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Panorama económico. Campaña electoral en marcha, ¿se termina el ajuste del Gobierno?

Se espera una suba del gasto de cara a las elecciones, pero ¿se revierte el recorte del primer semestre? ¿Mejorarán sustancialmente las condiciones de vida de las mayorías? Guzmán es el encargado del coaching oficial para que los candidatos oficiales nieguen el ajuste. Lo que no se recupera son los salarios.

Mónica Arancibia

Mónica Arancibia @monidi12

Viernes 30 de julio de 2021 20:46

Foto: Télam.

Se lanzó la campaña electoral y como se vio en la presentación de los candidatos oficiales, el Gobierno se jugará a responsabilizar a la pandemia y al macrismo por el empeoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores y los sectores populares como si sus decisiones políticas no hubiesen tenido nada que ver.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, está a cargo del coaching económico, así ya se reunió con Victoria Tolosa Paz, candidata a diputada nacional del Frente de Todos. El funcionario también hará recorridos por provincias y municipios. "No hubo ajuste, hubo menos déficit porque se recaudó más y mejor por la reapertura de muchos sectores. Nuestra política es de gasto expansivo para incentivar la reactivación económica", es lo que plantea el ministro que hay que enfatizar en la campaña, según publicó el DiarioAr. Pero como ya señalamos en este medio, si bien los ingresos mejoraron y hubo más recaudación, como dice Guzmán, también hubo un fuerte ajuste explicado por la caída en términos reales de las jubilaciones y salarios de trabajadores públicos, y programas sociales. Esto es lo que ahora buscan esconder bajo la alfombra después de haber prometido una recomposición para jubilados y trabajadores tras el desastre macrista.

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Salarios en descenso

Otro tema que cruzará la campaña es la inflación, uno de los problemas que el Gobierno pretende domar con poco éxito hace meses. La consecuencia es el deterioro de los ingresos. El Indec publicó este viernes el Índice de salarios de mayo, los salarios subieron 2,8 % en relación al mes anterior frente a una inflación que alcanzó 3,3 %. Los salarios de los trabajadores privados registrados aumentaron 3,5 %, de los trabajadores públicos fue del 2,9 % y de los no registrados la suba fue de solo un 0,9 %.

En el acumulado hasta el quinto mes del año la inflación (21,5 %) superó la suba que exhiben las remuneraciones del empleo público (19,5 %) y del empleo informal (12,5 %). Solo los salarios de los trabajadores del sector privado formal mostraron apenas una mejora mayor a la inflación (23,3 %).

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Pero en la comparación con el mismo mes del 2020, es decir mayo de 2021 versus mayo de 2020, todos los sectores pierden contra la suba de precios. La caída del poder de compra en dicho período para los trabajadores privados registrados fue del 3,8 %, para los trabajadores públicos fue del 8,5 % y para los no registrados 5,7 %. Para el total de trabajadores (registrados y no registrados) el descenso fue de 5,5 %. La recomposición del salario prometida por Fernández no llegó.

Cumplir con el déficit que le gusta al Fondo

El Gobierno decidió ampliar el gasto de cara a la campaña electoral como con el anuncio del bono a los jubilados. En el Presupuesto 2021 Guzmán proyectó un déficit fiscal primario (gastos mayores a los ingresos sin intereses de la deuda) de un 4,2 % del PBI. Esta pauta ya implicaba una caída con respecto al déficit fiscal primario del 2020 que alcanzó el 6,5 % del PBI.

En el primer semestre del año el ministro cumplió con el sueño de Cavallo, y el déficit primario fue del 0,5 % del PBI. Es decir, llegó al déficit cero, por esto lo felicitó el exministro. Esto se logró eliminando el IFE, y con salarios públicos y jubilaciones de miseria.

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Un informe de Iaraf señala que la baja inflación que proyectó Guzmán en el Presupuesto de este año implica entre otras cosas que habrá un PIB nominal presupuestado de menor magnitud que el que se calcula actualmente. Es decir, que cumplir con la meta del déficit primario del 4,2 % de un PIB más alto implica un déficit nominal en pesos más alto. Así, el Gobierno tiene margen para aumentar el gasto y a la vez cumplir con la pauta de un menor déficit como le gusta al FMI.

Iaraf proyectó tres escenarios posibles de un mayor gasto para el segundo semestre. El escenario de base es que el Gobierno continúe de julio a diciembre con el mismo ritmo de los primeros seis meses del año. De ser así, el déficit primario sería del 2,4 % del PIB este año. Implicaría un poco menos de la mitad de lo presupuestado.

En el escenario I se proyecta que el déficit primario cierre con 3 % del PIB, con esta suba igual el gasto anual seguiría resultando un 2 % real más bajo respecto al valor de 2020. En comparación con el escenario de base, el gasto primario podría ser $ 240.000 millones más alto en los meses de julio a diciembre. Para ejemplificar cuánto es esta suma, se podría decir que equivale a un IFE para 8 millones de personas por $ 30.000, o un bono de $ 40.000 para 6 millones de jubilados.

En el escenario II, si el año cierra con una meta de déficit primario del 3,6 % del PIB, el gasto anual no crecería en términos reales con respecto al 2020 (crecimiento real del 0 %). En este escenario el gasto primario podría ser de $ 480.00 millones más en el segundo semestre que la proyección del escenario base. Un monto que equivale a dos rondas de IFE para 8 millones de personas por $ 30.000, o bonos de $ 40.000 para 6 millones de jubilados por dos meses.

Finalmente, en el último escenario que proyecta Iaraf, se estima que se cumple con la meta de déficit presupuestado del 4,2 % del producto. De ser así, el Gobierno tiene un “margen” de aumento del gasto primario en la segunda mitad del año de $ 720.000 millones con respecto al escenario de base. Una suma que equivale a tres rondas de IFE para 8 millones de personas por $ 30.000, o tres bonos de $ 40.000 para 6 millones de jubilados. El informe señala que “este es el único escenario en el que el nivel de gasto anual en 2021 quedaría un 3 % en moneda constante por encima del gasto primario nacional de 2020”.

Como hacen la mayoría de los gobiernos frente a las elecciones, Fernández podría conceder algunas medidas que alivien el golpe al bolsillo que sufren los trabajadores y los sectores populares, incluso cumpliendo su pauta de ajuste del presupuesto. Pero serían medidas temporales porque no está en los planes oficiales una recomposición del poder de compra de jubilaciones y salarios para recuperar todo lo que se perdió en estos años como se vio desde que asumió Fernández. Así como tampoco es su prioridad resolver de fondo los problemas de vivienda, pobreza o desempleo.

Lo que queda después de las elecciones es un nuevo acuerdo con el FMI que significará al menos una década de sometimiento a sus exigencias. Cristina Fernández ya anticipó que los Derechos Especiales de Giro (DEG), que son recursos que va a enviar el Fondo a los países miembros no se utilizarán para hacer frente a los efectos de la pandemia (como sugiere el Fondo) sino que se destinarán para pagar deuda con el organismo. En el tacho de la basura quedó el proyecto que aprobó el Senado que le solicitaba a Guzmán que esos recursos se destinen a la emergencia sanitaria y no para la deuda.

La deuda no puede ser la prioridad donde el esquema sea juntar dólares como sea para seguir pagando. Por eso como plantea el Frente de Izquierda Unidad en esta campaña electoral es necesario el desconocimiento soberano de la deuda.

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Mónica Arancibia

Nacida en Bs. As. en 1984. Es economista. Miembro del Partido de los Trabajadores Socialistas. Coedita la sección de Economía de La Izquierda Diario.

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