En solo algunas horas el video retratando la violación de una joven se fue apropiando de las redes sociales y de todos los espacios, convirtiendo la violencia contra la mujer en un tema nacional.

Diana Assunção San Pablo
Sábado 4 de junio de 2016
Llegó a las aulas, a los descansos en las fábricas, al trayecto en el ómnibus, a los almuerzos y cenas en familia, a las ocupaciones y huelgas. Llegó a todos los espacios, convirtiendo la violencia contra la mujer en un tema nacional.
Estos hechos se dan en el contexto del nuevo gobierno golpista, de un señor llamado Michel Temer que se vanagloria de estar casado con una mujer “bella, recatada y de su casa”. Probablemente basado en esa “conducta femenina”, el oficial Alessandro Thiers, ya separado del caso, preguntó si la joven violada practicaba “sexo grupal”, buscando culpabilizar a la joven y perpetuando la cultura de la violación. El PT en todos sus años de gobierno fue abriendo el camino para el fortalecimiento de esta derecha que hoy avanza en incentivar la violencia de género. La Ley Maria da Penha (que endurece las penas sobre crímenes domésticos promulgada en 2006 por Lula) no impidió que el número de mujeres violentadas aumentara enormemente.
Este caso expuso el problema de la violencia contra las mujeres en Brasil. Los femicidios, antecedidos por violaciones, son la máxima expresión de la desigualdad de género. Muestra que las mujeres son convertidas en propiedad privada o que existen propietarios de la vida de las mujeres. Esta enorme red de violencia de género comienza por los asedios en los lugares de trabajo, los abusos sexuales de jefes y gerentes, el asedio en las calles, la violencia en los hogares pero también se expresa con fuerza en la idea de que la mujer no puede decidir sobre su propio cuerpo, aunque eso signifique su posible muerte como resultado de un aborto clandestino. Por otro lado, la publicidad de la TV y los productos que nos ofrece el capitalismo contribuyen a convertir a la mujer en una mercancía, un objeto sexual o alguien infeliz en busca de un modelo de belleza inalcanzable. Los medios hacen su contribución difundiendo los prejuicios de género, retratando a las mujeres en un lugar subordinado o incentivando la violencia y la violación. Esta violencia también se extiende con particularidad a las mujeres lesbianas, bisexuales, travestis y transexuales.
Por eso, luchar contra la cultura de la violación pasa en primer lugar por responsabilizar a las instituciones, declaradas y no declaradas, de esta sociedad capitalista que buscan más explotación o dominación sobre las mujeres. En este ámbito, la justicia cumple siempre un papel de proteger al Estado, revictimizando a las mujeres. Además de separar al oficial, es necesario que se constituya un jurado popular para tratar el caso. Las iglesias, instituciones que lucran sobre la fe de millones de personas, quieren imponer sus dogmas sobre la vida de las mujeres, impidiendo que decidan sobre sus propios cuerpos. En nombre de la “vida”, miles de mujeres mueren por abortos clandestinos. Todo eso muestra que la cultura de la violación está al servicio de perpetuar este orden capitalista de explotación y opresión.
Las movilizaciones que ocurrieron en diversos estados del país, reuniendo miles de mujeres en un único grito contra la violencia, muestran la potencia de esta lucha. Es necesario profundizar este camino pero sabiendo que el fin de la opresión sobre las mujeres no vendrá de este Estado burgués, del gobierno, del Congreso y la Justicia, que incentivan y protegen la violencia de género. Por eso, al mismo tiempo que luchamos contra toda forma de opresión y por cada uno de nuestros más elementales derechos, debemos dirigir nuestra lucha contra nuestros verdaderos enemigos: el Estado capitalista.
No podemos aceptar un gobierno golpista que quiere avanzar aún más sobre nuestros derechos. Al mismo tiempo necesitamos luchar por una salida política frente a esta crisis, no permitiendo que sean los políticos corruptos los que decidan el destino del país. A partir de las luchas, imponer una nueva Constituyente donde podamos avanzar en la legalización del aborto, que durante todos estos años el PT se negó a implementar, y la realización de nuestros derechos elementales para enfrentar la opresión que sufrimos en esta sociedad, en el camino de avanzar en la lucha por un gobierno de los trabajadores y el pueblo.
Plan de emergencia contra la violencia a las mujeres
Contra los despidos y el trabajo precario
El plan de ajustes que ya venía siendo implementado por el gobierno del PT ahora ganó contornos más ofensivos con el gobierno golpista de Temer. Quieren descargar la crisis sobre las espaldas de los trabajadores, y sabemos que serán las mujeres trabajadoras las que más sufrirán los despidos, pues ocupan los puestos más precarios. Es necesario luchar contra los despidos, en especial en las fábricas y también contra el trabajo precario, exigiendo igualdad de derechos y la efectivización de todas las trabajadoras tercerizadas.
En defensa de la salud y la educación pública y de calidad
El gobierno golpista de Temer ya anunció que impondrá un techo al presupuesto de áreas como salud y educación. Un ataque histórico que merece una respuesta histórica. Esto se da al mismo tiempo en que aprueba el aumento salarial de jueces y funcionarios de alto escalafón. Debemos luchar para que el “techo” sea para la ganancia de los patrones y para que los jueces y políticos ganen el salario de una maestra. Es por eso que la huelga de las universidades estaduales paulistas, la huelga de los profesores de Río de Janeiro, las ocupaciones de escuelas secundarias en diversos estados del país adquiere la mayor importancia pues pueden ser la punta de lanza de una huelga nacional en defensa de la educación y la salud, con miles de mujeres al frente.
¡Conocé Pan y Rosas!
Pan y Rosas es un grupo de mujeres revolucionarias y socialistas con presencia en varios países de América Latina. Creemos que la lucha por nuestra emancipación solo puede ser llevada hasta el final si se combina con la lucha para derrotar este sistema capitalista y luchar por una revolución socialista. Estamos en la primera fila de la lucha por nuestros derechos más elementales, pero siempre bajo esta perspectiva pues no consideramos que los hombres sean nuestros enemigos sino el capitalismo. Invitamos a todas las mujeres y LGBTs a conocer Pan y Rosas, que interviene junto a la Juventud Faísca y el Movimiento Nuestra Clase, agrupaciones construidas por militantes del Movimiento Revolucionario de Trabajadores e independientes.