lid bot

EN MEDIO DE LA CRISIS. Cambiemos largó la campaña: fuerte apuesta a la agenda de mano dura y criminalización

En apenas un mes el Gobierno anunció un nuevo protocolo para la Policía que habilita el gatillo fácil, ordenó la compra de pistolas Taser, anunció que insistirá con bajar la edad de imputabilidad y busca deportar a más de mil extranjeros. Sin posibilidad de hablar de economía, Bullrich se mira en el espejo de Bolsonaro y aumenta la criminalización.

Juan Manuel Astiazarán

Juan Manuel Astiazarán @juanmastiazaran

Lunes 7 de enero de 2019 14:14

Con sólo un breve repaso de los anuncios realizados en el último mes por el Gobierno en materia de seguridad, la apuesta a la agenda de mano dura para la campaña electoral resulta una obviedad.

El 3 de diciembre, el Ministerio de Seguridad oficializó el protocolo de uso de armas de fuego para la Policía que habilita a disparar por la espalda incluso contra personas que huyen y sin dar la voz de alto, legalizando el “gatillo fácil”.

El 3 de enero, Patricia Bullrich consiguió el aval de Macri y el Gobierno anunció la compra de 300 pistolas Taser. El nuevo chiche de Pato tendrá un costo de $ 117 millones, a pesar de haber sido declaradas como “armas de tortura” por la ONU. En simultáneo, la ministra lanzó el “Programa Restituir”, por medio del cual pretende volver a poner en funciones a policías y miembros de las fuerzas destituidos por haber asesinado o cometido delitos graves.

El 6 de enero se conoció que el Gobierno pretende bajar la edad de imputabilidad a 15 años y que enviarán un proyecto al Congreso para que se discuta en sesiones extraordinarias durante febrero. Un día después, en declaraciones a Radio Mitre, Bullrich afirmó que impulsa la creación de un fuero migratorio y que cuenta con un listado de más de mil extranjeros que buscará deportar.

La ecuación es sencilla: todos los indicadores aseguran que la economía seguirá dando malas noticias, por lo que el oficialismo apunta sus cañones a fortalecer la agenda de seguridad y represión.

Con el viento de cola que dejó la asunción de Jair Bolsonaro en Brasil y con el peligro de que la crisis económica atente contra sus chances electorales, Cambiemos apuesta a la derechización de la campaña y a la figura de Bullrich, a quien muchas encuestas señalan como la ministra con mejor imagen de un Gobierno debilitado. Incluso, algunos sectores dentro de Cambiemos la ubican como una posible candidata a la vicepresidencia.

La derechización del discurso oficial ha encontrado eco en varios representantes del peronismo, en todas sus alas. Miguel Ángel Pichetto fue el primero en la cruzada antiinmigrante y en respaldar el protocolo de Bullrich. El exsecretario de Seguridad kirchnerista, Sergio Berni, no sólo acompañó el discurso xenófobo en un primer momento sino que en estos últimos días se declaró como “defensor a ultranza del uso de las pistolas Taser” y pidió que cada efectivo tenga la suya. “300 pistolas es un chiste. Ojalá que esto no sea nuevamente otro discurso demagógico sino que se implemente”, aseguró. Por su parte, Daniel Scioli, Graciela Camaño y Pablo Kosiner criticaron “la demora del gobierno para avanzar en la discusión de Régimen Penal Juvenil” aunque evitaron referirse a la edad de imputabilidad.

Te puede interesar: Sergio Berni: “Soy un defensor a ultranza del uso de las pistolas Taser”

Falsas promesas

El agitado slogan de campaña que prometía “pobreza cero” parece archivado en el arcón de los recuerdos.

A mediados de diciembre la UCA informó que la pobreza llegó a un nivel récord desde 2010 alcanzando el 33,6 % en todo el país, mientras un millón y medio de niños y niñas pasan hambre en Argentina. Uno de cada cuatro jóvenes en Argentina está desocupado, la inflación fue la más alta desde 1991 cerrando por encima del 47 % y los tarifazos no dan tregua al castigado bolsillo de la mayor parte de la población.

Por ese mismo motivo Macri evita todo tipo de pronósticos, los desdoblamientos de elecciones en las provincias avanzan a paso firme y la agenda de mano dura copa el discurso oficial. El gobierno lanzó su campaña y se mira en el espejo de Bolsonaro mientras se plantea dos objetivos. Por un lado, demonizar a quienes se opongan y sacar un rédito en la difícil carrera electoral que le espera hasta octubre. Por el otro, reforzar la represión y la criminalización de la pobreza y de la protesta, en medio de una crisis que se seguirá agravando cada vez más.