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Más allá de los discursos. Brecha salarial y poder adquisitivo de las mujeres en México: ¿mejoría real o retórica electoral?

El surgimiento del "Frente Nacional Por Ella Todas" y la "agenda feminista" del Gobierno son muestra de la relevancia que tiene para la 4T buscar un diálogo con el movimiento de mujeres para fines electorales. Sin embargo, esto no representa los intereses y necesidades de las mujeres jóvenes y trabajadoras que enfrentan precariedad, violencia y falta de derechos.

Nancy Cázares

Nancy Cázares @nancynan.cazares

Lunes 24 de abril de 2023

El surgimiento del llamado "Frente Nacional Por Ella Todas" en apoyo a la candidatura de Claudia Sheinbaum para las elecciones presidenciales de 2024 es una muestra más de la gran relevancia que tiene para el Gobierno buscar un diálogo con sectores del movimiento de mujeres que permitan la instrumentalización de su lucha y sus demandas con fines electorales.

El discurso a favor de los derechos de las mujeres por parte de funcionarios de la "Cuarta Transformación" ha sido una constante a lo largo del sexenio. La disposición de paridad en el Gabinete Presidencial y en distintos espacios legislativos e instituciones, así como la promoción de figuras femeninas al frente del Banco de México y la Suprema Corte de Justicia de la Nación, integró una cifra histórica de mujeres con distintos cargos (entre ellos nueve gobernadoras, Jefa de Gobierno incluida) a la llamada "vida política nacional". Esta participación ha querido ser presentada como un “triunfo” de Morena, cuando en realidad ha sido producto de luchas de mujeres a lo largo de la historia de México por derechos democráticos y de la lectura del régimen actual del movimiento y el llamado “espíritu de época”.

Esto ha sido motor del discurso de Sheinbaum para posicionar a Morena como una opción viable para resolver las demandas del movimiento de mujeres y "romper el techo de cristal", expresión que ha pasado a formar parte del vocabulario de esta nueva oleada de feminismo liberal que se apropia de una edulcorada Angela Davis y del peso histórico de figuras como Dolores Jiménez y Muro, Elvia Carrillo Puerto o Hermila Galindo Acosta, para decirle a las millones de mujeres entre quienes genera ilusiones la "agenda feminista" del gobierno, que los principales problemas que enfrentan se resolverán en las urnas, votando a favor de la continuidad de Morena en la presidencia y sus políticas de paridad.

Desde la Agrupación de Mujeres y Diversidad Pan y Rosas, hemos sostenido que, aunque los partidos y las instituciones celebran la inclusión de mujeres en las candidaturas políticas como un triunfo para todas, las mujeres jóvenes y trabajadoras que enfrentamos la precariedad, violencia y la falta de derechos aún no vemos reflejados nuestros intereses en estas candidaturas. A pesar de que algunas de las candidatas son mujeres, ninguna de las opciones presentadas representa sus necesidades y luchas.

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Luisa María Alcalde, titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, como parte de una actividad con motivo del Día Internacional de la Mujer de este año, habló de una reducción del 20% en la brecha salarial y de una recuperación del 90% en el poder adquisitivo de las mujeres, así como de una mayor participación de las mujeres en el mundo laboral. En el mismo evento, encabezado por Claudia Sheinbaum y al que asistieron delegaciones de mujeres en cargos públicos de todo el país, la Jefa de Gobierno, entre promesas de continuidad, agitó demandas tan sentidas como contra el feminicidio y el acceso a la educación y la salud en lo que fue leído como un acto con características de campaña proselitista.

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¿Qué dicen las leyes en México?

En México, existen leyes que han sido presentadas como esfuerzos para "prevenir y eliminar la brecha salarial entre hombres y mujeres" y que, sin embargo, han sido producto de luchas . La Ley Federal del Trabajo, por ejemplo, establece que "a igual trabajo, igual salario, sin discriminación alguna". La Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación (aprobada desde 2003) prohíbe la discriminación laboral por razones de género y establece la obligación de las empresas de garantizar la igualdad salarial entre mujeres y hombres.

En 2019 se publicó la Ley Federal de Remuneración de los Servidores Públicos, que establece que las remuneraciones de los servidores públicos deben ser equitativas, sin discriminación y con perspectiva de género. Esta ley también prohíbe la discriminación salarial entre hombres y mujeres en el sector público.

Además, en 2020 se encontró la reforma en materia de paridad de género en el ámbito político-electoral, que establece la obligación de los partidos políticos de garantizar la paridad de género en las candidaturas a cargos de elección popular y en los puestos de dirección de los partidos.

Sin embargo, a pesar de estas leyes y reformas, la brecha salarial entre hombres y mujeres en México sigue siendo una realidad.

Pero, ¿qué dicen las cifras?

Medios como El Economista dan cuenta de una realidad que choca de frente con el discurso de ruptura del techo de cristal que tanto impacta en algunos sectores del feminismo y con el discurso del progreso a través del esfuerzo individual: En cuatro años de que la paridad formara parte de la agenda y los discursos oficiales, apenas se registró un 0.5% de aumento en la presencia de mujeres en altos cargos en la iniciativa privada en México.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en el cuarto trimestre de 2021 la tasa de informalidad laboral en mujeres fue del 56,6%, mientras que en hombres fue del 51,7%. Además, el ingreso promedio diario de las mujeres ocupadas en el empleo informal fue de 181,4 pesos en el mismo período, mientras que el de los hombres fue de 225,4 pesos.

Investigaciones como la de la consultoría McKinsey o el reporte Women Matter 2022, señalan que estamos a un siglo de distancia de la paridad efectiva en altos cargos, así como en igualdad de salarios. La pandemia de COVID-19 exacerbó las desigualdades de género en el empleo informal, ya que muchas mujeres han perdido sus empleos o han visto disminuidos sus ingresos debido a la crisis económica.

El raquítico crecimiento de la fuerza laboral formal de 35 a 38% desde 2018, con una pandemia de por medio, no mejoró los pronósticos. Por el contrario, la pandemia y las políticas laborales del gobierno que permiten la terciarización y el subcontrato, abrieron un nuevo campo de explotación del cual las mujeres llevan las peores cifras. En 2020, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) informó que la brecha salarial de género se amplió en un 2,3% en comparación con 2019.

Según datos del CONEVAL, la brecha salarial no sólo se sostiene, sino que se profundizó tras la pandemia. Mientras los hombres ocupados reportaron un ingreso real mensual de 7 mil 67 pesos al mes, las mujeres reportaron un ingreso de 5 mil 522 pesos mensuales hacia el cuarto trimestre de 2022. En el tercer y cuarto trimestre de 2022, mientras los hombres ocupados reportaron un aumento en su ingreso real del 2.5%, las mujeres reportaron una reducción de 1% en el mismo periodo.

Si gana ella, ¿ganamos todas?

El discurso oficial no puede soslayar la realidad de precarización y violencia que enfrentan las grandes mayorías de mujeres trabajadoras en nuestro país. El alto al despojo, la violencia y la precarización no depende del género de quien gobierne, sino de las políticas que impulse y los intereses que defienda y represente. Con esto queda claro que lo que en otro momento se presentó como un triunfo del movimiento de mujeres, el hecho de poder participar de la vida política como demanda sentida del feminismo, no borra las terribles condiciones de opresión que viven las grandes mayorías, pues ocupar cargos relevantes en el engranaje capitalista, defendiendo la agenda de los grandes empresarios, no es ningún triunfo para las mujeres ni sus reivindicaciones.

Las promesas de continuidad incluyen la militarización para imponer megaproyectos y ajustes que el capital necesita para seguir obteniendo ganancias. Incluyen asimismo pactos con la derecha reaccionaria que durante años han atentado contra los derechos de las mujeres y que aún hoy en día siguen votando medidas antiobreras y antipopulares con figuras como Lily Tellez y América Rangel a la cabeza.

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Aunque algunas candidatas puedan mencionar demandas propias del movimiento feminista, como la lucha contra la violencia y la despenalización del aborto, en realidad no ofrecen soluciones que aborden la raíz del problema. En el fondo, estas candidatas defienden un sistema que se basa en la desigualdad y la explotación de un pequeño grupo de empresarios y sus gobiernos, que mantienen a las grandes mayorías, incluyendo a muchas mujeres, empobrecidas. Además, las restricciones del sistema político impiden que los trabajadores y trabajadoras que no pueden cumplir con los costosos requisitos y cuotas impuestas puedan participar en la política de manera efectiva.

Como decimos aquí, "Las mujeres y disidencias que militamos a nivel internacional en la agrupación Pan y Rosas, coincidimos en que debemos tomar el poder, pero sostenemos que es indispensable terminar con la dominación de clase que descansa sobre la base de la opresión de la mitad de la población ocupando nuestra condición de mujeres para garantizar la acumulación de ganancias de unos cuantos".

Es fundamental construir una unidad profunda entre los trabajadores y las trabajadoras sindicalizadas con aquellos que están en situaciones laborales precarias, que representan la mayoría. Para lograrlo, debemos apostar por la creación de comisiones de mujeres en los centros de trabajo y luchar por guarderías, salas de lactancia, comedores y lavanderías para que las mujeres trabajadoras puedan liberarse de la esclavitud doméstica que impone dobles o triples jornadas laborales, considerando las tareas de cuidado. Esto nos permitiría tener mejores condiciones para combatir la violencia y luchar junto a nuestros compañeros por una sociedad sin opresión ni explotación.

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En el contexto de las elecciones, es crucial reafirmar la independencia del movimiento feminista. La historia ha demostrado que nuestros derechos no serán concedidos por la "benevolencia" de los partidos políticos que representan a los patrones. En cambio, hemos logrado conquistar nuestros derechos históricamente a través de la movilización en las calles.