Los economistas esperan reactivación electoral en 2017. El “control” inflacionario y cambiario enfrenta dificultades. El endeudamiento externo da aire a la economía.

Pablo Anino @PabloAnino
Miércoles 26 de octubre de 2016
Todos los pronósticos de los economistas y consultoras tienden a confluir, con matices, en que 2016 terminará con una caída entre 1,1 y 2,4 %.
Pero el próximo prometen que será mejor: se prevé un crecimiento que podría ubicarse entre 1,5 y 5 %, mientras el promedio de los pronósticos dicen que la economía tendrá un alza de 3,2 %. Algo así como un rebote de la caída. No mucho más que eso.
La inflación se aproximará al 40 % anual cuando finalice 2016 y será de alrededor del 20 % en 2017. Para los especialistas, el dólar estará estable subiendo hasta $ 16 hacia el final del año y llegará a $18,5 en diciembre de 2017.
Todos los datos surgen del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que realiza el Banco Central.
En declaraciones públicas, los más entusiastas con las perspectivas económicas son los dos asesores de Daniel Scioli durante la campaña electoral. Para Miguel Bein el crecimiento podría llegar al 5 %.
Algo similar planteó Mario Blejer: “El año que viene va a ser un año de crecimiento de la economía, va a crecer entre el 4% y el 5%. Soy optimista.”, dijo el ex presidente del Banco Central. Y agregó que “la inflación está en un proceso de control y sostenida caída”. Parece ser un entusiasmo exagerado.
Detrás de las proyecciones anida el deseo del Gobierno y el establishment económico de pintar un panorama en el cual lo peor ya pasó. Buscan aplacar el malestar social con la promesa de un futuro mejor.
No obstante, los datos oficiales muestran que la actividad económica sigue sin dar los famosos “brotes verdes”. Entre otros indicadores, es lo exhibe el Estimador Mensual de la Actividad Económica, publicado por Indec, que registró una caída de 2,3 % interanual en el acumulado hasta agosto. La caída es más moderada que en los meses previos, pero el repunte no aparece.
No habría que tomar la supuesta estabilidad en algunas variables macroeconómicas como una tendencia definitiva. Además, algunos parámetros (como la inflación y el tipo de cambio) se estabilizaron al costo de generar nuevos desequilibrios en el fisco y en el endeudamiento, tanto del Banco Central como del Tesoro.
El “control” inflacionario
El “control” de la inflación tiene por detrás una importante recesión. La política del Banco Central, reduciendo la emisión monetaria con elevadas tasas de interés, además de alimentar una bicicleta financiera para aplacar el dólar, contribuyó a empujar la actividad hacia abajo.
La caída del poder de compra del salario, que en el primer semestre acumuló una retracción de al menos 10 %, es la verdadera política antiinflacionaria. De este modo, se desaceleró el alza de precios debido a la caída del consumo, las ventas y la producción. Aun así, la inflación se ubicará de mínima en 40 % anual hacia diciembre.
¿Qué pasará si los salarios crecen por encima de la inflación los próximos meses como afirma Prat Gay? ¿Los empresarios aceptarán reducir sus márgenes de ganancias o iniciarán nuevas rondas de remarcaciones?. Esas no son las únicas preguntas que deberán ser respondidas hacia adelante.
En octubre se comenzó a aplicar el tarifazo en el gas. Para noviembre posiblemente haya un nuevo incremento en las naftas. Estos días el Gobierno está llamando a las audiencias públicas por el precio de la electricidad. Edenor y Edesur piden aumentos que podrían llegar hasta alrededor del 73 % en 2017.
¿Qué harán las empresas una vez que impacten esos aumentos en sus costos? ¿Los trasladarán a precios? Como se sabe, el Gobierno les podrá hablar con el corazón, pero le responderán con el bolsillo.
Que no todo está bajo control en cuanto a la inflación lo devela la propia política del Banco Central que este martes mantuvo sin modificación la tasa de interés de referencia e indicó en su comunicado que la decisión era “para consolidar la desinflación ya ocurrida este año y avanzar en el proceso de convergencia de las expectativas de inflación de 2017 hacia las metas anunciadas”.
2017: el difícil equilibrio entre política y economía
El Banco Mundial mejoró dos puestos el posicionamiento de Argentina en un ranking mundial de “clima de negocios”. No es para menos, el macrismo tomó casi todas las medidas reclamadas por el establishment.
Desde lejos se ve mejor al país que de cerca. La actitud de los empresarios que no se terminan de enamorar del nuevo “modelo” pone nervioso al presidente Mauricio Macri que los invitó a “romperse el traste”.
El blanqueo de capitales, aunque todavía resta tiempo para conocer sus resultados finales, no estaría cumpliendo con las expectativas de Cambiemos.
Llamativamente, el ministro de Agroindustria, Ricardo Buryaile, señaló que el "plan económico" no está supeditado al éxito del blanqueo. Tal vez, sea un exceso de atribuciones tratar ese tema por parte de Buryaile, pero las declaraciones tuvieron lugar a la salida de una reunión de gabinete.
El Gobierno se prepara para poner todas las fichas en las elecciones de medio término. Frente a la huelga de inversiones, busca que la obra pública sea el motor de la reactivación del año próximo.
La principal ventaja que cuenta el oficialismo es el bajo nivel de deuda heredado del kirchnerismo. De este modo, se dispone a financiar la obra pública y su campaña electoral con un salto inédito en el endeudamiento.
Este año, la emisión de deuda supera los U$S 30 mil millones. La escalada comenzó con el arreglo con los buitres, para lo que Argentina realizó la mayor colocación de un país emergente en décadas.
En las últimas semanas, el equipo económico aceleró las colocaciones para anticipar una probable suba de la tasa de interés por parte de la FED de los Estados Unidos que encarezca el crédito. Sólo en octubre se llevan emitidos alrededor de U$S 10 mil millones que fortalecieron las reservas del Banco Central hasta ubicarlas por encima de los U$S 40 mil millones.
Para el año próximo se estima que de mínima el Gobierno necesitará otros U$S 30 mil millones de dólares para cubrir el déficit. De esta forma, la ventaja del "desendeudamiento" se está erosionando a un ritmo acelerado.
El presupuesto 2017 establece desembolsos por casi $ 248 mil millones para los intereses de la deuda que irán a las manos del Club de París, los fondos buitres y otros especuladores.
Los intereses de deuda pública significarán el 10 % del total del gasto del Estado nacional proyectado para el año próximo (2,53 % del PIB). Se trata, de una partida superior a la de educación (6,8 % del presupuesto) y salud (3,7 %). Los desembolsos por intereses de deuda son, a la vez, casi cinco veces superiores a lo que recibirán 3,5 millones de niños y adolescentes por la Asignación Universal por Hijo.
El endeudamiento no solo conlleva una hipoteca presente y futura, sino que también vincula la estabilidad financiera y cambiaria a los vaivenes de la economía mundial y al control del tipo de cambio. En lo inmediato, depende de que se modere la recesión económica en Brasil hacia el año que viene.
Una devaluación, como vienen reclamando sectores industriales, podría implicar un shock que mueva toda la estantería del endeudamiento tomado en dólares. Los hombres de negocios por ahora actúan con cautela.
La escalada en la emisión de deuda fue advertida por el Institute of International Finance (IIF), una influyente organización internacional. El IIF se muestra comprensivo de las necesidades políticas del Gobierno, pero llama la atención sobre que el déficit del 7 % del PBI no es sostenible indefinidamente. Y plantea que el “sinceramiento” fiscal deberá practicarse luego de las elecciones.
En estas condiciones, la economía está atada a la respiración artificial que otorga el capital financiero internacional. Son ellos los dueños del pulmotor.

Pablo Anino
Nació en la provincia de Buenos Aires en 1974. Es Licenciado en Economía con Maestría en Historia Económica. Es docente en la UBA. Milita en el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). Es columnista de economía en el programa de radio El Círculo Rojo y en La Izquierda Diario.