En las manifestaciones contra el macrismo se corea la consigna "Macri basura, vos sos la dictadura". Desde Cambiemos y la alcahuetería mediática se rechaza dicha consigna, bajo el argumento de que se trata de un "gobierno constitucional"

Facundo Aguirre @facuaguirre1917
Miércoles 6 de septiembre de 2017 08:53
Periodismo de la “guerra sucia”
Existe una campaña mediática para blindar al Gobierno por sus responsabilidades en el caso Santiago Maldonado, copiados del estilo periodístico que diarios como Clarín y La Nación llevaron adelante durante la dictadura.
Los argumentos de los popes del "periodismo de guerra", como lo definiera para La Izquierda Diario uno de sus espadachines, Julio Blanck son: la demonización de la oposición social bajo el mote de terrorismo, la construcción de un enemigo interno en los mapuches totalmente funcional a los terratenientes, el sembrar dudas sobre la existencia de un desaparecido, las justificaciones que recurren al nefasto “algo habrá hecho” para justificar el accionar de una fuerza de represión estatal. Estos sectores además celebran las provocaciones policiales y la vía libre a la mano dura policial contra manifestantes. No es de extrañar, estos medios fueron cómplices y beneficiarios del genocidio, al punto de que lograron la posesión de Papel Prensa arrancada mediante la persuasión de la mesa de torturas.
Los grandes medios son los difusores del sentido común reaccionario de una derecha que se autoproclama democrática.
Republicanismo colaboracionista
Las objeciones que plantean tanto los defensores del "republicanismo" de Cambiemos, como los que consideran errónea la crítica desde el ángulo de la continuidad con la dictadura, se fundan en cierta razón porque es la primera vez que una coalición derechista abiertamente reaccionaria llega al poder por la vía electoral y con apoyo social. Antes, estos sectores llegaban al poder de la mano de los militares, mediante golpes de estado represivos que llevaban a cabo programas de ataque y disciplinamiento del movimiento obrero.
La última dictadura militar en particular, significó el encumbramiento de los grandes grupos económicos que aún hoy mandan en el país burgués. Sumémosle la integración al macrismo de la UCR, un partido abiertamente colaboracionista de los genocidas.
Así, desde el punto de vista de las fracciones sociales del capital, Cambiemos representa directamente a parte de estos grupos. La alianza entre oligarcas de rancia estirpe representado en los ilustres apellidos que integran el gabinete como Bullrich Ocampo Alvear, Bullrich Luro Pueyrredon, Aranguren, Peña Braun Menendez e incluso el propio presidente quien es por parte materna Blanco Villegas. Completan esta alianza social banqueros saqueadores y fugadores de capitales, empresarios de la Cámara de la Construcción, del cual SOCMA es uno de sus emblemas, que supieron enriquecerse con los militares como parte de la “patria contratista” y los Ceo’s de las grandes compañías, que dan cuenta de la continuidad de clases dominantes tanto en dictadura como en democracia, que como certeramente denunciara Lenin es la envoltura fraudulenta de la dictadura del capital.
Fracaso progresista
Como recurrentemente sucede en la historia argentina, el fracaso de gobiernos “progresistas”, su intento de administrar sin damnificar los privilegios centrales de la clase capitalista, su tibieza al momento del enfrentamiento o su intento de hacerlo apoyado en otro bloque capitalista, los lleva siempre a descargar las crisis sobre las espaldas de los trabajadores y el pueblo pobre, que, decepcionados, tuercen su apoyo y dan vía libre a los sectores más conservadores y reaccionarios que se hacen con el poder.
El kirchnerismo no escapa a esta lógica del fracaso de los experimentos del "progresismo" criollo. Naufragó cuando agotado el boom de las commodities y fracasada la política de subsidios a los capitalistas, que fugaban los dineros aportados por el tesoro nacional, comenzaron a descargar la crisis sobre la espalda de los trabajadores a quienes se les cobraba un impuesto al salario y se le aplicaba una devaluación a fines del 2014 que afectó fuertemente los ingresos de los trabajadores y los sectores populares. Sumemosle el hecho de que el kirchnerismo vació su propio relato cuando encumbro a un participe del genocidio como Cesar Milani al frente de las FFAA y lo defendió a capa y espada.
Por último, CFK se propuso frenar a Macri con un candidato parido del mismo riñón menemista que el candidato derechista, que levantaba la promesa de un ajuste “bueno” como alternativa al ajuste “malo” de Cambiemos. Todos estos factores permitieron la victoria amarilla.
Restauración conservadora
Cambiemos que representa a los sectores capitalistas más concentrados, la mayoría de los cuales fue cómplice y beneficiaria del genocidio, es una fuerza que llegó al poder mediante los mecanismos democráticos a los que se apega formalmente. Pero las raíces de la coalición de los globitos de colores hay que rastrearla también en los ’90. En ese entonces, bajo el gobierno peronista de Carlos Menem, la burguesía logro la derrota de los trabajadores estatales y la marea de privatizaciones que profundizaron la entrega del país al imperialismo. Se vivo además el quiebre de las conquistas históricas del movimiento obrero. Bajo la insignia del neoliberalismo el "populismo" peronista fue el instrumento que la clase social que se encumbro en la dictadura genocida, encontró para llevar hasta el final el programa que había trazado José Alfredo Martinez de Hoz en los tiempos de Jorge Rafael Videla.
Desde entonces, en base a la derrota previa de la dictadura y de Malvinas y a las conquistas capitalistas de los ’90, logró hacer pie en una parte de las clases medias acomodadas los principios del individualismo económico y el egoísmo social que constituyen el puntal ideológico de la nueva derecha empresaria que gobierna con Cambiemos.
Un Gobierno reaccionario
El discurso de Cambiemos es vacío ideológicamente ya que expresa a una clase de empresarios embrutecidos empachados por el éxito y la sed de ganancias. Para ellos la actual relación de fuerzas que garantiza su dominio sobre los trabajadores y el pueblo pobre, constituyen parte de la naturaleza de las cosas y es inmodificable. Se regodean a si mismos pensando que la comunidad entre gobierno y dominio social es la expresión perfecta de la gobernanza.
Carentes de pensamiento profundo, los parámetros más ideologizados de esta nueva derecha, son dictados por un gorilismo recalcitrante mezcla de radicales conservadores, mitristas rabiosos y transnochados del genocidio que señalan en el “populismo” el cáncer de la Argentina.
Rechazan una política de contención de la lucha de clases mediante la utilización de los recursos del Estado burgués, porque limita la ganancia capitalista y el despotismo empresarial sobre los trabajadores. El programa económico de la derecha empresarial se inspira en cierto sentido en el Plan Prebisch, que consideraba que el empuje del país solo puede ser concebido con el impulso sin regulaciones de la renta sojera y ganadera y el endeudamiento externo.
Cambiemos se plantea como un avance sobre los derechos que el movimiento obrero logró recuperar en base a su lucha en la última década y lograr la desorganización de la clase trabajadora. Así buscan restaurar el imperio de la ley y las instituciones, contra cualquier tipo de regulación estatal sobre las empresas y contra cualquier idea de conciliación de clases.
Evidentemente Cambiemos es un Gobierno abiertamente reaccionario que retoma del ideario mitrista la idea de una democracia civilizada opuesta a una democracia semibárbara que identifica en las conquistas democráticas arrancadas por la movilización popular a las instituciones de dominio de la burguesía. Copian el lenguaje y el estilo de la Revolución Libertadora de Aramburu y Rojas.
Independencia de clase
Evidentemente para enfrentar a un Gobierno reaccionario y cada vez más represivo en función de avanzar con sus planes de ajuste y sus reformas antiobreras y antipopulares, no se puede recurrir a la defensa de un “populismo” peronista que nuevamente mostró su incapacidad para cerrarle el paso a la derecha y combatirla.
Para el Frente de Izquierda no se trata de ponerle límites al macrismo sino de derrotarlo. No se trata de cambiar las órdenes que guían a las fuerzas represivas, como sostuvo en su relanzamiento CFK en La Plata, sino de desmantelarlas. No se trata de optar por la democracia semibárbara y la conciliación de clases del bonapartismo peronista, sino de luchar por la alianza de la clase trabajadora y el pueblo pobre contra todo un orden social que en manos de una camarilla capitalista o de otra gobierna en función de los intereses de empresarios, banqueros y terratenientes.

Facundo Aguirre
Militante del PTS, colaborador de La Izquierda Diario. Co-autor junto a Ruth Werner de Insurgencia obrera en Argentina 1969/1976 sobre el proceso de lucha de clases y política de la clase obrera en el período setentista. Autor de numerosos artículos y polémicas sobre la revolución cubana, el guevarismo, el peronismo y otros tantos temas políticos e históricos.