La escritora cordobesa participó el 18 de octubre en el panel " Las malas lenguas" que se realizó en el festival literario. Habló de la traducción de su novela y de cómo las luchas de la comunidad travesti ocupan un lugar importante en su obra.

Liliana Vera Ibáñez Redacción LID @liluzlisam / IG: @Pisotomia
Lunes 19 de octubre de 2020 13:03
#FilbaOnline2020 - Panel. Las malas lenguas - YouTube
En el marco de un panel denominado " Las malas lenguas", Camila Sosa Villada, autora de la novela Las malas, dialogó con su traductora alemana Svenja Becker para develar el misterio de la traducción de algunos pasajes del libro. Algunos de los ejes de la charla giraron en torno a cómo hace un traductor para conservar la jerga, el lenguaje íntimo de los personajes tan propios de la cultura nacional.
"Mi mayor preocupación ante la traducción es que se hable en masculino de las travestis, mí única preocupación es que eso no suceda" dice Camila. Es que las diferencias culturales entre nuestro país y alemania, donde será pronto publicada la novela, se expresan en la lengua.
"Me importa la reivindicación de la palabra travesti es también la palabra con la que nos insultaban en las calles. Esto lo decimos con orgullo, somos travestis" agrega " en Europa las travestis no estamos representadas por ningún término".
Camila mencionó la recepción que la historia tuvo en México y en otros países de Latinoamérica: "Las malas retrata a la sociedad mirando a un grupo de travestis, no es solo lo que sucede a ese grupo sino de todo el mundo alrededor relacionándose con ellas".
La escritora subraya la importancia de cómo son miradas las travestis en la sociedad, con su carga de discriminación y aceptación a la vez. La particularidad de la recepción de la historia en México, cuna del realismo mágico, se basó en la simpatía por los personajes alados, lo mágico de algunas historias secundarias que por momentos pasan a ser protagonistas.
Contando porque Las Malas lleva ese nombre, la escritora cordobesa relata: " Recuerdo cuando fui a la primera pensión en Cordoba tuve que demostrar que no era mala, porque nos veían como "peligrosas" a las chicas travestis"..
La charla, que se llevó a cabo en la segunda jornada de FilbaOnline2020, se dió entre Camila Sosa Villada, la traductora Svenja Becker y fue moderada por Paola Lucantis.
El festival literario continuará hasta el 24 de octubre bajo un despliegue de distintas lenguas y diferentes lenguajes. Habrá unos cien autores argentinos y una importante delegación de invitados internacionales, como Siri Hustvedt, Sharon Olds, Nic Pizzolatto y Vivian Gornick.
Toda la programación e inscripciones estará publicada en filba.org.ar, y podrá verse a través del canal del festival gratis.
Camila Sosa Villada, nació en La Falda, Córdoba, en 1982. Estudió cuatro años de Comunicación Social y otros cuatro de la licenciatura de Teatro en la Universidad Nacional de Córdoba. En 2009 estrenó su primer espectáculo unipersonal, Carnes tolendas, retrato escénico de un travesti. Protagonizó la película Mía, de Javier van de Couter; actuó en la miniserie La viuda de Rafael e hizo en teatro El bello indiferente, de Jean Cocteau, entre otros trabajos como actriz. Ha publicado La novia de Sandro y El viaje inútil (DocumentA/Escénicas), Tesis sobre una domesticación (Biblioteca Soy de Página 12, 2019) y Las malas (Tusquets, 2019) que es Finalista del Premio Fundación Medifé Filba.
Recientemente acaba de publicar una nueva edición de La novia de Sandro. Dice de sí misma: "Entendí que para ser escritora, debía salir al mundo a vivir una vida que pudiera contar y creo que me ha salido bien".
Svenja Becker nació en 1967 en un pequeño pueblo de la Alemania rural. Entre los autores que traduce se encuentran Isabel Allende, Milena Busquets, Juan Carlos Onetti y Augusto Monterroso. Recientemente ha traducido la novela Las malas de Camila Sosa Villada.
Las Malas
La primera novela de Camila Sosa Villada, Las Malas (Ed. Tusquets), comienza con el retrato en movimiento, donde un grupo de travestis absolutamente “pro vida” (en el certero sentido de esa construcción vapuleada por el marketing reaccionario) encuentra tirado a un niño recién nacido en el mismo paisaje del basural donde ellas se ganan o se pierden la vida. El relato no para de crecer, deslumbrante y vertiginoso, y deja oír las voces de una familia trava que se mueve alrededor de este pequeño. Comienza así:
"Es profunda la noche: hiela sobre el Parque. Árboles muy antiguos, que acaban de perder sus hojas, parecen suplicar al cielo algo indescifrable pero vital para la vegetación. Un grupo de travestis hace su ronda. Van amparadas por la arboleda. Parecen parte de un mismo organismo, células de un mismo animal. Se mueven así, como si fueran manada. Los clientes pasan en sus automóviles, disminuyen la velocidad al ver al grupo y, de entre todas las travestis, eligen a una que llaman con un gesto. La elegida acude al llamado. Así es noche tras noche.
El Parque Sarmiento se encuentra en el corazón de la ciudad. Un gran pulmón verde, con un zoológico y un Parque de diversiones. Por las noches se torna salvaje. Las travestis esperan bajo las ramas o delante de los automóviles, pasean su hechizo por la boca del lobo, frente a la estatua del Dante, la histórica estatua que da nombre a esa avenida. Las travestis trepan cada noche desde ese infierno del que nadie escribe, para devolver la primavera al mundo. (...)
Pero La Tía Encarna persigue algo así como un sonido o un perfume. Nunca es posible saberlo cuando se la ve ir detrás de algo. Paulatinamente, eso que la ha convocado se revela: es el llanto de un bebé. La Tía Encarna tantea en el aire con los zapatos en la mano, enterrándose en la inclemencia del terreno para verlo con sus propios ojos.
Mucha hambre y mucha sed. Eso se siente en el clamor del bebé y es la causa de la tribulación de La Tía Encarna, que se adentra en el bosque con desesperación porque sabe que en algún lugar hay un niño que sufre. Y en el Parque es invierno y la helada es tan fuerte que congela las lágrimas.
Encarna se acerca a las canaletas donde se esconden las putas cuando ven acercarse las luces de la policía y por fin lo encuentra. Unas ramas espinosas cubren al niño. Llora con desesperación, el Parque parece llorar con él. La Tía Encarna se pone muy nerviosa, todo el terror del mundo se le prende a la garganta en ese momento.
El niño está envuelto en una campera de adulto, una campera inflable verde. Parece una lora con la cabeza calva. Cuando intenta sacarlo de su tumba de ramas se clava espinas en las manos y las pinchaduras comienzan a sangrar, tiñen las mangas de su blusa. Parece una partera metiendo las manos dentro de la yegua para extraer al potrillo. No siente dolor, no repara en los cortes que le hacen esas espinas. Continúa apartando ramas y finalmente rescata al niño que aúlla en la noche. Está cagado entero, el olor es insoportable. Entre las arcadas y la sangre, La Tía Encarna lo sujeta contra el pecho y comienza a llamar a los gritos a sus amigas. Sus gritos deben viajar hasta el otro lado de la avenida. Es difícil que la escuchen.