Maxi es un trabajador desocupado del sur de la Ciudad de Buenos Aires. Junto a su familia abrió su casa para la campaña electoral del Frente de Izquierda. Un recorrido por una historia como la de miles.

Ivana Otero Docente de Nivel Primario.
Domingo 23 de julio de 2017 21:01
Maxi tiene 40 años y está desocupado hace más de seis meses. Las fotos en su habitación muestran el casamiento con Patricia, estudiante del profesorado de Historia, con quien comparte cinco hijos. Fue el primero de la familia para anotarse como colaborador de la campaña del Frente de Izquierda, pero rápidamente sumó al resto. “Veo que es la única fuerza opositora, de los trabajadores, la que está donde tiene que estar”, dice.
El sábado estuvo nuevamente en el centro comercial de Riestra y Murguiondo, junto a otros militantes, para charlar con “la gente que está viendo lo que pasa, lo de PepsiCo por ejemplo, familias que se quedan en la calle”.
Mientras en la casa su compañera, entre mate y mate, iniciaba un mural artístico sobre “la pared de María”, como dice una vecina al pasar refiriéndose a la abuela de la familia. Pasado el mediodía ya estarían compartiendo juntos la otra parte de la jornada.
“Queremos que el mural de Myriam Bregman, en la puerta de nuestra casa sirva para que la gente del barrio sepa que la bancamos familias y nos toque la puerta para conocer las ideas”, dice Maxi mientras preparaba la parrilla.
El fuego empezaba a hacerse y decena de chicos corrían esperando su hamburguesa. El más grande, Lautaro de quince años, está en el secundario y se postuló como delegado. Sin conocer al joven militante que pasó a saludar se apura para acompañarlo a una agitación en el Parque de las Victorias. Será su primera experiencia como colaborador.
Candela, de once años, en cambio, ya acompaña a Maxi cada vez que salen a hacer el “puerta a puerta” por el barrio.
Salen los choripanes y se abre el intercambio de opiniones entre todos que olvida el aplauso para el asador. Dicen que la política divide a las familias, aquí la reúne y la potencia. “Estaría bueno que se abran muchas casas más y que lleguen las ideas de izquierda a cada vez más familias”, remata.