Compartimos una reflexión acerca de la publicidad de la cadena alimenticia.
Sábado 27 de mayo de 2017 13:10
Se abre una nueva sucursal de una cadena de comida rápida en tu barrio. Invitás a tus hermanas, invitas a tu novio, a tus papás o, simplemente, vas con un grupo de amigos y amigas.
Llegás, pedís, todo normal. Te sentás a comer, pestañeaste, cerras y volvés a abrir los ojos porque lo que te encontraste en el salón justo en frente de donde estás comiendo es increíble.
Una gigantografía en la pared de un Burger King con dos fotos que invitan a los jóvenes a acercarse a comer, tal como lo hiciste vos. De un lado, primer plano de un chico y del otro lado, sólo las piernas de una adolescente, no hay rostro, se infiere que sus zapatos son escolares. Al lado de la cara del chico, una frase: “Vení con compañeros de estudio”. Y junto a la foto de las piernas "(...)
o a estudiar a tus nuevas compañeras"
Mirás para los costados y ves que entre quienes te tomaron el pedido y te sirvieron está lleno de mujeres. Visualizas también que en frente tuyo hay un grupo que salió de la escuela y, en su mayoría, son mujeres. Recordaste de pronto ese otro cartel en la calle, donde al lado del busto de una chica que ocupa toda la imagen, también sin rostro, pusieron una gaseosa de marca mundialmente conocida. También te pareció inverosímil.
Te fuiste sin decir nada porque, total, siempre es la misma historia. Llegaste a tu casa y, mientras acomodabas tu ropa o te preparabas para sentarte a comer en familia, chequeaste el celular y abriste el Facebook. Otra amiga que denuncia públicamente que la tocaron en el subte, que le gritaron algo irreproducible sobre su cola, sus piernas, su escote (o no escote). Bloqueas el celular, no queres ni pensar. Te incorporás a la mesa para conversar con tu familia, para distenderte. El noticiero está silenciado y alguien sube el volumen: otro femicidio, otra piba que aparece asesinada en una caja, en una bolsa, enterrada debajo de un árbol o una estructura improvisada de cemento. Pensás que no importa qué día caiga, no importa qué tengas que hacer ni qué tan ocupada estés: este #NiUnaMenos no podés faltar. No querés que esto sea normal nunca más. Pensás: “tenemos que ser miles en la calle, no puedo acostumbrarme a esto”.
Todo está relacionado y no es improvisada ni poco pensada la publicidad, ni las estrategias de márketing de las empresas. No es cosa del presente, tampoco. Es un medio más de un sistema que reproduce el machismo en sus mayores o menores escalas, de manera explicita o implícita. Que tiene como único fin el consumo y reproduce la utilización del cuerpo de la mujer cosificado como medio de venta hacia toda la población, incluyendo a las propias mujeres.
Situaciones graves, como el acoso callejero, se ven legitimadas a través de este tipo de publicidades gráficas o de los distintos medios de comunicación. Y lo grave es que nadie dice nada. Lo grave no es un cartel, lo peligroso es que está en todo lo que consumimos o quieren que consumamos. Y que mientras usan nuestras piernas para vender hamburguesas y papas fritas, cada 18 horas violan y asesinan a una mujer en Argentina. No es casual.
El cartel en el local de Burger King ubicado en Av. Rivadavia 6661, Flores.