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Red Internacional
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CÓRDOBA / PRECARIZACIÓN LABORAL. Calls centers: ¿te imaginás hacer más de 200 llamadas en 4 horas?

Cuando estás en un escritorio con un teléfono y tomas conciencia de que sos un esclavo asalariado.

Domingo 1ro de marzo de 2020 00:47

En la actualidad, la mayoría de los trabajos son precarios. Desde hace unos años, las empresas han implementado nuevas técnicas de venta y de comercialización telefónica: los call center.

En Córdoba, Traslasierra se han instalado los mismos en casas, cuyos ambientes transformados en oficinas, albergan a 20 personas sentadas en “boxes” (cubículos de 50 cm por 50 cm) Allí y por varias horas los empleados se encuentran trabajando (sólo haciendo llamadas) bajo la mirada de un supervisor quien controla la duración y la cantidad de llamadas y además "acelera" el ritmo de trabajo porque hay que "vender y vender como sea".

Desde la redacción de La Izquierda Diario, pudimos entrevistar a Tamara quien trabajó en uno en Traslasierra hasta que su cuerpo no pudo tolerar más el ritmo de trabajo.

LID: Estuviste trabajando en un call center en Villa Dolores por un año y medio. ¿Cómo trabajaban?

Tamara: Cuando entras a trabajar, te lo pintan como algo cómodo con buen clima laboral, te dicen que tenés un sueldo fijo todos los meses. Pero después ves que la realidad es otra. El horario de trabajo es de 4 horas diarias, 5 días a la semana. Por esas horas trabajadas al mes te pagan 6 mil pesos en negro.
Te tienen las cuatro horas laburando sin parar. Te exigen que estés diez minutos antes de la hora de ingreso para poder buscar un vaso de agua, cargar agua para el mate, poder ir al baño y demás, porque una vez que comienza el horario ya no te podes levantar de tu box por nada del mundo.
El box donde estás sentada mide 50 cm x 50 cm. En Villa Dolores, el call se encuentra en una casa vieja donde en cada habitación hay entre 10 y 15 boxes. Las condiciones en las que trabajamos son muy esclavizantes. Hay tres turnos de trabajo y, por turno, son 30 personas. Imaginate que hay un sólo baño para compartir entre las noventa que trabajan por día. Hay veces que ni al baño podes ir. Todo te controlan.

LID: ¿A qué te referís cuando decís “todo te controlan”?

Tamara: Mientras estás trabajando en tu box, hay un supervisor que cada 10 minutos grita: “¿qué pasa que no hay ventas?” “¿ya quieren empezar a trabajar?” “me parece que mañana hay muchos que no van a tener trabajo”... y no te queda otra que tomarlo con un poco de gracia porque si no te volvés loca… de por sí el trabajo satura la cabeza ¿¡te imaginas hacer más de 200 llamadas en 4 horas donde más de la mitad de las respuestas son insultos!? Es un trabajo donde el mal trato y los gritos son algo “normal”.

LID: Es agotador el ritmo de trabajo y la presión de los jefes para aumentar la productividad. ¿Cómo te sentís cuando salís de trabajar?

Tamara: Tenés que estar muchas horas con auriculares puestos escuchando los tonos agudos de las llamadas y de fondo, gritos de los otros compañeros y supervisores, te ves obligada a hacer fuerza con los oídos para poder escuchar al cliente y a la larga trae problemas auditivos jodidos y ni hablemos de las cuerdas vocales. Yo, por ejemplo, estuve más de tres meses sorda. No me dieron ni un día para estar en mi casa y me exigieron hacer la misma cantidad de llamadas que en un mes normal, claramente no podía, y así vivís en un estado de ansiedad y dolor.

Como estoy en negro, no tengo obra social ni aportes jubilatorios ni nada, entonces fui al hospital a hacerme ver porque estaba cada vez peor de los oídos. Me ordenaron realizar una audiometría que salió mal porque el Hospital Regional de Villa Dolores no cuenta con instalaciones adecuadas para este tipo de estudio. Imposible, ni siquiera el Estado garantiza un servicio de salud pública de calidad. Toda la vida se te complica, no es sólo el trabajo, también la salud. Entonces, solicité una consulta en un centro privado que me salía muy cara, repetir la audiometría me costaba 5 mil pesos, y yo gano por mes 6. Tenía que seguir trabajando, no lo pude pagar y esperar que se me pasara. Cuando no te queda otra, te las tenés que arreglar como sea. Es tu vida y tu salud la que está en juego. Al call center sólo le importa tu productividad.

La realidad que nos cuenta Tamara en la entrevista, es la realidad de muchos jóvenes que están terminando el secundario y comienzan a pensar en sus sueños. Muchos trabajan desde la adolescencia porque en sus hogares no se logran cubrir las necesidades básicas para llegar a fin de mes. Lo hacen en las peores condiciones, ritmos de trabajo acelerados, en negro, sin obra social, sin convenio.

La precariedad en el trabajo se traduce en precariedad en la vida pues, a la juventud se le hace difícil sostener los estudios, acceder a un sistema de salud, y la posibilidad de ser independiente económicamente de los padres es muy lejana o casi imposible.
En el caso de las mujeres precarizadas, se llevan la peor parte. No sólo trabajan en peores condiciones, sino que, luego en su vida cotidiana, enfrentan la crianza de sus hijos, sostienen sus hogares, llevan adelante los quehaceres domésticos, son todas tareas invisibilizadas y no remuneradas. Es un trabajo silencioso que en tiempos de crisis se agudiza aún más. Las mujeres hacen malabares para llegar a cubrir todas las necesidades de su familia, y aún así no lo consiguen.

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Desde el PTS en el Frente de Izquierda Unidad, peleamos por terminar con esta precariedad en el trabajo y en la vida. Hay una salida para que esta juventud pueda vivir y hacer lo que le gusta, que tenga tiempo para trabajar, para disfrutar y para descansar. Por esta razón, proponemos que todas y todos sean pasados al convenio colectivo más favorable, es decir que no sean tercerizados. Proponemos que:
Se deroguen todas las leyes que les permiten a las empresas contratar mano de obra barata en la juventud.

Haya servicios sociales (jardines, casas de comidas para llevar, lavanderías, restaurantes) en los lugares de trabajo, en las universidades y en los barrios, y que estos sean subsidiados por las empresas y el Estado.
Haya becas para que ningún joven se quede sin estudiar, peleamos por la universalización del boleto estudiantil. ¡Que estudiar no sea un sacrificio sino que sea cumplir un sueño!

Con todo el dinero que los gobiernos le pagan al FMI y a los acreedores privados extranjeros por una deuda que es ilegal, ilegítima y fraudulenta, si lo destinaran a la educación, a la salud, la vivienda y al trabajo, sería posible que estas medidas se concreten.

La juventud no le debe nada al capitalismo y no tiene nada que perder al enfrentarse y luchar contra este sistema de opresión y explotación. ¡Es posible pensar en una vida que merezca ser vivida!