades sanitarias y sociales derivadas tanto de la pandemia como de la cuarentena. En un escenario que apenas comienza. Hace falta un verdadero plan integral para enfrentar la emergencia socio-sanitaria, para evitar que este nuevo peligro profundice la catástrofe que ya arrastramos.

La situación de aquellos que no tienen cómo abastecerse de comida y de las cuestiones básicas para varias semanas, que no pueden sobrevivir apenas con la mezquina ayuda gubernamental, es uno de los problemas sociales más serios que trae aparejada no solo la pandemia en sí sino la manera en que el Gobierno la está encarando.

Una medida básica que debe tomarse es que el Estado y los empresarios deben garantizar a los asalariados un ingreso que cubra como mínimo el costo de la canasta básica (alimentos, medicina, transporte y servicios) y lo mismo a los independientes mientras no puedan laborar. Una demanda que responde a una necesidad del conjunto de la clase trabajadora, tanto los por cuenta propia como los dependientes.

Millones de trabajadores y trabajadoras, pertenecientes a ese sector de la clase obrera condenado al desempleo estructural y a la informalidad por el atraso del capitalismo venezolano y sus crisis, ¿por qué tienen que tener como única opción profundizar su precariedad o su miseria?

Lo que es parte de la naturaleza es el virus, no la miseria. ¡Y si aún así combatimos el virus, ¿por qué vamos a considerar como “normal” la profundización de la miseria en lugar de combatirla?!

Que si hay o no recursos para evitar mayor miseria del pueblo trabajador, por supuesto que los hay, lo que pasa es que, como dice un buen cinismo popular a la pregunta de “¿Cómo está la cosa?”: la cosa está buena, lo que pasa está mal distribuida.

Como parte de un plan integral que contemple esa medida, debe establecerse la eliminación del IVA para los productos de la canasta básica, al tiempo que fuertes impuestos a las ganancias y grandes capitales nacionales y extranjeros. Hay algo de lo que no hacen bulla las maquinarias comunicacionales del Gobierno ni de la oposición, y es que desde hace años el IVA, que es un impuesto indirecto al salario, aporta incluso más de lo que aportan los empresarios y las grandes fortunas por Impuesto Sobre la Renta (ISLR), tributos aduaneros y otros conceptos. Peor aún, en los últimos años el Gobierno de Maduro ha venido ampliando cada vez más las exoneraciones de impuestos no solo a diversos sectores del empresariado nacional, sino llegando incluso a algo no visto desde la tiranía entreguista de Gómez, como lo es exonerar a las grandes trasnacionales petroleras de pagar impuestos.

En medio de un país donde el hambre y la precariedad se han extendido entre el pueblo, ¿cómo es posible que el pueblo trabajador sea el que reciba golpes a su maltrecho bolsillo para financiar al Estado, mientras los grandes banqueros y capitalistas ponen menos o, incluso, son exonerados? ¡Es una inmoralidad injustificable, y mucho menos en esta emergencia! ¡Ya basta de alcahuetería con los capitalistas! De allí pueden y deben salir recursos para atender las necesidades de la emergencia sanitaria y social.

Otra medida indispensable que debe acompañar ese plan, para garantizar un ingreso que cubra como mínimo el costo de las cuestiones básicas de una familia, es que la distribución y los precios de los alimentos, medicinas y productos para prevenir el contagio deben ser controlados por los propios trabajadores y las comunidades conformados en comités para ese fin.

¿Hasta cuándo va a sangrar el pueblo porque se antepone el lucro privado? Y más aún en estas circunstancias. Todos los precios de los bienes de primera necesidad deben ser revisados y fijados por esos comités, así como la distribución, teniendo acceso a toda la información sobre los niveles de ganancia, de producción y de stock, lugares de almacenamiento, cadena de producción y distribución, para evitar mentiras, chantajes y mafias. Ni bajo control de los empresarios ni de los militares y burócratas. Con eso se debe garantizar, además, la distribución gratuita y masiva al pueblo de cuestiones elementales para combatir el virus (mascarillas, alcohol, jabón, etc.).

Junto a esto, medidas para la repatriación forzada de capitales y exigir el fin de las sanciones impuestas por los Estados Unidos, son parte también de lo que debe acompañar un plan para garantizar los recursos para que la paralización de la actividad económica no implique dejar a su suerte a los millones que viven al día. Repudiar la deuda externa, que ha sido una de las razones que nos llevó a la catástrofe actual y que pesa enormemente sobre las finanzas del país, es otra medida necesaria, junto a definir que toda la capacidad instalada de la industria nacional, así como las finanzas (bancos), deben estar a disposición para orientarse y reconvertirse en función de las necesidades sanitarias y sociales.

Como venimos señalado, estamos ante una situación extraordinaria, incluso en Venezuela desde mucho antes, porque hace años arrastramos una catástrofe, y no podemos resignarnos a que las únicas respuestas realmente extraordinarias sean la cuarentena nacional sin preparación ni garantías, y el reforzamiento del control policial de la población y del autoritarismo gubernamental.

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