El pasado jueves 27 de abril, Unidos Podemos-En Comú Podem-En Marea hacían pública su intención de sacar adelante una moción de censura contra el presidente del Gobierno Mariano Rajoy. Iniciativa a la que se han sumado las dos grandes centrales sindicales.
Ivan Vela @Ivan_Borvba
Federico Grom Barcelona | @fedegrom
Miércoles 3 de mayo de 2017
A pocas fechas de finalizar abril, Unidos Podemos lanzaba en el Congreso de los Diputados su propuesta de moción de censura, que tuvo un fuerte eco en los medios de comunicación.
"España está viviendo un estado de excepción democrático: por el saqueo del PP de las administraciones públicas y un comportamiento parásito de las instituciones" señalaba el mismo Pablo Iglesias para defender la iniciativa. Dando cuenta de los últimos y resonantes casos de corrupción conocidos las últimas semanas.
La iniciativa de la formación neorreformista fue presentada como una decisión meditada y consensuada con otros actores, como con las dos mayores centrales sindicales CC.OO y UGT.
"Vemos con simpatía la moción. El Parlamento debe ser una caja de resonancia de los principales problemas de esta sociedad" ha señalado el secretario de Acción Sindical de CCOO, Ramón Górriz. Así, CCOO y UGT anunciaban que apoyarán la propuesta de Unidos Podemos de presentar una moción de censura al gobierno de Mariano Rajoy.
Aunque Unidos Podemos está en condiciones por sí solo de presentar la moción de censura ya que solo es necesaria la firma de 35 diputados, ésta tiene que ir acompañada de un candidato alternativo que logre el apoyo de la mitad más uno de la Cámara. Lo que hace que la iniciativa quede como poco más que un golpe de efecto, dado que como era de esperar el PSOE, en su rol de participante de la “Gran Coalición”, no tiene la más mínima intención de apoyarla.
En esta línea se expresaban el portavoz del grupo socialista en el Congreso o el propio Javier Fernández, presidente de la gestora que está a la cabeza del PSOE, al insistir que desde las filas socialistas “no la creemos útil”.
Además del golpe de efecto de la iniciativa que se ha ganado varias notas en los medios, esta iniciativa busca incomodar al PSOE el socio deseable de Podemos e Iglesias.
Pero cabe preguntarse si la alternativa al gobierno de Mariano Rajoy que tienen en su hoja de ruta Iglesias y los suyos es un gobierno con el PSOE, pata social liberal del Régimen del 78 y que no presenta precisamente una hoja de servicios limpia de corrupción, puertas giratorias, privatizaciones y ataques a los sectores populares. Acabar con la corrupción y traer la democracia, de la mano de un partido que ha participado del saqueo y que ha dado un golpe de estado dentro de su propio partido, es poco serio y creíble.
Del mismo modo, llama la atención que la “vuelta a las calles” y a “la movilización” que supondría los resultados de Vistalegre II siga sin llegar, ni siquiera cuando la indignación contra el gobierno del PP y la casta judicial y la impunidad vuelven a rozar máximos.
La moción de censura trajo consigo los apoyos de CCOO y UGT, justo en el marco del 1 de mayo, las Las Marchas de la Dignidad en Madrid el 27 del mismo mes, y un lento pero sostenido reverdecer de las luchas obreras.
Los mismos que antes de la crisis del 2008, habían permitido una multiplicidad de contratos temporales, que llevo a una fuerte dualidad del mercado de trabajo, frente a la crisis actuaron como verdaderos “bomberos sociales”.
Bien por omisión y abandono de toda organización, coordinación y lucha de los trabajadores y las trabajadoras que han alzado su voz contra los despidos, los EREs , la precariedad y la pérdida de derechos así como la brutal caída del salario, bien por aislamiento consciente de las luchas y pactos con la patronal, las burocracias sindicales han jugado su papel fundamental en la crisis, servir de freno a las luchas, y ser los principales entregadores de conquistas, así como evitar el desarrollo de un sindicalismo de base, combativo y anticapitalista.
Resulta lógico entonces que a esta política de “paz social” impuesta por las direcciones burocráticas de CCOO y UGT, las medidas parlamentarias que trasladan el peso de la lucha de las calles al hemiciclo, y de paso les quiten toda responsabilidad, sean vistas “con simpatía” por los dirigentes de CCOO y UGT.
La iniciativa de Unidos Podemos empalma con la actitud de las direcciones de los grandes sindicatos; vaciar las calles, pactar en los despachos y evitar que la clase trabajadora entre en la escena política con todo su potencial.
A pesar del rol de contención jugado estos años por la burocracia sindical, han sido significativos los sectores que se han rebelado contra esta situación; las Mareas, movimientos contra los desahucios e importantes luchas obreras como fueron las de Panrico y Coca Cola, o la lucha minera del 2012 en medio de dos huelgas generales, así lo demuestran.
Hoy en día, frente a la actual deslegitimación del gobierno de Mariano Rajoy y del resto de la “casta” política del Régimen del 78, la clase trabajadora y la lucha de clases está reverdeciendo de nuevo. El conflicto de las “contratas” de Movistar, la lucha de TMB en Barcelona, el movimiento por la remunicipalización de los servicios, la lucha contra la precariedad con Las Kellys a la cabeza, así como el conflicto abierto con los trabajadores de la estiba, dan buena cuenta de ello.
Esa es la “moción de censura” de la clase trabajadora y los más explotados, que las direcciones burocráticas de CCOO y UGT no ven con “simpatía.
Por ello, en el marco de la actual situación, es imprescindible pelear por que los sindicatos jueguen el papel que les corresponde. Defender los intereses de los trabajadores y las trabajadoras, especialmente en las calles y los centros de trabajo. Es vital que su dirección abandone su política de paz social y llame a organizar un plan de lucha y una huelga general contra el gobierno de Rajoy, su agenda antiobrera y empezar a recuperar el terreno perdido para avanzar en nuestras conquistas.